lunes, 28 de noviembre de 2016

USANDIZAGA RECUERDA A MARCOS ANA.



RECUERDO DE MARCOS ANA

 Me acuerdo de cuando asistí al ensayo de una de las primeras obras del grupo de teatro La Cuadra de Sevilla. Fue en París, en una sala pequeña no recuerdo de qué distrito, posiblemente en el Barrio Latino. No era un ensayo abierto: éramos amigos de algunos de los componentes del grupo, y estaban allá también otros amigos españoles Estos amigos vivían en París porque a ojos de las autoridades franquistas estaban metidos en cosas demasiado serias.  Otros, como mis amigas y yo, acudíamos como estudiantes de postgrado a los cursos de A. J. Greimas y Oswald Ducrot en la École des Hautes Études en Sciences Sociales; y, cuando nos lo permitían, porque con ellos no estábamos inscritas, a los de Julia Kristeva en Jussieu y Roland Barthes en la propia École.

 Por lo heterogéneo del grupo, usualmente no entrábamos en profundidad en los temas políticos, solo a veces, en petit comité. Pero todos sabíamos por dónde iban los tiros. Ese día, en el ensayo, en las filas de atrás, estaba sentado un hombre de porte austero, que, si la memoria no me engaña, llevaba una camisa azul gris que, dadas las circunstancias, resultaba bastante elegante. Nuestros amigos nos advirtieron con delicadeza de que podía ser que lo encontráramos algo raro, ya que había pasado la mayor parte de su vida adulta en la cárcel, y concretamente le resultaba un poco difícil hablar con las mujeres. Y eso que Marcos Ana, porque de él se trataba, hacía ya más de diez años que había salido de prisión.

 Nos asaltó un gran respeto y casi reverencia, pero al final la conversación fluyó tranquila. Me parece que en aquellas épocas nos comunicábamos con una especie de cortesía peculiar, hecha de gestos de la clandestinidad y de la soledad emocional que generaba. También recuerdo que las conversaciones oscilaban entre temas candentes y explosiones de humor entre ibérico y cosmopolita, que a veces se prolongaban por horas. De nuevo, si la memoria no me traiciona, la obra que se ensayaba era Quejío, que se representaba en París en esa primavera de 1972. El ensayo trabajaba con sonidos rítmicos de zapateo y golpes con un palo en un bidón y con el cante dramático por martinetes, tarantos y seguiriyas en medio del silencio, y pulverizaba la idea subalternizante del folklore andaluz que había propiciado el franquismo. Tanto Marcos Ana como todos nosotros escuchábamos sobrecogidos ese sonido rítmico y profundo.

domingo, 27 de noviembre de 2016

PARA DANTE CASTRO, UN REVOLUCIONARIO AGUANTAO.










  


Mi estimado, no he tenido oportunidad de conocerlo personalmente, pese a vivir en el mismo país. Sé por amigos que usted vive del cuento, quiero decir, de la narrativa. O que por lo menos con eso ha logrado usted cierta notoriedad aunque poco mercado. En este país ya se sabe, nadie vive de lo que escribe. También sé de sus posiciones izquierdistas- agua hervida de su fervor- y razón de ser de su fe revolucionaria más teológica  y cristiana de lo que usted mismo podría admitir. Más allá de eso no tengo mayor referencia suya y no es aquí donde me ponga yo a destrozar su obra si es que la tiene. Sucede que en esta maldita cosa del fb encuentro opiniones suyas sobre el recientemente desaparecido poeta Rodolfo Hinostroza que me han resultado de una indigencia moral pavorosa. Opiniones las suyas que revelan a un autor marchito en su propia mezquindad, aupado a una revolución- la que fuere- como aquella que hizo el hombre que no pudo correrse. Porque está claro que pese al Callao y  las gordas del amanecer usted no ha podido correrse. Su fondo católico no le deja. Semen retentum venenum est. Algo le quedará de eso, desde su infancia jesuítica. Por lo tanto debe usted saber  que pasar de los jesuitas a la guerrilla resulta anecdótico. Es lo que se espera del sujeto históricamente bien constituido, mire usted a Fidel. La pena es que usted no es Fidel.  Usted pertenece a ese segmento de la izquierda, el más infiltrado y penetrado por la Policía Nacional, el Apra y los servicios del papito del norte desde por lo menos el año 65. Están los archivos publicados. No veo pues, motivo de gloria  ni hazaña en pertenecer a eso.
Entonces, ¿por qué usted, que no es poeta, ni lo será nunca, se mete con la memoria de un poeta como Rodolfo Hinostroza? Métase con todos esos pajaritos que viven del cuento, narradores de ocasión y chuscos que no tienen la más puta idea de lo que es poesía. Esos que conversan en fb. Y alaban sus opiniones. 
A Juan Cristóbal, poeta que aprecio y admiro, le he aguantado sus desatinos izquierdistas respecto a Hinostroza. A usted, NO. Mi querido Dante cagante. Alighieri le aconseja que más bien se cuide de las palabras de un poeta. O de sus maldiciones. 

viernes, 25 de noviembre de 2016

ENTRE JESÚS RUIZ DURAND Y JAKOB WASSERMAN.


