jueves, 26 de mayo de 2011

ALFREDO BRICE CONTADO POR YOYO MANRIQUE.


Alfredo Brice narrado por Yoyo Manrique. Y algo más.

Nos encontramos en París, en el restaurant universitario de Censier. Era  el año 1966. Fue un reencuentro porque a Alfredo Bryce ya lo conocía en el Perú, cuando yo  estudiaba en Chosica y él en Los Ángeles. Me invitó a visitarlo a su “casa”, es decir a su “chambre de bonne” en un sexto piso sin ascensor. Para mí fue una experiencia imborrable. La cama ocupaba la mitad del cuarto y en lo que sobraba había una mesita frente a un espejo en la que solo cabía la máquina de escribir. En esas condiciones escribía Alfredo ocho horas por día, con horario de oficina, como él decía. Era invierno y toda la calefacción que tenía era un aparatito eléctrico que solo le calentaba el culo.
Cada vez que nos invitaba a almorzar o a comer a su casa teníamos que soportar que nos leyera sus manuscritos. Era aburridísimo y lo aceptábamos con estoicismo y respeto porque se trataba de nuestro amigo y porque era  el futuro célebre escritor.
 Fue  en una de esas lecturas que escuché hablar de  La Nylon, una prostituta de la que él solo había escuchado hablar a sus amigos de Ica. Yo le conté con alegría que  la conocía de verdad y que había sido mi primera amante cuando tenía apenas 16 años y cursaba el quinto año de secundaria en el Colegio San Vicente de Ica. El romance se acabó cuando empecé a exhibirme por  todas partes con ella, mi padre se enteró y me puso en vereda. Dicho sea de paso, la mujer era deslumbrante y encantadora, se vestía como puta, hablaba como puta y usaba perfumes de puta.  Me hacía sentir más hombrecito, a veces me trataba como amante y otras veces como si fuera su hijo.
Las reuniones en casa de Alfredo, en su período con Margarita, eran frecuentes y amenas. En una oportunidad Germán Carnero se publicitó anunciando unos tallarines a la carbonara que, según él, había aprendido a preparar durante su corta estadía en Italia. Estaba Ricardo Lets con María Luisa, Hernando Cortés, yo con Elsita Merel, Edmundo Murrugarra y otros. El vino y las lecturas de los manuscritos de Alfredo caldearon los ánimos y enfrentaron a Germán con Hernando en una bizantina discusión sobre la personalidad de Julius. Cuando la cosa amenazaba con pasar o mayores, Hernando se fue y tiró la puerta al salir, pero esta se volvió a abrir y él retrocedió, asomó la cabeza y dijo: ...German!!! he comido mejores tallarines a la carbonara… y se fue.
Muchas veces escuché a Alfredo contar frente a los amigos sus proezas y aventuras amorosas sin darse cuenta que eran las que yo le había contado un par de semanas antes. Se apropiaba de todo y se ponía él como protagonista principal. ..Pero Alfredo si eso te lo conté el otro día… le decía… no le gustaba ni un poquito, no solo se apropiaba de historias ajenas sino que se las creía. No soportaba el éxito de los otros en temas de amor y de conquistas.
Una noche nos fuimos al bar de la esquina de la Place de la Contraescarpe a tomar unos tragos con César Calvo que se casaba al día siguiente con…(no me acuerdo de su nombre) Estaba Alfredo y Margarita, Germán Carnero con Adita y yo con Elsita Merel .Terminamos al amanecer y de ahí pasamos directo a la Municipalidad completamente borrachos.
Después del matrimonio yo  preferí irme a dormir con mi amada y prescindí de la fiesta. Pero a las 12 de la noche escuché que me llamaban a gritos desde la calle, era Alfredo en una tranca infernal que sorteaba los carros que le pasaban rosando en medio de la  Rue Gay Lussac. Me precipité a salvarle la vida y bajé rápidamente dejando a mi Elsita en  el cuartito del hotel. Nos fuimos a tomar unas cervezas, al poco tiempo el borracho era yo. No paré hasta dejarlo en su casa, donde llegamos después de subir las escaleras con mucha dificultad. Te quedas a dormir, me dijo. Estás loco Alfredo si aquí hay una sola cama le dijo Margarita. Y en ese momento ella bajo repentinamente el cierre de su vestido como si se dispusiera a acostarse,  yo me puse pálido. En realidad era un atuendo exterior que aun quitándoselo seguía vestida.
Cuál no sería la expresión de mi rostro que esta historia la contó Alfredo por muchos años y a cada vez diferente.
Meses más tarde, Germán entro a mi cuartito del hotel donde sufría en silencio el abandono de Elsita que había partido de regreso al Perú y me tiró un periódico a la mesa. Era un ejemplar de Ultima Hora y en la primera página decía con enormes letras: Bella modelo se suicida…era ella.

