viernes, 24 de junio de 2011

LA FOTO DE KRIS POSITIVA ACCELERADA.

Esta pintada se ha encontrado en Barcelona  en los días álgidos de los mal llamados indignados mientras se espera que la revolución empiece en Grecia o en Puno.

lunes, 20 de junio de 2011

El Chino Valera Mora según Harold Alvarado Tenorio.

Felices en la blogósfera encontramos este artículo de Harold Alvarado Tenorio sobre Víctor Valera Mora. El gran venezolano había sido publicado en  Barcelona por Editorial Auqui hoy vinculada a esta Laguna Brechtiana, el año santo de 1990. El libro -poema se llama DESCUBRIMIENTO Y CAÍDA DE EUROPA.

El Chino Valera Mora
Víctor Valera Mora (foto de Vasco Szinétar)
Hace setenta años, este 20 de septiembre, vino al mundo Víctor Valera Mora (1935-1984), uno de los más singulares poetas venezolanos y uno de los más desenfadados que haya producido la lengua. Mejor conocido como El Chino Valera Mora, su obra, poco celebrada fuera de su país, es no obstante una de las referencias más reveladoras de los rumbos que tomó la poesía, escrita en español, durante los furiosos años sesentas, cuando en la península toda renovación poética parecía venir de la mano de la frivolidad y un aparente neoculteranismo, y en América sucumbieron tanto las fórmulas meramente agitacionales y de propaganda y aquellas que alienadas por los facilismos de la escritura automática, quisieron hacer pasar por liebre lo que apenas era gazapo. Valera Mora es el mejor exponente de ese período de esperanzas en la lucha contra las opresiones sociales y la búsqueda de nuevos sentidos para la vida, como quisieron los jóvenes que marcharon por las avenidas de las grandes ciudades aquel 1968, el año de la revolución. Su obra y su vida son, qué duda cabe, junto a las de Juan Gelman, Roque Dalton o Fayad Jamis, el paradigma de esa hora irrepetible. “De todos los poetas contestatarios”, escribió Manuel Bermúdez, “ha sido Víctor Valera Mora el que ha nutrido más a la Revolución con su palabra, sin cobrarle un centavo, ni mucho menos vivir a costa de ella”.
Víctor Varela Mora nació en Valera, aldea de luz y calina, cometas y montañas. Sabemos que su padre fue un obrero que murió de tuberculosis y su madre una campesina y que estudió el bachillerato en un municipio de los llanos de Guárico, San Juan de los Morros, donde conoció a otros poetas de las pampas como Ángel Eduardo Acevedo o Argenis Rodríguez con quienes aprendería a entender la poesía como canto y cuento, así quería Antonio Machado, mientras escuchaba a los improvisadores y leía, en trances iluminatorios, la poesía china.
De los llanos fue a Caracas para estudiar en la Universidad Central, sociología. Miembro del Partido Comunista fue puesto en prisión durante las manifestaciones contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1953-1958) a finales de 1957. Venezuela vive entonces una época (1959-1964) de levantamientos militares y de estudiantes y políticos contra el régimen de Rómulo Betancourt, quien toma partido por el gobierno norteamericano frente a las novedades y expectativas del recién inaugurado castrismo cubano. Junto a Luis Camilo Guevara, Mario Abreu, Pepe Barroeta y Caupolicán Ovalles, el “Chino” despliega una enorme actividad cultural y crea la mítica Pandilla de Lautréamont, en aquella Sabana Grande que albergaba en sus templos etílicos Halászo Macska, Nerone, Viñedo, Veccio o La Bajada, entre salsa y rock & roll, a un puñado de ilusos, pertenecientes a una imaginaria República del Este que sería derrotada por los ríos de un petróleo corruptor y perverso.
La canción del soldado justo (1961), su primer libro, es un vademécum y proclama de las esperanzas y los sueños revolucionarios de la hora. Y la cosecha de haber leído en Vladimir Maiakovsky, Jacques Prévert, Nazim Himet, Walt Whitman, Pablo Neruda o Dylan Thomas. Es la lucha de clases la que nos salvará de las garras de los grandes monopolios, pero ya es evidente que el tono de su canto no será panfletario sino lírico, una suerte de soliloquio o dialogo con un consigo mismo que, haciendo que nuestras conciencias rueden ante los otros mediante anacolutos, elipsis y roturas sintácticas, es nosotros. A la derrota de los poderes iremos, como será en toda su obra, de la mano del amor. Un amor que se expresa haciendo del yo del cantor la imagen misma de la historia, de la lucha contra la opresión y el desamparo, imaginando sus palabras como catapultas contra las acciones del régimen combatido, acusado por el poeta de llevar el país a la catástrofe.
La lucha de clases.
Los grandes monopolios imperialistas.
[...]
El policía del parque.
Los enamorados están en la posibilidad de iniciar el terrorismo.
El recuerdo desde la llanura,
caballo llorando sangre recomenzada.
Triste cuestión.
Este asunto de llevar una guitarra bajo el brazo.
La libertad de morirse de hambre doblemente.
(“Comienzo”, fragmento)