ENTRE JESÚS RUIZ DURAND Y JAKOB WASSERMAN.
 ESCRIBE VLADIMIR HERRERA.
Se sabe que en la distancia corta, en el infighting, es donde se ve la calidad del artista. Este símil reza mucho cuando ese artista es un plástico. Todo pintor respira como un boxeador ante su cuadro. Mismo si el artista digitaliza imágenes, márgenes y conceptos. En la distancia corta se lo juega todo. Pero es que, además, en el caso de Ruiz Durand florecen esa luz y esa sombra de las que hablaba Eielson en medio de circunstancias históricas, o mejor dicho de un pasado futuro siempre presente, en una exposición abierta ni más ni menos que en el Callao, sitio histórico por excelencia en el que todos los peruanos lo somos más.
Desde sus inicios, Ruiz Durand, el artista visual, nunca se separó un tantito así de la historia, pan de todos los días. Desde su Tupac Amaru hasta estas sus Profanaciones y Enmendaduras, se intuye la presencia de  los que no salieron en el cuadro, de los que fueron negados por la escasa realidad, pero que estaban allí en los aledaños.
El Rumor o el silencio que habitan el rectángulo narrativo del último reposo del Inca sólo son comparables a lo descrito por Wasserman  en la traducción de Miriam Dauster de “El relato más hermoso de este siglo en lengua alemana”. Lo dijo Thomas Mann. Se trata de Das Gold von Caxamalca, de Jakob Wassermann, de quien dijo el mismo Mann que era la estrella mundial de la novela.
Se trata de un relato vibrante y luminoso, y lo digo solapeando porque no hay otra manera de decirlo, que hace el caballero Domingo de Sora Luce por entonces a las órdenes de Francisco Pizarro sobre lo que atañe a la prisión y muerte del último gran Inca Atahualpa. Pero eso es la anécdota porque Wassermann, llega a verdades más profundas.
Nunca, ningún relato histórico me había hecho imaginar la mirada o el rostro del Inca, ni sentir el aire de su prisión poblada de sus vasallos y sus mujeres. Todo frente a lo atroz que en nombre de la fe se iba a cometer.
Se entiende en el relato cómo la codicia puede más que el miedo que sentían las huestes de Pizarro rodeadas por el ejército innumerable de Atahualpa.
Conmueve el castellano tan bien hablado del Inca y su descubrimiento, en el trato con sus captores, de que Francisco Pizarro no sabía leer ni escribir. Lo que disimula con una delicadeza sólo comparable a su espanto al ver cómo se mataban sus carceleros en disputas por el oro del rescate que iba llegando a Cajamarca.
Lo que asombra es que Wasserman, de origen judío, hiciera tamaña literatura basándose en el  libro de  William Hickling Prescott History of The Conquest of Peru, de 1847, y la publicara en Viena el año 1923. Miriam Dauster dice que en El oro de Cajamarca el acontecimiento histórico, la trama externa, se convierte en el drama interno del narrador protagonista que intenta sobrevivir a los ecos que le siguen llegando de aquella maldad colectiva. Para mí, eso es gran literatura. Wassermann, el judío negado por la realidad literaria alemana, se vale de la historia para reconsiderar la vida.

Lo mismo hace Ruiz Durand el huancavelicano, como si de una meditación se tratara, enfrentando a la historia con su arte. Las dimensiones en Wasserman y en Ruiz Durand llegan a ser clásicas. La luz del silencio del Inca es la misma que había imaginado leyendo aquel relato que ni por asomo es conocido por los escritores de este país.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

CONSTRUYENDO UN POEMA HINOSTROCIANO. WORK IN PROGRESS.


EVENTO: WORK IN PROGRESS. CONSTRUYENDO UN POEMA HINOSTROCIANO.

La revista Trafalgar Square y SISA, Residencia de artistas, convocan a la construcción de un poema polifónico  en memoria y homenaje a Rodolfo Hinostroza.
Para la selección de los participantes, hacen las veces de jurado: Doctora Helena Usandizaga, de la Universitat Autònoma de Barcelona, Dr Pedro Granados, VASINFIN, y Juan Yufra, profesor de la Universidad San Agustín de Arequipa. 

Los creadores invitados a participar, más de tres y menos de nueve- se alojarán por cuatro días en Sisa, Residencia de artistas. Donde, en aislamiento, además de asistir a las seis conferencias  se dedicarán en forma de taller  a la construcción del poema- homenaje al gran Rodolfo Hinostroza.

Contamos, via Skype, con la participación del poeta uruguayo Roberto Echavarren Warke y del poeta cubano-barcelonés Rodolfo Häsler.

Los creadores invitados a participar deberán tener menos de treinta años de edad y alguna obra publicada.

El evento se desarrollará del 15 al 18 de diciembre.
La lista de invitados participantes se dará a conocer el miércoles 7 de diciembre.
Comunicarse a aucells2009@gmail.com

lunes, 7 de noviembre de 2016

Adieu l’ami, a Rodolfo Hinostroza.

Adieu l’ami, a Rodolfo Hinostroza.

No quiero hacer una nota sentida acerca del final de Rodolfo Hinostroza. Tampoco quiero hacer un poema, un de profundis liberador de  pena cualquiera. Nada de eso. Pero es muy difícil quedarte callado con tan inmensa pérdida. En poesía, tan grande como la del mismo Vallejo. Llenar el vacío que deja Rodolfo equivale a llenar el que deja un mamut en una cueva ártica. Porque Hinostroza es la verdadera voz tronante de la poesía hispanoamericana. No hay, no habrá en lo próximo cotidiano ninguna igual. Y corre el tiempo. Las nuevas generaciones envejecen. Pronto los atisbos y estudios sobre su obra irán llenando mesas y estanterías. 
Destino de poeta, hijo de poetas. Su padre y su madre lo fueron. No dejó en ningún momento de serlo. Su apuesta por el porvenir, sus ganas de vivir cien años- me lo dijo mientras yo conducía- su voz de cazalla con la que cantaba maravillosamente mientras uno pensaba que él era el augusto soberano de la melancolía, el vals que cantábamos en París y repetíamos a la primera de cambio.
La rebeldía cotidiana de Hinostroza y su alto sentido de la amistad corrían por el mismo camino. Me resultaba difícil con él emplazar temas políticos. Con método sutil terminábamos hablando de poesía como dos provincianos que  éramos. Un día me dijo que me tenía aprecio por ser el único de sus amigos que no le tenía envidia. Me dejó pensando que en Lima las amistades tenían sus riesgos. Su rebeldía ante las ideologías era palpable, pero nunca vi en él la mínima impronta reaccionaria. No  podía ser reaccionario porque era un artista cabal. Todo esto es muy difícil explicarlo al auditorio izquierdista contemporáneo necesitado de héroes. 
De su obra hay muchísimo que decir. Lo harán otros mejor equipados que yo.  Sólo me detendré en el Premio Maldoror de poesía por Contranatura. El jurado estuvo formado por Carlos Barral, Gil de Biedma y Octavio Paz. Aquella vez Paz le dijo a Rodolfo que ese libro cambiaría su vida. Y así fue. Le abrió las puertas de Barcelona, Paris y México. Fue una época rutilante. Hinostroza se movía a sus anchas y para eso era bueno. Tenía sentido de la gloria literaria y sabía cómo gastarla cosa que no ocurría con los otros. Ribeyro era discreto y desconocido y Brice recién aprendía a venderse. 
Una noche en Montparnase, más precisamente en la Coupole, con el poeta venezolano Pepe Barroeta decidimos visitar a la hija del dueño del Nacional de Caracas. Mariana descendió la escalera de película con un perro grande que fue a la mano de Hinostroza. El poeta preguntó si mordía. Y la hija de Otero Silva dijo muerde. Sin embargo el poeta sonrió con la bella sonrisa que tenía. Y con la mano sangrante. La noche fue larga por culpa de una botella de cinco litros que, como Paris, no se acababa nunca. París era una fiesta. 

