martes, 10 de julio de 2012

LA FOTOGRAFÍA Y EL ACERTIJO.

Juntos no parecen iguales. En esta foto vemos a Rulfo casi indignado por estar ahí. El otro mexicano es Sergio Pitol. Distingo al chileno Enrique Linh y al ecuatoriano Adoum. Están Scorza, Monterroso, Ribeyro, Brice. Algunos españoles me resultan inubicables: ¿Muñoz Molina?. Las damas se ven apetitosas todas y prefiero no nombrarlas para no meter la pata. Mario Vargas Llosa estaba en el aeropuerto de Orly-París esperando al comunista Gustavo Valcarcel por lo que no llegó para la foto. No es raro. Así era Mario.
V.H.

viernes, 6 de julio de 2012

JAIME GARCÍA TERRÉZ TRADUCE A SÉFERIS

 


SOLSTICIO DE VERANO

1

El mayor de los soles en un lado
y del otro luna nueva
lejos de la memoria como aquellos pechos.
Y en medio el abismo de la noche estrellada
el cataclismo de la vida.

Los caballos en las eras
galopan y transpiran
encima de los cuerpos esparcidos.
Allá van todos
y esta mujer
a quien miraste bella, un instante
encórvase ya no resiste más arrodillóse.
Las piedras de molino muelen todo
y todo en astros se convierte.

En vísperas del día más extenso.


2

Todos tienen visiones
por más que nadie lo confiese;
van y aseguran que andan solos.
La magna rosa,
estuvo siempre aquí
a tu costado sumergida en lo profundo del sueño
tuya y desconocida.
Pero apenas ahora que tus manos la tocaron 
en sus remotos pétalos 
has sentido caer la pesantez compacta del danzante
en el río del tiempo— 
borbollón tremebundo.

No disipes el hálito que te acordó 
este respirar.


3

Con todo en este sueño
degenera el ensueño fácilmente
en pesadilla.
Como el pez que brilló bajo la ola
y en el cieno del fondo se sumió
o bien camaleón que cambia de color.
En la ciudad vuelta prostíbulo
rufianes y cuerpos públicos
pregonan encantos podridos;
la muchacha traída por las olas
luce una piel de vaca
para que la monte el torillo;
al poeta
los chiquillos le lanzan deyecciones
mientras ve cómo sangran las estatuas.
Es preciso que salgas de este sueño;
de esta piel fustigada.


4

En la demente dispersión
a diestra y a siniestra por encima y abajo
revolotean las basuras.
Sutiles humos deletéreos
paralizan los miembros de los hombres.
Las almas
apresuradas a dejar el cuerpo
tienen sed y no hallan agua por ningún sitio;
fíjanse acá fíjanse allí a la ventura
pájaros atrapados en varetas;
inútilmente se debaten
tanto que no resisten más sus alas.

La región se reviene sin cesar 
jarro de tierra cocida.


5

En narcóticas sábanas envuelto 
el mundo nada tiene que ofrecer 
salvo este final.
               En la cálida noche la marchita 
sacerdotisa de Hécate
con los pechos desnudos arriba en la terraza 
implora un plenilunio de artificio, mientras 
dos impúberes siervas que bostezan 
revuelven filtros aromáticos 
en calderos de cobre. 
Hartáranse mañana los amadores de perfumes.

El fuego y los afeites de ella son iguales 
a los usados por las trágicas 
un yeso ya resquebrajado.


6

Por los laureles
por las blancas adelfas
por la espinosa peña
y el mar de vidrio a nuestros pies.
Recuerda la túnica que miraste
abrirse y deslizarse sobre la desnudez
y caer al redor de los tobillos
muerta—
si así cayera este sueño
entre los laureles de los muertos.


7

El álamo en el pequeño huerto
su respirar mide tus horas
noche y día;
clepsidra que los cielos llenan.
Bajo la fuerza de la luna sus hojas
arrastran en el blanco muro negras pisadas.
Hay en el borde unos cuantos pinos
y detrás mármoles y luminarias
y hombres así como son los hombres.
Pero el mirlo gorjea
cuando viene a beber
y algunas veces oyes el canto de la tórtola.