Cuando apareció su segundo libro, presentado por Salvador Garmendia y con ilustraciones de Carlos Contramaestre, Amanecí de bala (1971), diez años separaban los dos poemarios. Según contó el poeta a uno de sus amigos, un general de la Dirección de Inteligencia Militar habría dicho que el libro era más subversivo que los pocos focos guerrilleros que aún existían y que debían ponerle preso. Ante tal eventualidad, Valera Mora se fue a Roma con una beca que le consiguieron algunos amigos y el rector de una universidad andina. En la ciudad eterna escribiría sus 70 poemas estalinistas, por el cual recibió un premio en 1980.
Ungido ya para entonces III Conde de Lautréamont por sus pares, todo el libro es una variante esplendente de las maledicencias de Isidoro Luciano Duchasse, precursor del surrealismo, y como Maldoror, su héroe, con un lenguaje impactante, cruzado de imágenes delirantes, blasfemas, eróticas y evidentemente terroristas denunciará las extensas maquinaciones del imperialismo yanqui, los gobiernos locales, la burguesía, la iglesia, la cultura oficial, los académicos, los recién inaugurados burócratas de la fracasada revolución y a todos les va asignando una parte de la venganza que la poesía obrará en ellos, dejando para la gloria y los cielos de este mundo a sus amigos, a las mujeres amadas, los poetas malditos y marginados, los guerrilleros y los extremistas. Narrativo a veces, chistoso, coloquial, irónico, irreverente, Valera Mora supera con Amanecí de bala a mucha de la poesía de agitación y propaganda de esos años, ofreciendo al lector un libro que es al tiempo protesta política, propuesta revolucionaria, sátira y burla de una realidad y también un intertextual homenaje al amor por las mujeres. Una poesía que desde el cuerpo mismo del poeta, desde su carne y su sangre, defiende lo único valedero de esta vida: la cultura como contraparte de las sociedades de consumo, las aplastantes ofertas del capitalismo triunfante. Valera Mora habla por y para los condenados de la tierra, para las bacantes y los sobrios, las putas y las bienaventuradas, los letrados y las proletarias, los precisos y los imprecisos, los idos y las prudentes, los reales y las abstrusas. Un alucinado cronista de su tiempo que dejaba tras su paso el testimonio de las tragedias y esperanzas humanas mediante un eterno grito que fuese oído por todo el mundo y en todas partes, porque la poesía era su única forma de acercase a los otros, los suyos mismos, continuando una tradición de los poetas desafiantes e indignados, que en el fondo de sus almas sólo tenían amor y ternura.
Durante los años que pasó en Roma compuso, mientras deambulaba por el Trastevere bebiendo vino y conversando con viejos combatientes antifascistas o mirando, con la mente puesta en su país natal, las aguas del Aniene desde el balcón de su piso del Monte Sacro, los 70 poemas estalinistas, el último de sus libros publicado en vida del poeta. No eran ni setenta ni eran estalinistas. Se trató más bien de otro acto del incorregible. Entrando en los años ochentas, cuando el eurocomunismo daba sus últimas estocadas a los viejos partidos autoritarios y la memoria del defensor de la gran patria se veía teñida por los horrores del gulag y las denuncias de los disidentes y el glasnost y laperestroika anunciaban el fin del comunismo, publicar un libro con ese título y esos pretendidos homenajes, no dejaba de ser una ironía del poeta que había visto claudicar a casi todos sus amigos de la mano la corrupción de los gobiernos venezolanos. Porque sus poemas estalinistas son poemas de amor, viajes, lugares, bebidas, comidas, noches romanas, partidas de balompié entre el Lazio y el Roma. Y mujeres, muchas mujeres: Luisa, Cándida, Laura, Mercedes, Yira, Luz, Esperanza, Carmen, Lorena, Leticia, Marylin, Aura, Zeky y ante todo —como lo ha recordado Gabriel Jiménez Emán—, Clary Brian, una morenaza de Ohio que se enamoró del poeta mientras jugaban al tenis y cuando fornicaban le llamaba “my little crazy”.
¿Cómo camina una mujer que recién ha hecho el amor?
¿En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor?
¿Cómo ve el rostro de los demás y los demás cómo ven el rostro de ella?
¿De qué color es la piel de una mujer que recién ha hecho el amor?
¿De qué modo se sienta una mujer que recién ha hecho el amor?
Saludará a sus amistades
Pensará que en otros países está nevando
Encenderá y consumirá un cigarrillo
Desnuda, en el baño dará vuelta a la llave
del agua fría o del agua caliente
Dará vuelta a las dos a la vez
¿Cómo se arrodilla una mujer que recién ha hecho el amor?
Soñará que la felicidad es un viaje por barco
Regresará a la niñez o más allá de la niñez
Cruzará ríos, montañas, llanuras, noches domésticas
Dormirá con el sol sobre los ojos
Amanecerá triste, alegre, vertiginosa
Bello cuerpo de mujer
que no fue dócil ni amable ni sabio.
(“Oficio puro”)
Como los poetas que tanto amó, Valera Mora fue un declarado enemigo de la pacatería, las morales convencionales, los amigos del dinero público y de todos aquellos que venden su conciencia mientras se cambian de ropa interior.
Harold Alvarado Tenorio.