Jorge "yoyo" Manrique.



domingo, 22 de mayo de 2011

El caso Strauss-Kahn según Leo Tarifeño.

¿Hay una “mano negra” detrás del caso Strauss-Kahn?


Sin ningún deseo de alentar las paranoias conspirativas, me pregunto si en la escandalosa acusación de asalto sexual contra el ahora ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI), el francés Dominique Strauss-Kahn, no habrá ribetes políticos que, quizás, pretenden pasar desapercibidos. Y es que hace poco más de un mes, el pasado 14 de abril, el hombre hacía las siguientes declaraciones tras abandonar la Asamblea de Primavera del FMI:

“Admito que estoy sorprendido porque en el directorio del Fondo existen personas que son más papistas que el Papa, tomando posiciones fundamentalistas. ¿Por qué ocurre esto? Durante décadas, esta institución dijo que los controles de capitales son como el diablo. No queremos esto. Hoy estamos peleando contra esto”.

Y agregó, en contra de la prédica que el FMI sostuvo durante años:

“Estoy un poco molesto sobre el tradicional conflicto entre la disyuntiva entre leyes laborales rígidas versus flexibles. Hay políticas que funcionan y otras que no”.

Para los “fundamentalistas” señalados en ese momento por Strauss-Kahn, la única receta viable para crear empleo es tener leyes laborales más flexibles. Quien por esos días era el director del organismo tenía un discurso diferente y promovía un cambio de mirada en el corazón del FMI. Poco más de un mes después, era detenido en Nueva York, acusado de querer violar a la mucama de un hotel. Como sabemos, el escándalo derivó en su renuncia forzada a la dirección del Fondo.
Por supuesto, es muy posible que Strauss-Kahn haya hecho aquello por lo que se lo acusa; lo curioso es que en el interior de una institución tan poderosa como el FMI caiga de sorpresa la patología de su ex director, un tipo lo suficientemente inestable como para perder la chaveta en cinco minutos fatales y poner en peligro el bienestar de su familia, su buen nombre y toda su carrera política. ¿La debilidad de Strauss-Kahn era un botón rojo que otros podían apretar cuando les resultara conveniente?
En todo caso, la respuesta a esa pregunta me parece más cercana a la verdad que el relato donde el mundo ve a un sexagenario súbitamente enloquecido por unas faldas, sin que nada ni nadie en las altísimas esferas del poder global hubiera previsto en qué tipo de marea se podía ahogar. La cuestión resulta pertinente porque la acusación sexual también desprestigia, o al menos intenta desprestigiar, a otro personaje, a su manera en las antípodas de Strauss-Kahn, que pretende cambiar el status quo:Julian Assange, el creador de Wikileaks. Salvando las lógicas distancias entre uno, prohombre del sistema financiero mundial, y otro, un hacker anarquista, ambos quisieron modificar las leyes que gobiernan el mundo y a los dos les explotaron bombas sexuales que terminaron por acallarlos. ¿Será casualidad?

jueves, 19 de mayo de 2011

CUANDO PATRICK ROSAS LLEGÓ A PARIS.

Cuando Patrick Rosas llegó a Paris
Por Yoyo Manrique.