En el pequeño huerto de diez pasos de largo
puedes ver cómo cae
la luz del sol en dos claveles rojos
en un olivo y una exigua madreselva.
Admite quién eres.
                             El poema 
no lo sumerjas en los hondos plátanos 
nútrelo con la tierra y la roca que tienes. 
Para mayores frutos— 
los hallarás cavando en el mismo lugar.


8

El papel blanco rígido espejo 
sólo devuelve lo que eres.

El papel blanco habla con tu voz,
tu propia voz
no la voz que te place;
tu música es la vida
ésta que has dilapidado.
Es posible ganarla de nuevo si lo quieres
si te cebas en esa indefinida cosa 
que a regresar te impulsa 
al punto de partida.

Viajaste, muchas cosas has visto muchos soles 
tocaste muertos y vivos 
el dolor percibiste del muchacho 
y los quejidos de la mujer 
el amargor del niño inmaturo— 
y lo que percibiste se abate sin sostén 
si en este vacío no pones tu confianza. 
Tal vez encuentres allá lo que creíste perdido; 
el brote de la juventud, la justa 
          sumersión de la vejez.

Tu vida es lo que diste 
este vacío es lo que diste 
papel blanco.


9

Hablabas de cosas que no veían los demás 
y éstos reíanse.

Boga con todo en el umbroso río
contra la corriente;
cursa los caminos incógnitos
a ciegas, obstinado
y busca palabras enraizadas
como el olivo de múltiples nudos—
y déjalos que rían.
Aspira a que también el otro mundo
en la hodierna sofocante soledad habite
en este presente dilapidado—
déjalos.

El rocío del alba y el viento del mar
existen sin que nadie lo demande.


10

A la hora en que los sueños se vuelven verdad 
al despuntar el día 
vi los labios abrirse 
pétalo a pétalo

En el cielo brillaba una delgada hoz. 
Temí que los segara.


11

El mar que nombran la serenidad
barcos y velas blancas
brisa desde los pinos y el Monte de Egina
respiración jadeante;
resbalaba tu piel sobre la piel de ella fácil y cálida
cual incipiente pensamiento que se olvida al punto.

Pero en los médanos 
un pulpo arponeado lanzó tinta 
y en el fondo—
si pudieras pensar hasta donde terminan 
            las hermosas islas.

Mirábate con toda la luz y la tiniebla que poseo.


12

Agítase ahora la sangre
al bullir el calor
en las venas del cielo virulento.

Pretende trascolarse a través de la muerte 
para encontrar la bienaventuranza.

La luz es pulsación
más y más lenta cada vez
piensas que va a detenerse.


13

Un poco más y se detiene el sol. 
Los espíritus del alba 
soplaron en las desecadas caracolas; 
el pájaro cantó tres veces
            tres veces sólo; 
la lagartija en la piedra blanca 
queda inmóvil
mirando la yerba requemada 
allí donde se deslizó la culebra. 
Un ala negra traza una profunda brecha 
arriba en la cúpula del azul— 
átala, que se abre.

Dolor de la resurrección.


14

Ahora,
con el plomo fundido de las adivinanzas* 
el centelleo del mar estival,
la desnudez entera de la vida;
y el pasar y el parar y
          el acostarse y el incorporarse
Como el pino en pleno mediodía
por la resina sojuzgado a engendrar la llama se apresura
y no soporta ya el dolor—

grítales a los niños que junten la ceniza 
y la siembren.
Lo pasado pasó justificadamente. 
Y aun lo que no pasó
debe quemarse 
en este mediodía con el sol enclavado
en el corazón de la rosa de cien pétalos.


miércoles, 4 de julio de 2012

miércoles, 27 de junio de 2012

JUNIO DEL 2012. ENRIQUE VILA-MATAS y VLADIMIR HERRERA EN EL HOTEL RITZ DE BARCELONA.