viernes, 17 de junio de 2011

LEO TARIFEÑO: 10 CLAVES PARA ENTENDER EL PERIODISMO CULTURAL

JUEVES 16 DE JUNIO DE 2011


10 claves para entender el periodismo cultural


El mexicano Sergio González Rodríguez es periodista (autor de las notables crónicas-ensayo Huesos en el desierto y El hombre sin cabeza, ambos editados por Anagrama), novelista, crítico literario y consejero editorial de la revista cultural El Angel, del diarioReforma; Laura Revuelta dirige el suplemento ABC Cultural(ABC), Fietta Jarque está al mando de Babelia (El País), Blanca Berasategui es la máxima responsable de El Cultural (El Mundo) y María Luisa Blanco encabezó Letras de cambio (Cambio 16), ABC Cultural y Babelia. Hace tiempo, la revista digital fronterad reunió sus opiniones sobre el periodismo cultural, y aquí abajo extraigo aquellas que suscribo plenamente. Entre todas, arman un mapa bastante preciso de la actualidad del mundo en el que me desempeño: cambios en el eje, omnipotencia del mercado, impostura de los críticos, urgencia de un talante abierto y generoso que se imponga al snobismo (o “pedantería de las apariencias”) y haga de la cultura “un placer, y no un rasgo de distinción, de casta”, como bien subraya Revuelta. La lista de mis opiniones preferidas las domina González Rodríguez, y no es casualidad: así como sus maestros fueron Carlos Monsiváis y Fernando Benítez, yo tuve la suerte de que él lo fuera para mí durante el tiempo que coincidimos en la redacción de El Angel. Abajo, las ideas y posiciones de estos personajes clave en la prensa cultural de hoy. El link está disponible aquí.

“Un suplemento cultural puede ser muchas cosas, excepto una: un medio para ejercer el auto-servicio de quienes lo hacen. Hay que ofrecer un servicio a los demás” (Carlos Monsiváis, citado por Sergio González Rodríguez)

“Un buen suplemento tiene que vivir al día, y dejar atrás la idea de resonar sólo glorias pasadas por encima de la creatividad actual. Debe haber equidad entre presente y pasado. El antiguo suplemento que situaba el libro y la lectura como eje cultural ha dejado de tener vigencia ante las grandes transformaciones de los últimos tiempos, en especial, lo que se describe como sociedades de la información (internet, nuevas tecnología y plataformas)" (SGR)

“La función del crítico la ennoblecen el desinterés, la generosidad, el empeño de exactitud ante el registro de la obra ajena, el don del desprendimiento (...) Una crítica vale más que el elogio desmedido o interesado, ése que actúa bajo el principio de identificación: lo que me gusta a mí es lo que está bien. El crítico también debe ponderar aquello que no le gusta, y saber darle espacio. Aceptar y saber leer las diferencias. Por lo tanto, la crítica es mucho más que la práctica de un gusto íntimo donde los de casa presiden la mesa de los prestigios. Por ejemplo, ideas nefastas como 'fulano y zutano son lo máximo porque son la proyección de mis preferencias'. Uf” (SGR)

