miércoles, 26 de julio de 2017

Helena Usandizaga lee a Elena Ferrante en verano.



PLACERES DE LA COMPRENSIÓN Y LA IMAGINACIÓN: LA TETRALOGÍA DOS AMIGAS, DE ELENA FERRANTE 
Helena Usandizaga
Esta larga saga narra la historia de las dos amigas Elena y Raffaella, es decir, Lenù y Lila, que crecen en un barrio pobre de Nápoles en los años 50 y que buscan, cada cual a su manera y a menudo sin éxito, pero siempre en interacción, maneras de comprender y asumir la realidad que les ha tocado vivir, a lo largo de esa historia de sus vidas que llega hasta principios del siglo XXI. Esta historia de las luchas de las dos, y de los pocos momentos de dicha que consiguen, es también una historia de Nápoles en todos esos años, y de Italia, y tal vez por extensión de la sociedad occidental.  Además de las lecturas que giran alrededor de lo ya comentado, la tetralogía incluye entre líneas un tema poco frecuente: estas novelas son también la historia de la búsqueda del conocimiento compartido.
La relación de Lenù y Lila no es una relación convencional de amistad, y la autora soslaya la idealización que podría derivarse de una secuencia de apoyo mutuo, de amistad que ayuda y soluciona, aunque por momentos esto se da de manera muy intensa. En este sentido, en el de la desidealización, se abusa a veces de la emergencia de pensamientos inconfesables, de traiciones por omisión y de desafecciones mutuas. Pero, por otro lado, se va estableciendo un equilibrio entre los espacios de sensatez y acogimiento que ambas crean, y en los que pueden vivir ellas y sus hijos. Las dos crecen en el mismo entorno árido y estéril, las dos salen de la miseria a su manera, las dos se niegan a sí mismas y las dos buscan, en el fondo, el emocionante latido del conocimiento, del arte, de la escritura.
Pero, más allá de esto, la relación entre las dos mujeres es la que activa el angustioso, gozoso y productivo escenario del doble, del doppelgänger. Lo más emocionante de la historia son esos momentos en que las dos, tan diferentes y hasta opuestas, se encuentran en el placer de conocer y de crear, o aquellos en los que, a distancia espacial y temporal, comprenden lo que han aprendido la una de la otra, de la vida y del arte; y, en los pocos momentos epifánicos, se dan cuenta de cómo las palabras que se entrelazan, la lectura mutua de sus escritos, el “sonido loco del cerebro de la una resonando dentro del sonido loco del cerebro de la otra” (Un mal nombre, 548) son el haz y el envés de sus acciones y de sus creaciones. A veces lo que una hace es lo que la otra deja de hacer, y a veces en cambio lo que una hace viene de lo que la otra hizo o dijo en un momento del pasado. Lo que Lila se niega a sí misma al embarcarse en un matrimonio convencional, lo que Lenù rechaza al no buscar el amor de Nino, la dimisión de los estudios de Lila, la autocrítica de Lenù, son lastres que sólo en momentos extáticos y epifánicos se abren a la comprensión del pensar, del sentir, del escribir, y siempre enlazan los logros de las dos: el cuento que Lila escribió a los diez años, El hada azul, con la novela de éxito de Lenù; la tetralogía que estamos leyendo, narrada por Elena, y los cuadernos aterradores y deslumbrantes de Lila, que Lenù debía custodiar y que arrojó al Arno. Cuando Lila critica los libros de Lenù, no es por envidia ni por competencia, sino buscando esa simbiosis, porque le dice “¿quién soy yo si tú no eres buena, quién soy yo?” (Las deudas del cuerpo, 308).
Y es que tal vez Lila piensa que Elena escribirá la novela que ella dejó como un manuscrito imposible, como algo que expulsó de sí misma. Lenù, a su vez, teme y desea leer otro texto que está escribiendo Lila al final de la tetralogía; no quiere que la influya ni la paralice, pero en la conversación que acabamos de mencionar le ha dicho: “yo sin ti no soy capaz de nada” (Las deudas del cuerpo, 308). Aunque, cuando escribe esa novela, que de algún modo equivale a la que estamos leyendo, Lenù piensa que la ha escrito desde su propia voz, pero añade: “a menos que, a fuerza de imaginarme qué habría escrito ella y cómo, yo ya no esté en condiciones de distinguir lo mío de lo suyo” (La niña perdida, 533). Más allá de las enemistades temporales y de los rechazos mutuos, Lenù se pregunta cómo habría sido la vida de cada una de haber vivido lo que la otra, y ve cómo ambas vidas se entrelazan “en ese de menos mío que lo es a causa de un de más suyo, en ese de más mío que es la interpretación forzada de un de menos suyo” (Un mal nombre, 397).
La vida y el arte, y las personas que los gozan y sufren, no son así realidades separadas, porque mutuamente se envenenan y se curan; pero esto genera una paradoja. El conocimiento y el arte deberían ser para todos, pero, en la experiencia de Lila y Lenù, pesa la contradicción entre el mundo privilegiado en el que eso se desarrolla de modo natural, adquirido, asimilado, y los esfuerzos de ambas por arrancar chispas de emoción creativa en el mundo pobre que les ha tocado vivir. Y, sobre todo, la saga alude a la soledad a la que las condena la falta de tradición, en el ámbito femenino, del conocimiento compartido: “a veces me daba por imaginar qué habría sido de mi vida y de la de Lila si las dos hubiéramos hecho el examen de admisión el bachillerato elemental y después el bachillerato superior y después todos los estudios hasta la licenciatura, codo con codo, compenetradas, una pareja perfecta que suma energías intelectuales, placeres de la comprensión y la imaginación” (Las deudas del cuerpo, 402). Sobre esta imposible simbiosis y, más en general, sobre la dificultad y el gozo de compartir el conocimiento y el arte, versa también esta larga historia: para mí, esta ha sido la lectura más emocionante, la más productiva y sugerente, de la saga Dos amigas.