Cuando Patrick Rosas llegó a París, venía procedente de Polonia donde, según contaba, había intentado estudiar cine. Poco tiempo después estalló la revolución de Mayo ’68 y se convirtió en un aguerrido combatiente. No militaba en ninguna de las filas partidarias  haciendo gala de su chapa de “francotirador” que le puso la crítica de poesía limeña. Peleaba solo contra el enemigo.
Cogió una tapa de basura, la empuño como un escudo, un palo en la otra mano y un pañuelo en la cabeza, que lo usaba como máscara antigás cuando reventaban las bombas lacrimógenas. Dio muestras de coraje y valentía en los combates y nunca cayó preso.
Tenía apenas 18 años y ya le asomaban unas canas prematuras que le daban un falso aspecto de madurez y que lo usaba muy bien para conquistar mujeres mayores que él.
Después de los acontecimientos de Mayo nos dedicamos a   vender joyas  que fabricábamos por las tardes con Ariel Palma y que las extendíamos en la vereda del Bd. Saint Germain por las noches. El negocio marchaba tan bien que Patrick abrió una “sucursal” en la el Bd. Saint Michel. A golpe de media noche o más tarde nos encontrábamos en un bar de vinos de la Place de la Contrescarpe tentando levantarnos lo que buenamente se pudiera. Ahí el plan era seguro.
Los años posteriores fueron de interminables noches de bohemia. La vida transcurría dulce sin angustias económicas y siempre con el calor de una francesita cariñosa.
José Rosas llegó después seguido de su adorada Marta Lobato de quien no se separó jamás. Cada uno hizo su vida por separado, pero mantuvieron una discreta e inteligente distancia que convirtió esa relación en algo tan duradero que daba la impresión que habían descubierto la clave del amor eterno.
Cada uno de los hermanos continuó su producción literaria. Patrick no cesó de considerar que todo lo que se publicara, que no fuera escrito por él, era una verdadera mierda. Y José encontró siempre  una razón para disputarse con él.
La agitada vida amorosa de Patrick tuvo un episodio terrible: se enamoró. Ella era una alemana flaquita vivaracha, inteligente que lo volvió loco, se llamaba Yutta y era estudiante de teología. Se la arrebató  de las rodillas de un senegalés de dos metros en una fiesta salsera.
En cada viaje de vuelta a  Alemania (presumiblemente a encontrarse con su amigo) Patrick bajaba de peso a ojos vista y deambulaba por los bares de París con su pena a cuestas.
Para que no se alejara más de él, no le quedó más remedio que casarse con ella. Fuimos todos testigos y bailamos con los novios. Después no sé qué pasó, Yutta desapareció y nosotros tuvimos que soportar el dolor del amigo.

domingo, 15 de mayo de 2011

La Despedida de Bertolt Brecht en versión de José Luis Gómez Toré.

La despedida (Bertolt Brecht)














Nos abrazamos.
Yo palpo una tela lujosa.
Tú, una pobre.
Es rápido el abrazo.
Te han invitado a una comida.
A mí los esbirros me persiguen.
Hablamos del tiempo y de lo amigos
que seremos siempre. El resto sería
demasiado amargo.

Liebesgedichte.


sábado, 14 de mayo de 2011

DECLARA HECTOR LIBERTELLA EN ENTREVISTA.








La literatura siempre ha sido un lugar excesivamente reaccionario, ritual, reglamentado. Siempre pretendió ser la dueña del sentido. La palabra siempre se entronizó como la que dice, la que interpreta, la que produce el mundo. Siempre se arrogó ese derecho frente a disciplinas más light, como la música o la pintura. Al lado de las variaciones de un dibujante o un saxofonista, el escritor siempre pasará como el sabelotodo, el culto. Es todo un gran chiste, por no decir un malentendido. Y la literatura, sabia, vieja zorra, siempre se alimenta de ese malentendido.
Hector Libertella.

miércoles, 11 de mayo de 2011

MAURICIO ELECTORAT, LAGUNERO Y BRECHTIANO.