El año del fin del mundo Vila-Matas y yo entrevistamos no recuerdo para qué revista a Alain Robbe-Grillet, el padrecito del nouveau roman de aquel entonces quien me diera la inmediata impresión de ser un André Bretón redivivo y con escotilla. Lo cierto es que ni Vila- Matas ni yo tomábamos en serio a tan insigne novelista. De eso  nos dimos cuenta al terminarse la entrevista de manera abrupta justo cuando yo le preguntaba a Robbe- Grillet por las mujeres de este mundo.
V.H.

martes, 19 de junio de 2012

PETROS MÁRKARIS O LA NOVELA POLICIACA SOBRE TODO.

Con un leve pero extraño parecido con Fellini Petros Márkaris nos llega en esta edición de Tusquets en una historia tan actual como la vida misma: Cita a Brecht: ¿Qué es el atraco a un banco comparado con la creación de un banco? Pronto entendemos por qué en tres meses la novela ha llegado ya a la quinta edición: no solo porque la intriga es magistral, no solo porque como lectores sonreímos a menudo sumergidos en el irónico y a veces terrible día a día de los personajes, en sus preocupaciones y a veces alegrías muy concretas. También porque la acción transcurre en un contexto cuya intensidad cualquier lector puede captar, pero que es especialmente familiar para el lector español: en medio de las protestas se suceden los recortes en sueldos, pensiones y prestaciones; los parados y los arruinados llenan la novela y a veces toman medidas drásticas; el país entero, en especial Atenas, vive en la excepcionalidad, la desesperanza y la indignación. El comisario Jaritos, bastante despistado políticamente, consigue con sus intercambios con el viejo amigo comunista, con el periodista disconforme, y con otros lúcidos testigos -y, genialmente, con las definiciones de su viejo diccionario que le acompaña en el insomnio- que el lector sienta una sacudida crítica ante todo este caos. Y, al mismo tiempo, absorberlo en la vida que sigue y que los personajes a veces hasta disfrutan; en las conversaciones, las comidas y las fiestas, en la final del Mundial de fútbol también, 
( y entre paréntesis la lucha por la vida).
Los crímenes son en este contexto las puntas de iceberg de la profunda descomposición del mundo, y el placer de descubrir al asesino -es una novela policíaca, no lo olvidemos- es también para el lector una catarsis en pleno cinismo y en pleno desastre.
La traducción de Ersi Marina Samará Spiliotopulu hace que el texto fluya y se lea como si se hubiera escrito en castellano, a pesar de la presencia del contexto griego, visible y  fascinante para el lector.
H. U. y V. H.








martes, 12 de junio de 2012

4 POEMAS DEL KAFKA RUMANO.

Cuatro Poemas De Max Blecher
MAX BLECHER
Traducción de Joaquín Garrigós 
I
Tu mirada interior lleva una barca y me la envía cargada de terciopelo de ojos negros y diamantes menudos de sueños y abismos ayer al anochecer se ahorcó un ángel en un momento de felicidad y sus alas caídas chirrían bajo tus pies en la nieve cuántas flores cuántas ramas cuántos dedos.

II
El vestido del mar en la concha del zafiro mueves o deslizas navío o acróbata, tú, río vertical con la diadema del pelo azul cascada de helechos y de gritos y de pronto un cristal se inclina, cambias tus transparencias y eres una mujer muerta un fantasma con el vestido del mar en la concha del zafiro, la palmera extiende el brazo y te saluda, los buques transportan tus andares y las nubes tu belleza hacia el crepúsculo.