“Un crítico con ideas fijas (políticas o estéticas) es la negación de sí mismo y carece de credibilidad. Es dogma encarnado por mucho que presuma conocimientos, o pueda alardear con citas, alusiones y nombres de otros mediante los que busca ampararse de sus propias limitaciones. La crítica es mucho más que la emisión de juicios y pre-juicios: implica un desafío a sí misma y a quien la ejerce cada vez”(SGR)

“Los gafapasta * son una especie en extinción o, a lo mejor, estoy confundiendo mis deseos con la realidad. Creo que las nuevas generaciones rehúyen de la pedantería de las apariencias, delgafapasta o similares (...) Nosotros aspiramos a dirigirnos a losgafapasta (porque existir, existen) y a otros públicos más amplios que tienen auténtico interés por la cultura. Tenemos la muy modesta ambición de acercar la cultura, de tender la mano, de que no se la mire con miedo y distancia, precisamente, por la presencia de esos gafapasta que ahuyentan más que animan a hacer de la cultura un placer y no un rasgo de distinción, de casta” (Laura Revuelta)
*(Gafapasta en Frikipedia: “Dícese de toda aquella personaalternativa que pasea por la calle con tres periódicos bajo el brazo, con su suplemento cultural o una revista de crítica literaria en su defecto, ve cine francés siempre en versión original y es fan incondicional de Jean-Luc Godard”).

“En mi opinión, y más ahora con la inmediatez de la información en internet, lo esencial en un suplemento cultural es ser capaces de elaborar informaciones que proporcionen al lector las claves para comprender más profundamente las obras que se comentan. Y para eso debe haber conocimiento y pasión en quienes lo escriban” (Fietta Jarque)

“He tenido la suerte de conocer a algunos críticos independientes. Personas admirables que eran capaces de decir las verdades, a veces duras, sobre las obras de sus propios amigos. La ética siempre iba por delante de la amistad, las conveniencias empresariales y hasta su propia seguridad (recibían frecuentes amenazas). Rara avis. En general, la crítica se ejerce de manera tibia y prudente” (FJ)

“Tengo un concepto de la cultura un poco utilitaria: quiero que la cultura nos sea útil para gozar, para ser felices… Pongo siempre un ejemplo: es como si te instalas en una habitación, ¿la quieres con ventanas? Claro: quiero mirar, quiero ver. Cuantas más ventanas tengas para asomarte, para ver más el paisaje del arte, de los libros y disfrutar de ello, mejor. La cultura nos tiene que satisfacer y hacer que disfrutemos de las cosas” (Blanca Berasategui)

“Yo siempre he creído que los suplementos culturales eran necesarios y me parecía que contribuían a la difusión de la cultura, de la que andamos bastante necesitados. El problema es que ahora mismo yo creo que el imperio absoluto es el del mercado y todo se ha reducido o convertido a criterios mercantiles. Entonces la posibilidad de mostrar aquellas manifestaciones artísticas o aquellos elementos o libros o acontecimientos literarios ha quedado reducida a lo que interesa o no interesa en función de las exigencias del mercado. Por tanto, la producción genuina de los suplementos, que es mostrar eso que no es tan previsible, eso que no se ve porque no es noticia, ha quedado ya superada. Por lo tanto, en este momento no les veo demasiada función” (María Luisa Blanco)

“Los medios son poder, esto es indiscutible. Y a la mayoría de la crítica le importa más el espacio que ocupa en ese medio, porque es un espacio de poder, que la dignidad profesional a la hora de hacer esa crítica (...) Yo creo que hoy la crítica no es una crítica ejemplar. Que probablemente su actitud esté justificada, porque es una forma también de ganar un dinero, de mantenerse en ese medio cultural que le interesa… se pueden hacer todas las consideraciones que se quiera para entender una actitud. Pero la realidad es que es poco arriesgada la crítica hoy, que muy pocas veces ves una crítica a las grandes voces de la cultura. Una crítica despiadada la encuentras de escritores que están empezando o que no han ocupado ese espacio de poder. Yo no digo que la crítica tenga que ser negativa, pero debe dar cuenta de lo que ve” (MLB)

jueves, 16 de junio de 2011

CANCIÓN PARA ENRIQUE VILA-MATAS

Esta versión de Carmencita Lara
le cantábamos a Vila-Matas con Cristina Fernández Cubas y Paula Massot en el Bar de los peruanos en la calle Valencia cerca de Villarroel en Barcelona a fines de los setenta.
V.H.

sábado, 4 de junio de 2011

ERGO, ESTO ERA LO QUE QUERÍAMOS DECIR:

Libertella y los "malentendidos" de la 


literatura

Por Leonardo Tarifeño.