PITTSBURGH O CHURATA Y EL CHURATISMO.

CHURATA Y EL CHURATISMO.
                                              Vladimir Herrera.
Sorprende que en la foto más difundida del Symposium de Pittsburgh se encuentren puros machos sin bandera muy ufanos cuando se sabe que por lo menos la organizadora en sede ha sido la doctora  Elizabeth Monasterios y que también estuvo la autora de la mejor edición del Pez de Oro publicada en ámbito hispanoamericano por Cátedra, la canónica editorial española. Hablo de la doctora Helena Usandizaga de la UAB. Fueron invitadas también la profesora de la Universidade Federal Santa Catarina, la catalana Meritxell Hernando Marsal, y Maya Aguiluz Ibargüen de la UNAM de México.
Es posible que en la organización del evento haya habido poca preocupación iconográfica ya que se sabe que a los académicos les importa poco, por ejemplo que el cartel sea diminuto. Lo que importa es que la grandeza de Churata y el sentido de su obra hayan sido preservados en tiempo y lugar. Salvo algunas inconveniencias. En los agradecimientos que hizo el heredero de Churata, luego de largo anecdotario circuló cierto estupor en sala cuando en tono de queja se refirió  al trabajo de la doctora Usandizaga. La impresión que dieron las palabras de Amaratt Peralta es que hablaba por boca de ganso. Es decir que, al no ser especialista, había sido aleccionado por otros churatólogos allí presentes, los puneños para ser más preciso: uno levemente apristón y ya de cierta edad y el otro de labios delgados pero con fuerte vocación arribista. Lo que estaba en el discurso eran las ediciones de El Pez de Oro que hasta ahora se han hecho. Al respecto debe quedar claro que la edición canónica de Cátedra es en mucho la mejor y más importante (las ediciones de Cátedra llegan a un público  lector muy amplio, pero apuntan en primera instancia a un público académico que no admitiría que se editara sin criterios científicos o que el editor se tomara libertades, como cambiar el texto según su capricho. Son ediciones de consulta y referencia que pretenden establecer y fijar el texto e introducirlo y anotarlo de manera clarificadora), dejando por la pata de los caballos a las demás, por más cariñosas y bienintencionadas que hayan sido. Y es que la actuación de los herederos  por lo general suele adolecer de maracas y mambo: el caso por ejemplo de los herederos de Valle Inclán  que casi nos privan de su albedrío o de García Lorca que nos dejan tartamudeando en andaluz precoz. Y el más reciente de la viuda de Bolaño persiguiendo a la última compañera y amante del genio chileno. Digamos que todo eso tiene sus bemoles. Y más vale pasarlo por alto.
Volviendo a mis paisanos tercamente presentes en el simposium de Pittsburg de ellos debo decir que imagino sus tarjetas de presentación con el sello de agua de tan magno evento recordándonos a todos  que por allí pasaron. 




martes, 18 de octubre de 2016

DENÉVOLA FISH Y La generación del biberon bicentenario.

Denébola Fish o la generación del Biberón B.

Acierta Pedro Granados cuando transita de su preocupación por el poeta más vivo del Perú a la preocupación por el quien es quien entre los poetas jóvenes y más jóvenes, del Perú, la generación, que no diremos quinta, del Biberón Bicentenario de la poesía peruana. Porque a esta altura los cuarentones y cuarentonas, percherones unos y pecheronas otras, a los más viejos nos comienzan a interesar menos. Será así? A Granados debo reconocerle su gran capacidad de meterse en camisa de once varas y salir bien peinado del intento. Humor y acidez sostienen su acento crítico. Pero es que él, a más de buen poeta es un excelente profesor universitario. Cosa que no es el caso mío. Porque el suscrito sólo es un poeta que vive en la montaña como un Pessoa al revés- porque Pessoa fue al campo y sólo vio yerba- y mi acercamiento a la poesía escrita por jóvenes ha pertenecido más bien al orden de lo sensible, a ver si se me contagiaba la juventud de esa manera. 
Y como se mueve uno entre pasiones que van y pasiones que vuelan con el tiempo como sombra que todo lo delata incluso las posturas y las imposturas de algunos propagandistas y delincuentes, que no poetas. Recuerdo y  digo que alguna vez asistí a un enfrentamiento, el de la tacneña Denébola Fish y el chileno Hernández Montesinos en el Cusco, en el patio de mi casa luego del cual el chileno salió cojitranco aunque la cojera le viniera de lejos. La tacneña le mostró carácter a pesar de que  más tarde tuviéramos que separar de sus furias  a Lena Orduña y Mirtha Pecho poetas ambas de esta esfera sureña del mundo que ya se iban a los golpes. Con esto quiero decir que el  quién es quién de la poesía joven supone mucho más fervor del que habitualmente usan los estudiosos del asunto. Fervor y hervor que decían los antiguos en el que perece la juventud ignorante de su belleza y su arte.