[1] La traducción del italiano al español de los cuatro volúmenes se ha publicado en Barcelona, Lumen: La amiga estupenda, 2012; Un mal nombre, 2013; Las deudas del cuerpo, 2014; La niña perdida, 2016.

martes, 13 de junio de 2017

OLIVERA ENTRE OTEIZA Y EL BOSCO.





CARLOS OLIVERA ENTRE OTEIZA Y EL BOSCODe todos los eventos de la vida cultural cusqueña el de la presencia de las escultura de Carlos Olivera ha sido para mi gusto el de mayor relieve. Pasa que la pereza moral de cusqueños y cusqueñistas, nos lleva a recluirnos en no se sabe que sucucho de la existencia. Tal es la cosa que nos cuesta reconocer los valores allí donde se presentan. Para una ciudad de servicios y sólo servicios le queda grande la exposición del nuevo Olivera. Digo nuevo porque el anterior fue su padre, Tolo Olivera, pintor de alcurnia quien, como profesor mío siempre puso en alto la dignidad del arte.
Pero yendo al fondo del asunto digo que tendríamos que hablar con la máxima aproximación de los problemas estéticos por resolver que los artistas de esta parte del Perú enfrentan. Uno de ellos es el formato, el que por pobreza o desesperación se escoge de manera apresurada. No es fácil vivir entre inmensas montañas ni es fácil mirar el cielo. Imaginemos las esculturas de Carlos Olivera en una procesión de Corpus. No en vez de los santos , sino tras ellos con infinitos poetas sosteniendo las andas. Con esto quiero decir que la escultura cusqueña se ha hecho más dueña de este espacio finisecular que la pintura.
Y, nos sigue quedando el paisaje a pesar del del anti-urbanismo atroz que nos rodea. Ante esto las Formas de Olivera responden con toda la esencia y violencia necesarias y se hace posible otra realidad. M. Badell ha dicho que la Obra de Olivera se encuentra a mitad de camino entre la de OTEIZA y el BOSCO.  Algo de razón tiene, porque la  de Oteiza responde al viento y a los acantilados y la del Bosco al paisaje humano de esa eternidad medieval que no deja de atormentarnos.
Viajen estas líneas como un saludo a un escultor de alcurnia todavía joven del que esperamos mayores grados de abstracción, esta entendida como el regreso a la Piedra misma, objeto o nave que solo sabe volar.



miércoles, 8 de marzo de 2017

MEMORIA DE JORGE VIGNATI Y ADIOS.