En el buenísimo blog de mi amigo peruano Vladimir Herrera encuentro una declaración de Héctor Libertella (buen amigo de Vladimir) con la que concuerdo plenamente. La cita está extraída de una entrevista que Alejandro Margulis le hizo al creador de¡Cavernícolas! en Buenos Aires, me hubiera encantado saber más de ese encuentro pero los datos ni siquiera están en el link original. Dice así:

“La literatura siempre ha sido un lugar excesivamente reaccionario, ritual, reglamentado. Siempre pretendió ser la dueña del sentido. La palabra siempre se entronizó como la que dice, la que interpreta, la que produce el mundo. Siempre se arrogó ese derecho frente a disciplinas más light, como la música o la pintura. Al lado de las variaciones de un dibujante o un saxofonista, el escritor siempre pasará como el sabelotodo, el culto. Es todo un gran chiste, por no decir un malentendido. Y la literatura, sabia, vieja zorra, siempre se alimenta de ese malentendido”

La idea es importante porque da en el corazón del que tal vez sea el mayor tabú del mundo literario: la falsa importancia que se dan muuuuuuchos escritores, la injustificada superioridad con la que observan -entre otras cosas - al resto de las artes y el patetismo de unas ínfulas que en definitiva no son más que ingenuidad ante las trampas de la literatura. A mi manera de ver, sólo aquel que entra al arte en puntas de pie puede creer que ahí adentro hay algo parecido a un pedestal; la literatura es mucho más esquiva, cabrona y traicionera de lo que parece, y creer, como bien apunta Libertella, que es la “dueña del sentido”, supone una candidez casi enternecedora. En no pocas ocasiones, grandes escritores han dicho que la literatura sirve para desconfiar de las apariencias del mundo y verlo en su verdadera dimensión; curioso que ese mismo impulso no les sirva para desconfiar de la propia literatura, la mayor fábrica de pedantes encerrados en sí mismos que conozco. El arte es sagrado y para estar a la altura hay que trabajar mucho, sospechar del dominio personal de la disciplina y tener los ojos bien abiertos. No me parece el caso de muchos de quienes más se arrogan el rol de “sabelotodo”, como bien apunta Libertella. Por suerte, me da la impresión de que la democratización en el consumo artístico y la mayor accesibilidad a las distintas disciplinas han hecho que los arrogantes hayan perdido buena parte de su credibilidad, siempre basada en el elitismo tribal y la admiración incondicional de un público sumiso. Empieza a cumplirse el sueño de la literatura: leer sirve para sospechar del mundo, y eso incluye a los propios escritores. La música, la pintura y otras artes no son menos ni “más light” que la literatura, y las grandes diferencias que hay en la manera de entenderlas, vivirlas y disfrutarlas nos enriquece como no lo hace, ni lo puede hacer, la literatura por sí misma. ¡Qué bueno que alguna vez alguien haya tenido el coraje de atentar contra aquello de lo que se aferran quienes se hacen pasar por artistas!
Leonardo Tarifeño.

domingo, 29 de mayo de 2011

"trist el que mai no ha perdut per amor una casa". Mauricio Electorat.

TRISTE  EL  QUE  NUNCA  HA  PERDIDO  POR AMOR  UNA  CASA.