Pero no todo estuvo perdido en aquella noche habanera de lenguaje y de mareas. Las mañanas ya no se alquilan/sólo se venden/y como no puedes comprarlas/las traficas./    Ahora nos sorprende la aparición de AUTOBLUES de Denébola Fish, la Tacneña que cuadró a aquella hirsuta criatura de Zurita  ¿Será que alguna materia poética sustancia también  asuntos de fronteras patrias?

A riesgo de afectar este ejercicio de estilo iré mejor al centro de lo que él tiene de evocación literaria: AUTOBLUES merece ser considerado como uno de los mayores logros de la poesía escrita por mujeres  en esta parte del Perú que llega a colindar con Chile. Poesía hecha lejos de Lima y contra Lima. Poesía tratada con esa especie de sal gitana que tienen  las olas del Pacífico sur. Poesía vagabunda del genero road movie hecha de amor y mariguana  contada con las horas de Easy Rider, tan fuera de las modas y tan cerca del abismo. 


Hasta aquí, perdonareis, mi evocación. Como autor me debo también al Catálogo de las Naves de Homero, y no renuncio a repetir de manera desordenada algunos nombres de mujeres que han hecho y hacen poesía en el Perú: Julia Ferrer, Magdalena Chocano, Inés Cook, Lena Orduña y ahora esta novísima Denébola Fish. Aunque el verdadero Catálogo se lo deje por hacer a mi amigo Pedro Granados que, más apto que yo, se la pasa escrutando la actividad literaria de los jóvenes muchos de los cuales se van acercando desconsoladamente a la Edad de la Razón que titulaba Sartre. Generación del Biberón Bicentenario pues, y la promesa de una lectura atenta del futuro que no pudo ser por hallarse uno entretenido con las lejanías del poema y el tormento de la juventud deseante ya perdida.  V.H.

miércoles, 5 de octubre de 2016

FIGURA DEL ARLEQUÍN, LA VOZ DE LA POESÍA DE JUAN YUFRA. ESCRIBE HELENA USANDIZAGA.