Andadura 
A Pierre Minet

Yendo siempre adelante las sombras de mis pasos mueren
Como la trayectoria de un cometa de oscuridad
Y el asfalto a mis espaldas me suprime
Con todo lo que he sido y todo lo que he pensado
Como un prestidigitador
Destinado a escamotearme la vida.
Hay una sucesión correcta de casas
En este camino que no obstante
Ha de significar algo
Hay un cielo sin color sin olor sin carne
Sobre mis pasos sin importancia
Con los ojos cerrados ando en una caja negra
Con los ojos abiertos ando en una caja blanca
Y por más que me esfuerzo por entender algo
Pesados martillos me parten en la cabeza todos los pensamientos 
Eternidad 

Los pasos conocen nuestro abismo
El cuerpo pasea nuestro cielo
La tormenta pierde trozos de carne
Cada vez más inconcreta cada vez más débil
Hay un principio de azul
En este paisaje terrestre
Y otro vindicador
Como un dedo cortado
Lo único que ves es una mujer dando vueltas
Como un huso y copiando su delta
En el delta de las aguas. 

Paseo marino
A I. Ludo

La sangre del mar circula roja por los corales
El corazón profundo del agua me zumba en los oídos
Estoy en el fondo del cielo de las olas
En el sótano de las aguas profundas
A la luz muerta del fúnebre cristal
Peces menudos como juguetes de platino
Recorren mi pelo que ondea
Peces grandes como jaurías de perros
Sorben con rapidez las aguas.
Estoy solo
Levanto el brazo y compruebo su peso líquido
Pienso en una rueda dentada, en una palmera
En vano intento silbar
Es como si atravesara la masa de una melancolía
Y diríase que siempre ha sido así
A medias hermoso y a medias triste.

Max Blecher (1909-1938). Revelación o paradoja: a Max Blecher se le ha llegado a llamar "el Kafka rumano". Los últimos diez años de su corta vida los pasó inmovilizado dentro de un corsé de escayola, víctima de una tuberculosis ósea que lo sumió, según testigos, en una existencia parecida a la de una larva. Los poemas publicados han sido traducidos directamente del rumano por Joaquín Garrigós y pertenecen al libro Cuerpo transparente (1934).

jueves, 7 de junio de 2012

JUAN YUFRA Y EL DISCURSO DEL VERANO INCULTO.


El discurso de la poesía peruana —en la primera mitad del siglo pasado— contiene los espacios más notables de la naturaleza del hombre frente a su condición humana, y ¿por qué no?, presenta las aporías de su “condición de ser peruana” (voz híbrida, indulgente, contranatural) La realidad de su lenguaje expresa el recorrido de todo aprendizaje, y la cosmovisión de ser latinoamericana. Y aunque nos hemos acostumbrado a dividir ciertos anatemas inmersos en la distinción antojadiza de “poesía social” y “poesía pura; también debemos de aceptar que “la poesía no se discute”; se la lee, se la escribe… pero (y este “pero” sí vale) la poesía siempre estará en el lugar exacto de su sombra. Y son pocos los que la descubren. Incluso Westphalen proponía que su existencia estaba limitada al concepto mismo del poema. Comprender muy bien tales hemistiquios de la creación genera la impresión de un mundo fragmentado desde los cuestionamientos “impuros” de la década del 50 frente a las generaciones posteriores que se anulan por la superchería de una “apología al autobombo” y por ser superfluas las identidades prefiguradas desde el arte escrito.
La mayoría de los poetas finiseculares “descubrieron” el poema mas no la poesía. (Un cliché, no problem). Por eso descuidaron “su poética” y murieron por la pose. El gesto de construir un prototipo de la literatura para las masas no tuvo la conjunción de arte/poesía. En otras palabras, y pasado el tiempo, Vallejo, Oquendo, Hidalgo, Moro, Adán, Westphalen, Eielson, Varela siguen siendo “nuestros poetas”. Y de este nivel, y para los gustos más exquisitos, continuaron el trabajo Rodolfo Hinostroza, Juan Ramírez Ruiz, Enrique Verástegui, Vladimir Herrera, Mario Montalbetti. La lista sigue, es cierto, pero es necesario señalar que son los sujetos de un espejo negado.