foto de Joan Margarit

Esta bella frase es, en realidad, un verso y el título de una antología de Joan Margarit, uno de los mejores poetas catalanes actuales. Es una frase, pues, en catalán, y suena, desde luego, mucho mejor en su lengua original: "trist el que mai no ha perdut per amor una casa".  Dicho sea de paso, los chilenos, los sudamericanos en general, que hemos pasado años de nuestras vidas en Barcelona, acostumbramos a decir que el catalán es una lengua fea. Pero, ¿qué es una lengua fea? Una lengua de sonoridades poco agradables al oído, me imagino, con combinaciones fonéticas poco graciosas (conocí a más de alguna señora que explicaba que no aprendía catalán porque le tenía pavor a perder su italiano, como si comprender los versos de Aussias March o de Josep Carner en su lengua original pudiese mermar en algo la memoria del Dante o de Pavese). Si saco esta frase a colación no es para hablar del catalán, aunque... de alguna manera sí lo es, porque, en primer lugar, seamos serios: ¿puede una lengua ser fea?... Yo creo que no, yo creo que toda lengua es, o asegura, un prodigio, el de la comunicación entre los hombres y no me estoy poniendo milenarista, ni mesiánico, ni pre o post romántico, pero ¿no les parece a ustedes absolutamente prodigioso imaginar que en la misma lengua en que se escribió La Odisea se haya podido cocinar, enamorar, comprar y vender y dar y recibir órdenes, por ejemplo, durante las guerras tebanas o la famosa guerra de Troya, si es que alguna vez tuvo lugar?  No hay lengua fea, probablemente nosotros ―quienes nos negamos a aprender catalán, o turcomano, por miedo a perder nuestro italiano del Café Florian, o nuestro francés de Chez Lipp― seamos los feos. En segundo lugar, quienes afirman que la catalana es una lengua fea, lo más probable es que no hayan leído nunca poesía en catalán. "Escuchen", si no, este fragmento de Salvador Espriú: "El sol ha anat daurant /el llarg somni de l’aigua (el sol ha ido dorando/ el largo sueño del agua). Aquests ulls tan cansats / del qui arriba a la calma / han mirat, han comprés, /oblidaven. (estos ojos tan cansados/ del que arriba a la calma/ han mirado, han comprendido/ olvidaban)". "El sol ha ido dorando/ el largo sueño del agua"... está el Mediterráneo entero en este verso, me refiero a sus paisajes y a su manso océano de cultura y hay también como una especie de sorpresa del hombre que alcanza cierta paz y comprende, o "se" comprende...
Triste el que no ha perdido por amor una casa... Traía esa frase a colación a propósito del catalán, sí, o mejor, de la poesía en catalán, de la líquida y soleada musicalidad de esa lengua, pero también a propósito de Joan Margarit, que es arquitecto, especialista en cálculo de estructuras (título de uno de sus libros, por cierto) y acaba de recibir, en España, el Premio Nacional de Poesía, por su último libro, "Casa de misericordia". Otras frases, o líneas, o versos memorables de Margarit: "Tantes ciutats on havíem d´anar", tantas ciudades a las que debíamos ir... "La lluna surt damunt dels ponts de ferro/ dels anys quan canvià la nostra llei / Des de llavors el temps és una pluja... La luna sale tras aquellos puentes/ de hierro de los años/ en los que fue cambiando nuestra ley / Desde entonces el tiempo es una lluvia..  En la poesía de Joan Margarit, como en toda gran poesía, está la épica del hombre en su desnudez, del hombre enfrentado a las cavilaciones que desde siempre conforman lo esencial de las interrogantes humanas, el amor, el paso del tiempo, los ideales, la traición, la lealtad, la decrepitud, la muerte... y el lenguaje.
"El poeta es el ser más realista ―ha declarado Margarit al recibir el premio― el más pragmático, porque la poesía bebe de la realidad." La poesía, en efecto, "dice" el mundo y nuestra perplejidad ante el mundo. Margarit añade: "lo que no es pragmático es la economía." Por los tiempos que corren, puede parecer ―y es sin duda― una provocación. Como quiera que sea, hay un par de cosas más que me parecen dignas de ser subrayadas. Primero, el hecho ―relevante, pero ya común a estas alturas― de que el Estado español premie a un gran poeta de expresión catalana, o de cualquier otra lengua hablada en España, además del español. Me gustaría ver el día que en Chile le diéramos el Premio Nacional de Literatura a un poeta mapuche, guardando todas las distancias entre España y Chile y, sobre todo, entre Cataluña y el país mapuche... ¿Pero hay tantas distancias desde el punto de vista de una literatura nacional o, mejor, de unas literaturas nacionales? En segundo lugar, quienes se creen hoy día dueños de la catalanidad y de lo catalán no han enarbolado, hasta el momento, ninguna bandera, no han hecho circular ningún manifiesto o petición exigiendo que Joan Margarit rechace el premio con que el espurio e imperialista Estado español distingue hoy a su tradición, su lengua y su cultura... Conclusión: se puede amar a un país, sin pertenecer a ese país y, sobre todo, sin caer en esa grotesca deformación espiritual que es el nacionalismo.
Mauricio Electorat.