El flaco Vignati hablaba un quechua espacial, magnífico, que lo movía en el trato cariñoso, de waiki, entre esta gente quispicanchina que entendía poco su oficio. Hace unos años fuimos a Pacchanta, faldeando el Ausangate para recados propios del cine. Como siempre hablábamos de todo y de todos en aquel viaje. El lugar, Urcos, Ccatca, Ocongate, nos hacía evocar a los amigos, Sanjinéz, Valderrama, Raúl Gallegos, Nené, Lucho Figueroa, el gordo Vargas de RPP que ya no era gordo y etc. El eterno cigarro no le producía la menor agitación a pesar de los 4300 metros de altura en la que estábamos. Su agilidad de ser enjuto y delgado le dejaba la risa intacta y se sentía pleno en esa su tierra, porque Vignati era nítidamente urqueño, con familia reconocida de allí, de Urcos, propietarios en la zona de Marcapata. De allí su quechua espacial, magnífico.
Es posible que lo haya visto por primera vez a Jorge Vignati cuando el rodaje de Last Movie, que Denis Hooper y Peter Fonda realizaban en Chincheros aquel glorioso año de 1971. A ese rodaje concurríamos los muchachos cusqueños de puro curiosos en busca de la celestial moño rojo que traían aquellos gringos enloquecidos. Muchos años después pude ver en la filmoteca de Barcelona esa película estrambótica acompañado por Daniel Zamalloa, otro de los asistentes al rodaje de Chincheros. El sello de Vignati se notaba en el pantallazo.
En Cusco, aquel año 71 todavía estaban en ejercicio los autores de lo que se llamó La Escuela Cusqueña de Cine, Nishiama, Chambi, el Huanca Villanueva, Figueroa. Y Jorge Vignati debió haber respirado tamaña inspiración.
Pero el flaco Vignati además era un cholo de exportación. Lo prueban sus películas con Herzog en las que como cámara o asistente de la dirección impregnaba a las circunstancias su manera de ser firme y serena-traducirle el Perú a Herzog no debió haber sido moco de pavo- y su oficio: porque Vignati era esencialmente orfebre de su oficio, cultor de su metier, del que conocía todas sus luces y sus sombras. En Urcos nadie sabe quién es. En Lima, a esta hora lo estarán velando.

jueves, 9 de febrero de 2017

NO VOY A PEDIRLE A NADIE QUE ME CREA. ESCRIBE HELENA USANDIZAGA.

NO VOY A PEDIRLE A NADIE QUE ME CREA

Helena Usandizaga

 Cuando le escribí a Juan Pablo Villalobos diciéndole que trataría de ir  a la presentación de su última novela, ganadora del premio Herralde, me respondió feliz, pero me advirtió que era autoficción y hasta parodia de la autoficción. Y que el narrador y protagonista Juan Pablo Villalobos tenía una breve entrevista en la novela con su tutora de tesis, la doctora Elizondo.

Un poco aterrada por el humor de Juan Pablo y su capacidad paródica y sarcástica, me acerqué a la sesión de La Central, en la que en un momento todos empezaron con preguntas que trataban ansiosamente de delimitar lo que era real y lo que no lo era en esa delirante historia que el presentador y el autor habían dejado asomar en su conversación previa, y que algunos habían ya leído. Pero es que así de ansiosos somos los humanos cuando de la mezcla de verdad y ficción se trata. Yo misma comencé a inquietarme cuando le preguntaron si de verdad le habían obligado a cambiar el tema de su tesis, y a sospechar si no sería yo, como su directora auténtica y como la doctora Elizondo ficticia, la que le había conminado a trabajar sobre otra cosa.

Así que cuando me identificó entre el público para que le ayudara a desenroscar el hilo que se había creado entre su tesis real y la de la novela, porque naturalmente alguien quería saber si la había acabado o no, me empecé a defender de manera tan delirante como su narración, asegurando que yo jamás le había obligado a Juan Pablo ni le había prohibido nada, que sólo una vez, en la primera versión de su tesina o trabajo de investigación, le recomendé que quitara aquella reflexión sobre las bacterias y la gastroenteritis de la introducción, no por mí, de verdad, sino por el tribunal, a quien podía no gustar tan transgresora metáfora. Entre Juan Pablo que reía jurando no recordar aquello y el público atónito tuve que acabar asegurando que todo era auténticamente cierto, pero que no iba a pedirle a nadie que me creyera.