Foto de Marina Herrera. CAER AL FONDO DE LA PROPIA LENGUA: LA VOZ DEL POEMA EN FIGURA DEL ARLEQUÍN, DE JUAN YUFRA
Helena Usandizaga
No es lo mismo una alemana pre-hitleriana que un peruano post-moderno; o, dicho de otro modo, los discursos sociales y el espacio interior que dan lugar a la lengua de la escritura, y sobre todo a la lengua poética, no tienen en las culturas marginadas y fragmentadas el mismo tipo de entidad que en aquellas culturas que dominaron el mundo y que fueron su centro. Pero cuando esas culturas dominantes “se vuelven locas”, como en el momento del nazismo, se cancela la supuesta –si es que alguien la supuso alguna vez- superioridad de las mismas y ese espacio tiene el mismo valor que para las culturas menos prestigiosas: ambas se igualan en un lugar de resistencia y de fecundidad de donde brotan las únicas palabras que nos mantienen como humanos, porque “no fue la lengua alemana la que enloqueció” con el nazismo, dice Hanna Arendt (Arendt, 1964: minuto 38’43). En esa famosa y fascinante entrevista de Günter Gaus a Hannah Arendt en el año 1964, el entrevistador le hace a la entrevistada dos preguntas clave: si volvería a la Europa pre-hitleriana, si la añora,  y qué queda de su mundo tras la huida y la migrancia, y (algo que ella precisa) también del uso de varias lenguas. La respuesta de Arendt es rápida: No volvería a la Europa prehitleriana. Y queda la lengua materna. ¿Qué significa “lengua materna”? En su caso, explica Arendt, es simple: una buena cantidad de poesía alemana aprendida en la infancia, poemas que siempre se mueven “in the back of my mind”, y señala un lugar de su cabeza. Esta ubicación espacial de la lengua que hace al sujeto no es casual: hablamos de un lugar interior, que en el caso de Arendt se ha configurado a partir de una lengua fuerte y central, a partir de textos canónicos e igualmente fuertes. Pero, aunque Arendt no lo diga, no es solamente este material canónico el que conforma la lengua interior, sino también una resonancia de voces, de tonos y afectos, aprendidos en la infancia. Incluso es posible que en esta “lengua interior” se mezclen varias lenguas, pero lo que es seguro es que cada espacio interior es irrepetible y genera la originalidad del poema. Pues ese espacio es también el lenguaje, o parte del lenguaje, del inconsciente y de las emociones, ese “núcleo de oralidad primaria” (Dorra, 1997: 70) que corresponde a los primeros estadios de la formación, ese “sitio interior” (Dorra, 1997: 70) que configura una lengua que tal vez no hablamos con los demás, pero que nos habla y que habla en el poema, la “douce langue natale” del alma en la “Invitation au voyage” de Baudelaire.
El libro de Juan Yufra parece comenzar negando la pertenencia de nuestro lugar interior en dos citas en el epígrafe: “las palabras no son de nadie” y “con la palabra hay que ser cruel”. Y algo de eso hay, porque al lado de la fluencia de la palabra poética hay en este libro una insólita crítica al lenguaje. No obstante, el cuestionamiento se da siempre desde esta intimidad con la palabra, que incluye resonancias de la conciencia y del inconsciente tanto como ecos de poemas de la tradición vanguardista y actual: Hidalgo, Westphalen, Herrera. Pero “la vida erosiona/ siempre/ las primeras cosas que aprendes” (45), y todo el libro es también un rastreo de esa palabra y de su existencia en relación con el mundo, de su interacción con la lengua social, colectiva; de su perpetua puesta en duda: “¿Sólo sobreviven aquellos que se pierden/ en la oscuridad de la página que no pueden ver?” (Yufra, 2015: 22).
No es casual tampoco que, si la lengua es un lugar interior, el poema que la hace fluir y que la cuestiona sea también un lugar de la imaginación y de la memoria. El océano, el horizonte surcado de pájaros que vienen a posarse en el poema, la arena donde la mano traza signos que se borran, escuetas piedras y secas lagartijas, algunos queñuales, son el escenario del poema y de su soledad. Este decir no postula un anclaje referencial, pero tampoco lo niega ni lo oculta; el lenguaje se deshace para crear su referencia a partir de las “antiguas hojas imprevistas de queñual” (23). En este escenario primordial, con la caza y la pesca como rastreo del significado, los objetos arden en el papel y la voz se deshace sobre la arena. Y en él, la palabra no es tan douce como en el poema de Baudelaire, y el recuerdo platónico no es tanto el de un abstracto y paradisíaco lenguaje del origen: más que una palabra primordial, lo que nos precede y nos habla es nuestra palabra, la del yo y la del otro, nuestra voz, fraguada a la vez en una palabra que precede al sujeto, y en una que existe y que habla a todos: “Si alzo la voz es para estar adentro/ -entre las palmeras-/ en la palabra cuya existencia nos precede” (43).
Una lengua que, en su decir oscuro, se hace garante de la existencia de las cosas: “Solo se abandonan las cosas que dejamos sin nombre” (44). Y escribir es también “señalar el lugar donde reside la poesía” (46); ya que las palabras de familia que guardamos “no son palabras comunes” (24). No obstante, nada se da por hecho; el mundo y las palabras se persiguen en un desciframiento imposible, tanteando la revelación: “Tal vez opaco río surca/ Lo remoto/ Ataja palabras” (24). Se trata de explorar en la oscuridad buscando o hallando otra luz, pero constantemente la palabra se cuestiona en ese su intento de decir el mundo o de que el mundo la diga: “Qué signo traduce lo que digo/ Qué otros son necesarios para nombrar/ -esta garúa-/ Un círculo flota en los ojos y no lo ves” (24).
A lo largo del libro, signos erosionados y objetos errantes se unen y se separan, y se llega a afirmar: “En cualquier objeto no existes, Poesía/ -es simple, no existes” (14).    Y el “Árbol/ en hoja de cuaderno” será “Malahierba (18). Encuentro y desencuentro de palabras y mundo, que se dicen uno a otro, se crean y se destruyen: “una palabra simple deshace la luz”, pero también “ella será la señal de las cosas que vimos” (12); “el cuerpo/ deja lumbre, pistas para los que siguen” (21).
Pues este es un lenguaje cuestionado: en “El signo de Tauro”, el sujeto que habla, en un estado de vigilia distraída, ve disiparse el poema, “no recuerda el viento que mueve/ la arena de su boca”, “husmea/ cree saber/ cree descifrar una señal opuesta” (37). Desconoce la torpeza de su lengua que “se enreda/ que tropieza y balbucea solo algunas olas”; en su astucia dice las palabras pero las evita hasta que “Cae -por fin-/ al fondo de su propia lengua/ con los ojos cerrados sueña – inseguro” y unas mujeres “desoladas/ trazan con sus dedos –en la tierra- una línea/ ¿no pueden hacer otra cosa?/ sus ojos han dejado de ver algo/ que aún persiste/ en el suelo”. El trayecto del poema no lleva a ningún triunfo, sino a este desolado decir y a sus destellos de sentido y de emoción.
El poema “Fábula”, parece evocar el del mismo título de Octavio Paz; pero, frente a la recuperación momentánea, en el poema de Paz, de aquella palabra primordial que garantiza la unidad del mundo y del ser humano, el poema de Yufra, menos enfático, sólo pretende, como en todo el libro, ese escribir, “escribir y señalar el lugar donde reside la poesía” (46), o trazar, “al fin y al cabo con tiza”, “algo en medio de las cosas”, esconder la palabra perenne “sobre el follaje de líneas” (35). Y la voz, “viento extraviado/ desolado en las tejas” lleva a la ausencia de sentido: “nadie entiende/ nadie observa las piedras que surgen imprecisas” (35).
En este sentido, la figura del Arlequín, de una épica en sordina, preside la perspectiva de varios poemas: “Yo cerraba los ojos para morir y no moría” (29). El Arlequín es el personaje carnavalesco, camaleónico, a la vez diablo e ingenuo, el sujeto pobre y por momentos astuto (“Tengo derecho a perder la memoria/ A olvidar todo lo nombrado”, 29), por momentos sabio y melancólico: “Sólo se abandonan las cosas que dejamos sin nombre [...] Sólo nos acercamos a lo que está distante” (44).
Aunque, a veces, se recupera el sentido de la escritura: el tipógrafo y el poeta inventaron el único laberinto que justifica la existencia, y es posible mover las cosas, “llevar las piedras/ que lanzamos/ a sus orígenes” (15), aunque hay también un cuestionamiento de la escritura frente a la vida; esas piedras en el pecho que en otro poema solo servirían si llegara una manifestación, una causa (25). Y la eterna paradoja que no se resuelve: escribir que la vida es mejor que la escritura.
En el silencio
Trazo una ruta con el dedo índice
-Nunca llega a tu cuerpo-
¿Abrir los ojos?
¿Mover la corteza del agua empozada?
Es preferible dejar las cosas como están
(encima de sus sombras)
Mejor echarse en la orilla -divisar
         la línea de cerros y eucaliptos
Es mejor que tantas palabras –escribo
(16)

REFERENCIAS
Arendt, Hanna (1964). “¿Qué queda? Queda la lengua materna”. Entrevista de Günter Gaus, emitida por la televisión de Alemania Occidental el 28 de Octubre de 1964. https://www.youtube.com/watch?v=WDovm3A1wI4
Dorra, Raúl (1997). “¿Grafocentrismo o fonocentrismo? (Perspectivas para un estudio de la oralidad)”. En Memorias de JALLA Tucumán 1995, vol. I. Tucumán: Proyecto “Tucumán en los Andes”: 56-73.