CENTRO y PERIFERIA.
MauricioElectorat
 
Cuando se enojaba con mi padre, mi madre, que era peruana, solía reclamar contra los chilenos, a su juicio, una sociedad de gente ignorante, pretenciosa y arribista. Acto seguido, esgrimía su arma mortal, un pequeño disco de vinilo, con un solo tema: el himno nacional del Perú. Así, cuando escuchábamos los acordes del "Somos libres, seámoslo siempre" mi hermana y yo sabíamos que las cosas iban mal. Mi padre soportaba estoicamente ese soterrado belicismo conyugal hasta que, poco a poco, la vida cotidiana volvía a cauces más normales. Esto es, volvían a sonar en la radio los cantantes de aquellas épocas: Gloria Simonetti, Buddy Richard, Camilo Sesto, estábamos de regreso en la patria y, cosa no menor, en la armonía del hogar, en esa "aurea mediocritas" que mi madre soportaba con resignación y que era para nosotros la vida misma. Reconozco que esta es una entrada en materia ligeramente psicoanalítica: explica, de alguna manera, mi relación un tanto oblicua con la Fértil Provincia, como la llamó don Alonso de Ercilla. Escribo esto porque la semana pasada estaba en París. París, como dice Vila-Matas, no se acaba nunca... y esa es, de alguna manera, una bendición y, también, una maldición. Bien, vayamos al grano. O sea, a los libros que son aún, a pesar del e-book y de Google Books, un engranaje clave de la cultura. Una de las cosas que me sigue extrañando poderosamente cada vez que estoy en París es que en esa capital del lujo, donde todo es bastante más caro que en Santiago, haya un sólo objeto que sigue siendo más barato que acá, e incluso, a veces, mucho más barato: el libro. Hablo de París, porque es lo que tengo más cerca ahora mismo en mi experiencia personal, pero lo mismo ocurre en Buenos Aires, México, Bogotá. Para muestra, algunos botones: si usted este fin de semana va a la FNAC (algo así como la Feria Chilena del Libro) podrá encontrar las obras completas de Marguerite Duras, comentadas y anotadas, como dicen los filólogos, por unos veinte mil pesos chilenos. Lo mismo ocurre con los ensayos de Montaigne, Cioran o las novelas de John Dos Passos. Suponiendo que estuviesen publicadas, ¿cuánto valdrían en Chile las obras completas de Manuel Rojas, de Alberto Blest Gana o de José Donoso? Vuelvo al viejo tema de siempre: ¿cómo es posible que en Chile, país que se encuentra, nos dicen la izquierda y la derecha unidas, a un par de empujoncitos del desarrollo, uno de los instrumentos cruciales en la transmisión de la cultura (el mundo aún no está enteramente en Internet) sea tan inaccesible? Cuidado, no estoy hablando del precio del libro, ni del IVA, al menos no sólo de eso. Elizabeth Costello, en la novela homónima de Coetzee, tan peculiarmente realista, explica a sus interlocutores norteamericanos que es errónea la condescendencia con que los círculos universitarios de Estados Unidos consideran a la literatura australiana. La literatura de Australia, les dice, no necesita de Norteamérica, porque sus escritores tienen un mercado propio, tienen, por lo tanto, una masa de lectores que les permite existir con autonomía de ese pretendido centro que es Estados Unidos en el mundo anglosajón. Curioso. En una entrevista publicada el mes pasado en estas mísmas páginas, el conocido hispanista Julio Ortega afirma exactamente lo contrario respecto a la literatura chilena. En su opinión, la nuestra es una de las literaturas más provincianas del español. No es que carezcamos de grandes escritores, sino de grandes lectores. Son los lectores los que permiten que una literatura se arraigue en un país y prospere. Así, la mayoría de los escritores chilenos estamos obligados a confiar en la suerte y esperar que el reconocimiento nos llegue de afuera. Lo dice Ortega, no yo. Pero ¿no fue ya el caso de la Mistral y de Neruda y, más recientemente, el de Donoso y Edwards? Nuestro medio literario será endogámico, mezquino, anémico y nuestros compatriotas relativa o absolutamente iletrados, mientras no haya un cambio sustancial en el acceso y la calidad de la lectura. Y esta es una transformación social, es decir, pasa, en primer lugar, por la política. O "las políticas". ¿A quién se le ocurrió, por ejemplo, cambiar la asignatura de Castellano, o sea de literatura española, por algo tan errático como Lenguaje y Comunicación? ¿Cómo les vamos a exigir a nuestros jóvenes que sepan leer, si nuestros docentes no han podido formarse cabalmente por falta de dinero para acceder al libro y de una red de bibliotecas bien abastecidas? Mientras esto no cambie, la situación nuestra cultura no cambiará. Pero quizás sea más fácil seguir repitiendo que mañana seremos Finlandia, Portugal, Nueva Zelandia... Quizás ese sea nuestro destino: soñar eternamente que mañana seremos otros.
Mauricio Electorat.

domingo, 8 de mayo de 2011

ENTREVISA FICTICIA. DE CARLOS MENESES.