Después, al leer la novela, me di cuenta de que la doctora Elizondo es necesaria en ese momento de la trama, pero precisamente porque el protagonista es obligado por otros a cambiar el tema de su tesis y por lo tanto de tutora, y debe comunicárselo a la doctora para poder hacer el trámite. La escena es divertidísima, aunque nunca me habría creído capaz de las miradas de desprecio y despecho que le dirijo al pobre Juan Pablo, el inefable narrador atrapado por el poder, el destino, y una dermatitis que le pica con desesperación.

El caso es que es una mafia mexicana, probablemente de narcotráfico, la que le obliga a cambiar de tema de tesis para que así, en el nuevo espacio teórico, se pueda conocer con una becaria involuntariamente inmersa en zonas de poder de Barcelona.
Con esa mafia le ha conectado en México un primo antes de que Juan Pablo viaje a Barcelona para hacer su doctorado, sólo por brindarle la participación en unos oscuros negocios. De ahí arranca una sucesión de hechos hilarantes y delirantes, pero muy serios en su significado. Si esa mafia le indica si debe o no dejar a su novia, si tiene que cambiar de tema de tesis, y si tiene que acostarse con la becaria, es porque el poder de la corrupción va más allá de lo público: se infiltra en lo privado y lo dirige con el mismo cinismo. Contar todo esto es escritura y también reflexión sobre la escritura.

La novela, que pasa en Barcelona, pero que salta a veces a México y a Italia, no predica uno de esos cosmopolitismos pasados por agua que a veces se venden en la narrativa en lengua española. Los personajes hablan y actúan como corresponde a sus lugares de origen, y a veces como parodias de sus lenguajes –como por ejemplo el primo de Lagos en Guadalajara, el argentino que vive en Gràcia o el Nen de l’Hospitalet- pero el resultado no es el de un localismo limitado, sino de un estallido y choque continuo de lenguajes y de formas de ser de los lugares y de los personajes, que provoca una risa continua que durante toda la novela corre parejas con el miedo y con la sensación de que habitamos un mundo lleno de diferencias pero también de estereotipos y de límites que el poder ha ido construyendo de maneras muy diversas, y que al final, de un modo u otro, arrastrarán a todos los personajes.

Como que no quiero contar la historia para que se pueda leer con la ignorancia de la misma que requiere su disfrute, sólo diré que, como buena directora de tesis, me estaba preocupando por cómo su autor terminaría el libro –y eso que, como todo buen relato, no quería que acabara- y no podía imaginar la manera de hacerlo. Pero siempre el profesor puede confiar en el buen alumno y el lector en el buen escritor, pues le sorprenderán e irán mucho más allá de lo que él mismo hubiera podido hacer o imaginar.

El final es brutal.

Juan Pablo Villalobos, No voy a pedirle a nadie que me crea, Barcelona, Anagrama, 2016.


viernes, 23 de diciembre de 2016

12 MEJORES LIBROS HALLADOS EL 2016 POR EL BLOG LAGUNA BRECHTIANA.

Alice Munro, Todo queda en casa, Barcelona, Lumen, 2014
Jorge Ortega, Guía de forasteros, Toluca, Bonobos / Conaculta, 2014.
Juan Yufra, Fábulas del arlequín, Arequipa, Cascahuesos, 2015.
Rodolfo Häsler, La vida en el hotel Greco, Madrid, ediciones del Centro, 2015.
Cristina Fernández Cubas, La habitación de Nona, Barcelona, Tusquets, 2015.
Francesco Piccolo, Momentos de inadvertida infelicidad, Barcelona, Anagrama, 2016.
Lucia Berlin, Manual para mujeres de la limpieza, Barcelona, Alfaguara, 2016.
Elena Ferrante, La amiga estupenda, Barcelona, Lumen, 2016.
Jorge Teillier, Poemas del País de Nunca Jamás y Para un pueblo fantasma, Barcelona, ediciones Sin Fin, 2016.
Efraín Huerta, Los eróticos y otros poemas, Barcelona, Ultramarinos, 2016.
Natalia Ginzburg, Todos nuestros ayeres, Barcelona, Lumen, 2016.
Denébola Fish, Autoblues, Tacna, Edición cartonera, 2016.
Vladimir Herrera, Mate de Cedrón, en edición de Manofalsa, Coleccionistas. 2016.
Antonio Cillóniz, Obra completa, cinco tomos. Hipocampo Editores, 2016.