Yufra, Juan (2015). Figura del arlequín. Arequipa: Cascahuesos.



lunes, 26 de septiembre de 2016

AMIGOS CLANDESTINOS Y CARMEN PÉREZ DE VEGA.


Amigos clandestinos y Carmen Pérez de Vega.

1.-

El artículo de Ignacio Echevarría  en el suplemento de El Mundo que Carmen Pérez de Vega le hizo llegar a su amiga H.U. porque ambas habían conversado extensamente en los últimos tiempos acerca de la persecución incesante de la viuda Carolina López a la compañera y amante de los últimos años de mi amigo Roberto Bolaño. La bien llamada Carmen Pérez de Vega. El artículo, digo, de Ignacio, deja ver en tafetanes níveos y con sutil premura algo que los cercanos al asunto veníamos observando de unos años a esta parte: el cambio repentino de Carolina López hacia todos y todo lo que supusiera la existencia de Carmen Pérez de Vega.  Los pormenores están expuestos en Bolaño Borrado,el artículo de Echevarría donde trasluce una Carmen Pérez de Vega más borrada aún. porque no me cansaré de señalar que la negación de su existencia es el verdadero motivo y razón de hacer de la viuda y madre. Los celos filosóficos que suelen ser retroactivos y la voluntad del dinero han hecho posible esta persecución inane de la esbelta y última amante de Bolaño. La misma que según cuenta H.U. nunca por nunca pidió nada del legado del famoso escritor y más bien decidió perderse por el Amazonas un buen tiempo. 
Los que somos sensibles a los temas legales por haberlos sufrido sabemos lo que significa una demanda millonaria de lo que sea y por lo que sea, contra alguien que como Carmen sólo vive de su trabajo. Adjuntemos que el peso del dinero de la demandante será un auténtico suplicio para la demandada que no hizo nada salvo ser la compañera de los últimos años del chileno.

Con Ignacio Echevarría de visita en Cusco por razones familiares, hablábamos de Roberto, la enfermedad de Montano y su repentina fama. Le sugerí que le dijera que se viniera al Perú a alivianar sus males. Tiempo después Roberto pasó a mejor vida pero su fama siguió creciendo. Con H.U. había él compartido  eventos varios razón por la que H.U. simpatizaba con esa chica delgada que siempre acompañaba a Roberto y de la que terminó haciéndose amiga. Para los desprevenidos debo señalar que H.U. es mi mujer de toda la vida. No sea que también seamos demandados por un quítame de encima esta pena. V.H.

2

Cuando Carmen Pérez de Vega recuerda sin dramatismo ni sentimentalismo aquellos años de su vida con Bolaño, una se imagina las conversaciones, las risas, los placeres compartidos, el apoyo a la escritura cotidiana, las discusiones entre dos inteligencias que saben enfrentarse y encontrarse con pericia y lucidez. Las estrategias ante la enfermedad, los viajes al hospital, las señales intercambiadas entre ambos en la UCI sin mencionar lo extremo del momento.

Los pasos de una memoria que la acomodada viuda Carolina López también querría borrar, el derecho al recuerdo y al olvido de los momentos vividos, a la melancolía y a la vida que generan; la fuerza de lo vivido que se querría hacer desaparecer al borrar a quien recuerda, al negar la existencia y la historia de Carmen Pérez de Vega.

H. U.

sábado, 9 de abril de 2016

Raros y solos. El gran artículo de Gregorio Morán en La Vanguardia de Barcelona.

 
Raros y solos. O. Lamborghini (y 3)
Osvaldo LamborghiniNo cabía que pudiera ser otra cosa que un poeta insólito, brutal; de la basura textual a la genialidad

Ya es ironía de la vida apellidarse  Lamborghini, que suena a lujo y exquisitez italiana, y dedicarse a la literatura. Osvaldo Lamborghini había nacido en Necochea, una pequeña ciudad playera a poco más de cien kilómetros de Buenos Aires, en una familia bien venida a menos. Es curioso, no hay que yo sepa ningún escritor que provenga de una familia bien llegada a más, y a lo mejor el motivo se reduce a que, de ser así, ninguno de sus miembros acumularía las frustraciones necesarias para dedicarse a la literatura. O quizá no, y la casualidad se reduzca a que cuando a uno le va bien dispone de una gama tan amplia de posibilidades que le evita empozarse en un mundo tan siniestro como es el del arte de las palabras. ¿Que no es siniestro el mundo de la creación literaria?

Que se lo pregunten a Osvaldo Lamborghini, y no digamos si lo hacen a quienes tuvieron la suerte o la desgracia de encontrárselo en la vida. Porque es verdad, no se engañen, los escritores son encantadores cuando se les lee, incluso cuando son retorcidos y malotes como ajados putones verbeneros, ¡oh, qué prosa!, ¡qué fuerte!, ¡qué párrafos seminales!, ¡Osvaldo, que grande sos!... Pero digámoslo todo, en vivo y en directo algunos hay que son para darles de comer aparte; como las fieras, los enfermos y los zelotes.

Osvaldo Lamborghini era un maricón desorejado que vivió con mujeres adorables e incluso tuvo-tiene una hija encantadora. Un porteño asimilado que nació como digo en una familia bien que por muy venida a menos, de evidente prosapia italiana, siempre conservaba un cierto patrimonio que el heredero Osvaldo no acababa de recibir ("amí sólo me traiciona mi madre / que en morirse tarda tanto") y que tuvo por norma no escrita de una vida breve la de abocarse siempre al límite. Los límites de la vida, del gozo y de la literatura. La historia de Osvaldo Lamborghini hay que seguirla en un orden digamos que inexistente y que está basado en las fronteras de los límites, es decir, lo que no hay.