  LA MUJER FELIZ
                                                  (Entrevista ficticia) 
     La dama viste de verde esperanza y se sienta frente a mí con una copita de sake, bebida nacional de su país. Vamos al grano inmediatamente porque ella dice disponer de muy poco tiempo. “Papá me espera para llevarme al cine” dice. Hay uno que está a cuadra y media de donde él vive ahora. La película dicen que es muy buena, se llama “La Trampa?. 
Pregunta .- En los años 90 cuando su mamá, la señora Susana Higuchi fue sacada violentamente del palacio de gobierno y llevada a un extraño sitio donde se asegura que fue torturada, ¿usted dónde se hallaba? ¿No hizo nada por impedir las violencias cometidas contra su señora Madre? 
Respuesta.- ¿Qué la torturaron? Eso es muy grave, papá nunca me dijo nada de eso. Él es incapaz de pegar a nadie y menos de mandar golpear a una mujer. Debe haber alguna confusión. 
P.- Cuando usted estudiaba en Estados Unidos, ¿sabía que el dinero con que se pagaba  sus estudios era de los peruanos? No de los ricos preciosamente, si no de los pobres y de los muy pobres. 
R.- NO me haga reír. Cómo va a ser eso. Mi papá que es como un mago fabricaba billetes, y los hacía para regalar a los pobres. A él eso de guardar dinero le molestaba mucho. Me dijo que de joven tenía una alcancía que le habían mandado de Tokyo y guardaba moneditas de un chico y un gordo, nunca de más valor. 
P.-  Dicen que usted  es muy amiga del señor Montesinos, como lo es también su papá, ¿es eso cierto? 
R.-  ¡Qué  va! No me hablo con él. Ha mentido mucho contra mi papá. Además mi marido que es medio cowboy es muy celoso y no le gusta que hable con hombres si él no está presente. Y mi marido nunca ha visto a Montesinos. 
P.-  Se considera que actualmente usted tiene unos ingresos de aproximadamente 50 mil dólares mensuales, ¿de dónde le llega tanto dinero? 
R.-  Cómo puede usted creer tal atrocidad. Mi familia y yo vivimos en un apartamentito muy estrecho en una barriada obrera. El dinero que tenemos es el que ganamos con el sudor de, bueno será de las manos ¿no? 
P.-  Parece que usted aspira a ser presidenta del Perú como lo fue su papi. ¿Repetirá lo que hizo don Alberto? 
R.-  Respuesta qué chistoso. Me gustaría repetirlo, pero él es un genio, yo soy sólo medio genio. Así que repetiré la mitad de lo que hizo mi papi. 
P.-  ¿Conserva usted las maletas con las que su señor papá viajo a Tokyo, y en las que se dice llevaba algunos billetes? 
R.-  ¡Ay!, cómo es la gente de chismosa, todo lo agrandan, parece que tuvieran lentes de aumento en vez de ojos. YO tengo listas muchas maletas, cien, doscientas, pero son para llevar mis vestidos, a mi marido le gusta que me cambie de ropa por lo menos diez veces al día. Es que le gusto mucho, sabe usted. (mira su reloj? Ay, qué tarde, tengo que irme. 
  Se levanta, se despide con un “chau” y desaparece.

Carlos (Coco) Meneses. Palma de Mallorca.
 
          

jueves, 5 de mayo de 2011

LEONARDO TARIFEÑO VIENE AL PERÚ Y REGRESA.