sábado, 17 de diciembre de 2016

AQUÍ EL POEMA HINOSTROCIANO TAN MENTADO. IMPRESIONANTE. HECHO EN SISA RESIDENCIA DE ARTISTAS.




Hoy día 17 de diciembre  hemos terminado el poema hinostrociano  en Sisa la Residencia de artistas y nos salió brutal.

HINOSTROZOS


I

Conozco al padre
de una montaña ocre
de grietas oscuras
manos cortan el alambre
y la verja de la prisión
en un paraíso desconocido
un templo de ganado vacuno
guijarros
dientes de león
helados
ríos desaparecidos
agua que cruza el paredón
de un nevado seco.
Eucaliptos del padre lejano
en carbono
cargado de vapor
viaja sin maletas.

II

Lenguas añejas
que viajan por la sal
nuestra bahía
espera
ENTRO
la sangre o el poema
empieza
el poeta muere
circula

III

Mi padre es estúpido y dulce
murió hace mil quinientos de años
en Nueva Jersey
su pestaña
viaja
por el diente de león
un niño eucalipto le entrega los pasajes
me busca
y he muerto
como cada mañana
como a las 8 am
mi padre es estúpido y dulce
sueña que me parió
el está embarazado de mi
un huevo frito
en un plato francés
la petite mort
supongo que mi madre eyaculó
raza y
religión
estambre de peces aéreos
tal vez soy el huevo
que de una rama cae
como a las 8 am.

IV

Hormigas danzan alrededor de las alas.
Se ha incinerado la gravitación.
Si quisieras sumergirte nuevamente
y volver a palpar la vegetación triunfante,
yo sería el oído en la copa.

V

El remolino inicia
cuando se sienta
al pie de la caverna
el barniz del agua
paseo en bien-tres
se te ha perdido la brújula, animal cansado
dueño de ti mismo
en la sequedad de los rayos.

VI

Ir a la muerte
con ojos abiertos
volver a la raíz
a las tradiciones
a la circunstancia celeste
que se traduce al castellano
podría leerse con frescura
como podría verse el cine francés
cuando llegó escoltado
por aviones del régimen
eras el mal llamado
gloria nacional
orgullo gris
de los elefantes.

VII

Sentir esos huesos esculpidos
disueltos en salivas de tu presencia
luces tuyas encienden la avenida
que se echa a la memoria de tu habitación
que moja ese pie
ese pie
ese pie
ese pie
que se escapa en tu deformidad
mientras las causas ebrias
de la lluvia
gritan tu nombre
en la cuna de un lobo feroz
que se erige en aquel hombre
que moja a la que fue tuya.

“Construyendo un poema Hinostrociano”, SISA residencia de artistas, en Ranhualla,  Urcos, Cusco, Perú, entre los días 15 y 17 de diciembre de 2016,

DENÉBOLA FISH
(1993, Tacna) Sus poemas han sido publicados en las revistas Letrasértica, Catarsis, Pornotopía,  y las antologías “Poéticas del desierto”, “Novísima poesía femenina” ,“Tea party II”. En el 2015 publica su primera plaqueta experimental “T.I.C” y en el 2016 su libro “Autoblues”. Directora de Nuberrante Cartonera.

 PILAR VILCAPAZA MASCO
(1990 Muñani, Puno) En el año 2014 publicó “Génesis Mujer”. En el 2015 participó de la antología “Versos al aire libre” (España), en el 2016 “Pájaros Huérfanos” en la Editorial Artesana, próximo libro de poemas a publicar “Cuervo Azul”.

MIGUEL COLETTI
(1975, Puerto del Callao) En el año 2008 publicó el libro objeto “El viaje sin retorno del primo Luc”, director de Manofalsa Editores.