Así fue la vida de Lamborghini y así es su literatura, un tejer y destejer infinito de situaciones, palabras y significados. Aparece como de la nada, pero con mucha cocina detrás, en 1969, con unas páginas inclasificables conocidas como El Fiord,y luego otras, no menos desbordantes de imaginación y talento narrativo, al servicio de los relojeros de la literatura, que no son los que dan cuerda a los relojes sino los que desmontan las ruedecitas y las vuelven a montar de otra manera, y sorprendentemente el instrumento-reloj sigue sonando. Segebrondi retrocede,versión española póstuma Segebrondi se excede.Y por los espacios que deja una prosa pegajosa y dúctil y letal como el dulce de leche, unos versos, los Poemas.Así, sin adjetivar, y sin otro título que su propio ser poemas. Porque no cabía que Lamborghini pudiera ser otra cosa que un poeta insólito, brutal; de la basura textual a la genialidad. Y está la política.

No son años de silencio, sino de debate, peleas, panfletos, violencia. Osvaldo Lamborghini es peronista convicto y su historia, como es sabido, acaba mal. Hay que leer las tropecientas páginas de la apabullante biografía que le ha dedicado Ricardo Strafacce (Mansalva, Buenos Aires, 2008) para seguir con minuciosidad los tránsitos de esta vida breve. Seguirla, lo que no quiere decir entenderla, quizá porque hay vidas que no dan para entendederas. Y resulta que este tipo, por tantas razones impresentable, debía de tener algo especial, pues con la genialidad literaria no basta, para que haya gente, un puñado, ¿para qué más?, que fueron capaces de darle todo, de entregarse a él, a sus extravagancias, sus violencias, sus pendencias, sus esclavitudes... Una biografía como la de Strafacce es un acto inconmensurable de amor. Como la incombustible amistad epistolar de César Aira. O la entrega con armas y bagajes de una mujer, de seguro libre, capaz, inteligente, como Hanna Muck... Pero no nos adelantemos.

Habíamos quedado en el momento nada estelar de la política, el peronismo en su variante armada, ese tumor nada benigno que son incapaces de detectar nuestros scanners.Una versión lunfarda del camarote de los hermanos Marx, eso podría ser una discusión entre argentinos sobre Perón con un testigo español que se retuerce en la silla y cuyo único deseo provocador consistiría en ahorcarse con un collar de Evita Duarte. Fue un paréntesis quizá en la literatura de Osvaldo, pero tan lleno de vida, que parece un mal tango. Llegó a Barcelona el 30 de noviembre de 1981, "después del mediodía", nos señala preciso su biógrafo. "Esta inmunda ciudad", según sus primeras impresiones, tan malas que apenas si mejorarán un tanto en los meses venideros. "Es una ciudad quieta, triste, como un diamante que jamás cambiara de mano". Su experiencia barcelonesa será terrible de soledad y abandono. Pocos amigos, en realidad ninguno, fuera de una mujer mágica a la que encontrará en su vida el primer mes del año 1982. Hanna Muck. Imagino que el hecho de que ella fuera alemana de los Sudetes tendría algo que ver en esa insólita y rarísima mezcla de amor, delicadeza, entrega y paciencia infinita. Me rindo de admiración y respeto ante esta mujer capaz de cruzar todos los pantanos sin hundirse. Sin ella sería incomprensible la estancia terminal de Lamborghini en Barcelona, incluso dudo si hubiera sido posible.

Alcohólico empedernido, fumador de 50 cigarrillos diarios, bujarrón de urinario ("orgía: ciencia ficción sexual en labios de otro"), misántropo hasta la patología - no saldrá de casa en los siete meses de su postrera residencia en la calle Comercio, del casco antiguo, su segundo piso con Hanna Muck, el primero había sido en la concisa calle Berna de muy otro barrio, Sant Gervasi-.En Barcelona terminará su relato La causa justa,primera parte de un gran libro proyectado sobre La Gran Llanura de los Chistes,es decir, Argentina. Y parirá textos brutales, siempre en el límite de la literatura como vivencia y como juego, en la medida en que se puede llamar juego a la ruleta rusa. Las hijas de Hegel,por ejemplo, donde está presente como una obsesión el Martín Fierro de José Hernández, tan poco valorado entre nosotros, y también Kafka e incluso Mann, Thomas. La singularidad literaria de Osvaldo Lamborghini consiente admiraciones paralelas que harían palidecer a cualquier académico. No es literatura para profesores ni para lectores de Paulo Coelho. Estamos en otra dimensión de la escritura. "Yo quise que la vida fuera otra cosa / no la mal habida historia de un zorzal/ un reputo y una rosa/ Ahora ya nada espero/ ¡Camarero!".

Y también eso, más de doscientos poemas, algunos soberbios de factura y de fuerza. Murió el 18 de noviembre de 1985, cuando iban a cumplirse los cuatro años de su estancia aquí. "Tengo la impresión de que estuvo escribiendo en Barcelona hasta el último día sin perder el sentido del humor. Hanna, al volver del trabajo lo encontró en su habitación semiincorporado pero ya muerto. Vi sus restos en pompas fúnebres del hospital Clínic. Allí estábamos un peruano (Vladimir Herrera, que es quien escribe esta escena) y un catalán que lo conocía a través mío, Hanna y un personaje curioso que hizo un responso breve. No fue nadie más". Tenía 45 años y dejaba una obra única por su intensidad y ese juego maléfico de escarbar hasta llegar a los límites de las palabras y los sentidos, si es que ambos, palabras y sentidos, tienen límites. Una prosa no apta para menores ni adolescentes literarios. Parodiando a los viejos censores, habría que decir que es literatura para adultos sin reparos. En primer lugar, hay que buscarla. No la sirven en las bandejas de las librerías. En 1988 Ediciones de El Serbal publicó sus novelas y cuentos; para sus poemas hay que recurrir a Argentina.