JUEVES 5 DE MAYO DE 2011

Vacaciones en Cusco con Vladimir Herrera



Durante mis años de vida en Barcelona (1992-1995) tuve la suerte de conocer al gran poeta peruano Vladimir Herrera, a quien llegué por intermedio de Enrique Vila-Matas. Vladimir fue compadre de Osvaldo Lamborghini, creó y dirigió la revistaTrafalgar Square y es autor, entre otros libros, del inolvidablePoemas incorregibles (Tusquets). Por alguna razón yo le caí simpático y nos hicimos amigos; tanto, que en un momento me dio cobijo en su casa, donde viví los últimos meses antes de tomarme el avión de regreso a Buenos Aires. Una vez en Argentina, a Vladimir le perdí la pista hasta que un día de 2002 aparecí en el aeropuerto de Lima por razones de trabajo. Contra todo pronóstico, mientras yo salía de la aduana con mis maletas y mochilas, vi a Vladimir entre la multitud que esperaba a los recién llegados. El estaba allí para darle la bienvenida a Montse, una de sus mujeres, pero todo parecía indicar que, “azar” mediante, también había llegado para recibirme a mí. Ninguno de los dos se pronunció ante el tipo de “casualidad” que el Don Juan de Carlos Castaneda llama “acuerdos”; el reencuentro no pactado nos pareció de lo más normal y enseguida aprovechamos para alojarnos juntos, con Montse y los niños, en el hotel Mamá Panchita. A los pocos días yo dejé el hotel, me fui por ahí a hacer mis cosas y volví a perder la pista de Vladimir. Hasta que hace unos meses recibí un comentario suyo, posteado en este blog.
La alegría que me produjo ese nuevo reencuentro no pactado fue suficiente para organizar un viaje al Cusco, donde él vive desde hace poco más de diez años. Y hacia allí fui en las últimas semanas, en unas vacaciones que incluyeron un raudo paso de ida y vuelta por La Paz, en Bolivia. De La Paz puedo decir que la ciudad me pareció bonita y agobiante, definitivamente luminosa gracias a esa belleza triste tan presente en ciertas urbes latinoamericanas. En el Cusco me sorprendió la convivencia del pasado mágico con el presente neohippie, y una mañana aproveché para escaparme al increíble (e inenarrable) Machu Pichu. Y entre una y otra experiencia me encontré en pleno viaje por la amistad con Vladimir, quien me llevó a su hacienda en Urcos, a las ruinas de Tipón y Sacsayhuaman, a la temible discoteca Las Vegas y a un bar en cuya barra Charlton Heston enamoró a Yma Sumac. En todos esos días yo anduve con un soroche abismal, afectadísimo por los más de 3 mil metros a nivel del mar de Bolivia y Perú. A Vladimir no le parecía raro que la altura me hubiera recibido con un abrazo demasiado fuerte para mí; lo que le extrañaba es que yo le hubiera contagiado el soroche, por cierto un mal en absoluto contagioso. “Esto siempre me pasa con los amigos, y no sé por qué” decía, resignado ante el que quizás era otro “acuerdo” que ninguno podía prever. A mí me encantó descubrir que, aún cuando sólo fuera por la taquicardia, el cansancio y el mareo, podíamos estar hermanados; tendría que haberme dado cuenta de eso veinte años antes, cuando lo conocí, pero nunca es tarde en cuestiones de amistad. Los amigos me dan orgullo porque me hacen sentir que estoy a la altura de su risa. Según un poeta que encontramos en un bar muy cerca de la Plaza de Armas del Cusco, el soroche ataca para quitarte algo no del todo bueno que traes dentro de ti. Ahora, ya curado, no sé si lo que terminó de limpiarme fue el soroche, la risa o la amistad.

lunes, 25 de abril de 2011

CARTA ABIERTA A UN DISIDENTE DE POSTÍN

CARTA ABIERTA A UN DISIDENTE DE POSTÍN: José Rosas Ribeyro.