Y aquí tiene importancia la impronta de la poesía en el scriptum moderno. Un ejemplo sería la aparición del libro Del Verano Inculto del poeta Vladimir Herrera (Lampa-Puno, 1950) que a grandes rasgos cuestiona el lenguaje de la poesía coloquial —muy de moda en los años 70— por otra más hermética y retroactiva.

Este volumen (Cascahuesos / Laguna brechtiana, 2011) guarda una similitud editorial con aquella que se imprimió en Valencia (“última capital de La República”, como señala el autor) en 1980, como si quisiera el poeta mantener la esencia del objeto que llega a nuestra manos. Herrera había dejado en el Perú una primera obra Mate de cedrón (1974), y un segundo, titulado Misa de negros, que se extravió. Su paso por Europa, sobre todo en España, donde va a residir, marca el proceso de su aprendizaje y de su maduración. 
Del verano inculto, puede convertirse en una obra maestra del autor, ya que ciframos en dicho libro la intertextualidad del discurso que surge de la poesía misma a la que enarbola como excusa y destino de un yo contrariado por expresar “la oscura piel del lenguaje de la poesía”. (Ya entonces Poesía era oscura como nada). Desde su primer libro donde recoge su experiencia de trasterrado, hasta el texto de Valencia, ocurre un viraje impresionante pues recurre a un barroco como exuberancia del arte moderno; esta empatía con “la gran poesía” de Martín Adán, con su retórica y su dialéctica no se encuentra en el nivel de la forma que el yo poético construye sino en la estrategia de experimentar con la metáfora de lenguaje humano; es decir, con la poesía que nombra lo desconocido.

A veces no hay nada más personal que la poesía y nada más bello que una idea púrpura; por ello Vladimir Herrera cuando nos dice que: “Hay un viejo mar en el principio” (sin exagerar demasiado, solo este verso puede iluminar la realidad del poeta), está perfilando su pensamiento y el saber de una necesidad humana por explicar el mundo y el origen de las cosas que el hombre deteriora con su existencia. Es así que el cuerpo y su sombra en la poesía de Herrera permanezca como infranqueable por los sentidos mundanos y su naturaleza sea más pedestre que esotérica.

En algunos casos el nivel del discurso erótico que se transfigura en tiempo y en espacio del poema cobra solo sentido en la cotidianidad de los elementos que enumera y en la relativa alusión a los principios de la naturaleza que va de la oscuridad a lo diáfano y transparente, del recuerdo a la vida que se goza y se contempla desde la vida misma. Del verano inculto es una celebración de la poesía; obra necesaria y unánime para los que ven en las palabras algo más que simples representaciones fugaces de la realidad que se comparte.

Juan Yufra.

lunes, 4 de junio de 2012

POEMA DE LA MIRADA APACIBLE





POEMA DE BASILIO SÁNCHEZ.


He bajado a la ciudad para comprar antorchas.
Los que me precedisteis
en este u otro oficio, los que siempre os dejasteis 
llevar por el asombro y escribisteis
la noche está estrellada  pero la noche os cubre
de animales domésticos
que viven en la sombra y desde ella nos miran.


Los que una vez temisteis 
que el café de la tarde fuera el último
porque el tiempo dibuja extrañas formas
en las inmediaciones de las puertas.
Los que habéis comprendido
que el dolor se acrecienta sobre el dorso 
cercano de la noche, sobre el borde del sueño.


Todos estáis aquí, conmigo: bajando en la penumbra
la suave pendiente que lleva a la ciudad
y que bordean los tilos.


Basilio Sánchez.

miércoles, 30 de mayo de 2012

MARÍA EMILIA CORNEJO REVISITED o el pasado no perdona.













Se anda escribiendo por ahí que los poemas de Maria Emilia Cornejo fueron publicados recién en 1986.
En este post demostramos que fueron publicados en agosto de 1973 en la revista del gran ya desaparecido Issac Rupay. Con esto también se desbarata la patraña de un gil -que preferimos no nombrar- en la que asevera haber corregido esos poemas. V.H.