Vivimos en una interesada confusión entre industria editorial y literatura, que hace difícil entender por qué nuestra industria editorial es más potente que nunca y nuestra literatura más moribunda que jamás. En un seductor panfleto titulado La literatura de izquierda (Buenos Aires, 2004), escribe Damián Tabarovsky un apunte aplicable al caso Lamborghini. "En secreto ocurre algo insólito: la literatura continúa. Es una tumba sin sosiego".

Gregorio Morán

La Vanguardia (26.12.2009)

lunes, 7 de marzo de 2016

Una Opera Futurista en la escena: Victoria sobre el sol.


El arte kamikaze es aquel nacido de la interpretación de lo contemporáneo o de la sutileza de la historia del arte cuando por ejemplo hablamos de cosas de apenas cien años atrás, o ciento diez años atrás. En un No-lugar del novecientos que florece con todos sus rayos por ejemplo en la Revolución Rusa. En una época revolucionaria en la que Matiushin hace la música para una ópera futurista en idioma transmental, Victoria sobre el sol, presentada en San Petersburgo, cuatro años antes del triunfo de la Revolución. Pero me interesa señalar que el vestuario fue diseñado por ese inmenso pintor que fue Kasimir Malévich. Todo esto puede parecer historia, pero es vanguardia cuando en un teatro cuzqueño, en un No-Lugar a las 7.20 te encuentras con la Victoria sobre el sol, sí, la misma ópera futurista de Matiushin y Malévich pero aggiornata, re-creada, lanzada al infinito por un músico, un poeta, varios músicos, varios poetas que han logrado con economía de medios, trasladarnos y conmovernos en un No-Lugar cusqueño de esta época de poca poética dónde nadie sabe a dónde va.
El cuadrado negro de Malévich convertido en péndulo movedizo proliferando en líneas hechas al mismo tiempo música. O al fondo una cancioncita boliviana consumando la aspiración estética. Y todo nuevo, extrañamente nuevo y diferente de lo propuesto hasta ahora en la escena peruana. Arte kamikaze le llamo por la convicción con que está hecho y por los efectos explosivos de su razón estética. Una Opera futurista hecha ópera audiovisual que va más allá de las religiones y los automatismos. Gracias a Alán Poma, Ximena Menendez, Lucero Paucar, Frido Martin, Gonzalo del Águila, Juan Francisco Ortega, Aldo Cáceda,Rolando Muñoz y Raúl Gomez. 

sábado, 5 de marzo de 2016

El SUEÑO DEL INSOMNE: ADIÓS A AMÉRICO FERRARI.

EL SUEÑO DEL INSOMNE: ADIÓS A AMÉRICO FERRARI
Por Helena Usandizaga

Como se extiende el viento sobre las aguas como
se levanta de la tierra la figura del fuego como
golpea la sangre sobre el metal amante del imán
-como todo de repente se yergue hacia el dios
que nos ha echado sobre el limo
como el dios mismo que eterno y cansado
renace de este limo
como nosotros que nos hundimos en la muerte
sólo para palpar a Dios
como todo eso
para siempre
para jamás
desde este instante nuestro de arena deleznada
de nada.

Américo Ferrari, “Como había de ser”, en Noticias del deslugar (2002)
Américo Ferrari nos ha dejado algunos de los mejores estudios sobre poetas latinoamericanos y peruanos, en especial sobre César Vallejo, pero sospecho que lo más querido de su escritura, para él, eran sus excelentes poemas. Tras su partida, queda su obra, y también la huella de su persona y de su personaje, irrepetibles.
Recuerdo muy bien lo que tan bien han contado de Américo Emilio Manzano y Vladimir Herrera, y añado algunas historias que lo completan. Lo que quizás no he pensado Emilio es que, ese día en que lo entrevistó, Américo hubiera debido tener la misma resaca que él, porque -aunque era más moderado que nosotros- se tomó esa noche unos cuantos wiskhies él también. Pero su cerebro, insomne y prodigioso, no acusaba los impactos del alcohol ni de casi nada. No creo que fuera por haber dormido mejor: realmente, Américo casi no dormía; era insomne en el sentido literal de la palabra. Seguía siempre pensando, a una velocidad de vértigo y con una lucidez prodigiosa, y no perdía sus modales aunque cayera la bullabesa sobre su impoluta camisa y sus níveos cabellos. Al tiempo que esa inteligencia sin desmayo, Américo tenía una vitalidad y un deseo de divertirse que le hicieron volver a Barcelona –se enamoró de la ciudad-, en los años sucesivos, a encontrarse con amigos y a salir a la noche barcelonesa. En realidad, venía como invitado de la Universitat Pompeu Fabra, a dar unos cursos de teoría de la traducción, pero aprovechaba para pasarlo lo mejor posible.
La conversación de Américo era única: sacaba algo de su memoria alucinante, luego un pedazo de su saber enciclopédico y al mismo tiempo ignoto, hacía un análisis agudo, y luego lo remataba todo con una frase entre mordaz y divertidísima. Podría pensarse que dejaba así fuera de juego a sus interlocutores, si no fuera porque lo que más le gustaba era el juego: que le provocaran y le contestaran, y la frase cumplía esa función; le replicábamos y él nos replicaba hasta el enfado amistoso o las carcajadas.

Esa mezcla de inteligencia y vitalidad tenía una extraña y paradójica consecuencia: un deseo de contemplación y de fusión y hasta podría decirse de trascendencia, como de movimiento hacia una añorada o perdida morada. Puede ser que la electricidad constante de su mente y de su cuerpo, agotadora, se relacione con el apagón de los últimos años, ese “abandonarse al mar” (Noticias del deslugar) que es el sueño del insomne. Que ahora el sueño definitivo sea para Américo lo que dice su poema de Tierra desterrada: el "fresco sueño/ vértice de aurora oro/ de mi arena de mar".