A ti que siempre has sido disidente de lo que sea y pequeñoburgués  del día de los inocentes, seguro que no te va a gustar esta aproximación pública que espero deje alguna enseñanza por ahí. Te dije que te arriesgabas a una carta abierta y aquí la tienes en esta Laguna Brechtiana a la que insultas  olvidándote de Brecht, quien por tus posiciones políticas peregrinas te merece el menor de los respetos. No es mi culpa que hayas terminado siendo un anticomunista de sombrilla y pandereta. Yo no te metí en eso. También te dije mi querido Burt Lancaster que la embarraste cuando te metiste con la memoria de MEC. Pero no te has detenido y has seguido insultando desde el balcón que te dejaba cierto comisario implume.  Pues, ahora te van mis impresiones sin ánimo de lucro. 
Si tuviera que hacer una biografía tuya diría pronto que ha sido la biografía del miedo. Porque siempre me has dado ¿provocado? la extraña sensación de que vives aterrado por la picadura de un mosquito. Eso y tus rulos rubios de la juventud es lo que me queda de ti. Ten en cuenta que no nos vemos hace treinta años. Y hace poco te he encontrado  en ese blog tan formalito en el que colaboras.  En un principio me alegró saber que todavía tenías inquietudes literarias. Aunque el tema que tocaras fuera el suicidio y alguna historia familiar penosa que no dejó de conmoverme.  Fue entonces que llamé a Yoyo  alarmado y temeroso por ti. Le dije que leyera esas líneas  pero él rápido me calmó haciéndome recordar que desde la adolescencia hablas de lo mismo. Entonces aplaudí. Voilá. Y me quedé tranquilo sabiendo que por el momento no te dispararías en la nuca. Y siguieron pasando los días en esta provincia desalmada que es el Perú. Hasta que me di de bruces con unos insultos y descortesías graves  en contra mía, de mi pata Ampuero y mi paisano Calderón Fajardo. De ellos tengo la impresión de que ni te conocen ni les interesas. Hacen bien. Pero en mi caso es distinta la cosa porque a pesar de que te me escabullías en París yo he podido seguirte el rastro del miedo preguntándome si con ese talante algún día podrías escribir algo que valga la pena.  No puedo dar fe de que haya sido así. No he leído nada tuyo, y creo que igualmente desconoces mi obra. Es una pena. Pero debieras recordar que publiqué textos tuyos en mi revista Trafalgar Square a principios de los ochenta en Barcelona.
Volviendo al pasado. Me gustaría que te preguntes por qué Marina Castro, publicó Mate de Cedrón en la imprenta de Juan Barea siendo tan o más amigos tuyos y afines en lo político que del suscrito y no publicaron nada tuyo. Ser amigo de los editores no te sirvió de mucho. O es que en ese entonces no tenías nada que mostrar? Y ya te preparabas para hacerte exiliar por el gobierno de turno para que el viaje te saliera barato. Se entiende no? Siempre fuiste periférico entre el estudiantado y la militancia pero siempre ocupaste un lugar central a la hora de escapar en avión. ¿Cómo lo hacías?
Y ahora apareces en Lima diez días  al año y te mandas unos rollazos acerca de la cultureta local insultando a diestra y defendiendo lo indefendible a siniestra. Luego te haces yunta de una piraña bloguera, que las hay, para volver rápidamente a París donde no te soporta ni tu propio hermano. Patrick a quien por fin entiendo. ¿Cómo no me había dado cuenta?
(Siendo que la memoria es aleatoria, no comprendo porqué te has mostrado memorialista en esas declaraciones a dos chicos que  han intentado acercarse a nuestra generación con poca fortuna. En un libro que oculta gran parte de lo que fueron esos años, en el que los personajes centrales  no figuran por ningún lado. Claro que con informantes como tú se entiende que cayeran en el  error  esos angelitos. Por ejemplo nuestra generación fue básicamente salsa y no rock. Acuérdate de los llonja partys en el cuarto de Leoncio Bueno donde literalmente no cabíamos de gozo. En los talleres Tunjar no había una sola gota de rock. A lo mucho alguna canción de los Saicos y muchas gotas de ron. Y entonces a qué viene tu memorabilia, cómo es que te  sientes tan cómodo recordando por tu cuenta lo que no fue?)
El problema es que ya estamos viejos, y como quien calla otorga debo precisar lo siguiente: como buen bailador prefiero la salsa dura, igual que la poesía dura prefiere a un buen poeta antes que a la salsa romanticona o sensual. Y a ti jamás te ví bailar salsa en la Chapelle Lombarde ni en el New Morning. Se entiende que para mí la poesía es Forma, casi escultura. No esos versos largos como sábanas desteñidas que tanto te gustan a ti y a tu piraña del facebook. Lo que  no pasa, por lo que lleva más de insulto que de crítica es que digas de mí lo que me avergüenza por ejemplo de tu propia poesía: que era fofa, blanda, y grosera. En ese sentido está claro que el flaco Málaga lo hizo mejor. Más huevos y mejor torta. Porque, diciéndolo todo de una vez,  Málaga hizo en Poesía todo lo que tú siempre quisiste hacer. Y  te dejó sin piso. Te quedaba sin embargo tu admiración secreta del ñeque y la potencia que tenían Pimentel y Juan Ramírez. Por lo que quisiste formar parte de su rumba pero algo falló. Entonces llegaste a la conclusión de que lo mejor era dinamitar Estación Reunida, cosa que te demoras en hacer hasta ahora.  Vives en una explosión lenta como en esa película de Antonioni, Blow Up. Por lo que te aconsejo que vengas a vivir al Perú o en su defecto a Chile que no está mal. Porque en París no eres nadie. Aquí todavía te puedes pelear conmigo. Hasta podríamos hacernos una pichanguita en la playa si la hubiere. Pero, por favor devuélvele los negativos de la foto con Bolaño a Margarita  porque son suyos. No te hagas. Y reconoce que, sin cachita, escribo bien.
Vladimir Herrera.