ITALO PASSANO
(1987, Lima) En el año 2014 publicó la plaqueta “Desovaciones” y en el 2016 el libro “Envanecido”.

LEO CÁCERES
(1988, Puno) Seleccionado en la muestra de poesía puneña joven “10 poetas de un solo caño”. Tiene dos poemarios para publicar próximamente: “Astro Deseo” y “Fuego fatuo”.

ROCÍO FERNÁNDEZ
(1988, Cusco)
Sus poemas han sido publicados en la Antología de poesía de Enero en la Palabra (2014, 2015) y en la revista Electrocardiograma. Próximas publicaciones “Oceánide”, “Accidentes de tránsito”, “Noche de gatos Astrales”.


HELENA USANDIZAGA  PhD.
(1947, Barcelona)

VLADIMIR HERRERA
(1950, Lampa)

PEDRO GRANADOS  PhD.
(1955, Lima)



miércoles, 14 de diciembre de 2016

VLADIMIR HERRERA LE ESCRIBE A PATRICK ROSAS EN LUNA LLENA.


Querido Patrick:
Debo confesar que algunas mañanas me despierto con tu voz en la radio en este confín del mundo llamado Ranhuaylla. Lejos de todos y tan cerca de RPP, y me pregunto por tus arrestos y tu
armoniosa voz de barítono. Luego tomo el
desayuno en catalán y en quechua para olvidarme durante la
jornada. Alguna vez con Yoyo hablamos de tu terquedad amorosa. En fin, y de tu mala leche. Que de jóvenes me hacía gracia.
No tanto ahora que tú en París y nosotros en mustios collados
habitamos la cocharquez como mejor se pueda. Pero debo decirte una cosa: que en la batalla en torno a Hinostroza ocupas, acéptalo, el
lugar más ruin de la platea. No pudiste aguantar las ganas de que, a unas semanas de su desaparición, tu incontinencia cerebral diera rienda suelta a tus bajezas. Y es que de alguna manera tienes que hacerte notar. Lo supe  cuando escribiste ese librito infame contra el Zambo Verástegui, enteramente dedicado a destrozar su imagen sin razón alguna. Tu supuesto análisis de la obra de Hinostroza es más de lo mismo. No dices nada nuevo ni revelador. Sólo denigras. ¿Por qué lo has hecho entonces? ¿Acaso no es por aquel prurito de “Quitate tú pa ponerme yo”? Porque de siempre sé que le tuviste envidia a Rodolfo. Lo que no imaginé es que llegaras tan lejos. Y  me asombran  los comentaristas sanmarquinos de tu post. Dos de ellos saben perfectamente de tu envidia, y me lo han dicho. Sin embargo hacen comentarios tibios y se sientan en la platea tras de ti. Será que se miden mucho en el fb. Eso digo, porque ¿por qué para exponer tu “análisis”demoraste tanto?

Lo que  lacera la tempranía de tu apasionada vida es lo que te hace
pasear uniformado por París, y no te das cuenta. Ya desde la época en que por los alrededores de Radio France se hablaba de los hermanitos Rosas como de la peste blanca y uno se ponía a defenderlos por pura amistad. Hasta Pocho se cansó de defenderte.

Sobre tu obra qué quieres que te diga: reconozco tus poemas de
juventud, lo demás es una farsa. Tu trotskismo adulterado terminó por hacer mella en tu prosa y nunca tuviste aliento poético como el de Rodolfo. De eso no hablas porque ese aliento es el que envidias.
Luego has corrido la feroz suerte de los escritores que se dejan el
cuero en París. No los conoce nadie porque no escriben en francés, Y cuando publican en castellano es peor. Salvo algunos casos, la mayoría de ellos han lavado su prosa  con mucho detergente. Y no tienen salida ni en España ni en México. Eso es lo que NO le pasó a Rodolfo Hinostroza. Lo demás es histeria.
Para la platea debo recordar que nos conocemos unos buenos cuarenta años. Desde aquellas noches en La Punta con el Zambo Verástegui, cuando buscábamos a esa falsa poetisa de apellido italiano que se había apoderado de los poemas de Málaga y que tú amabas con consecuencia admirable. Siempre fuiste de los que las matan con armoniosa voz por teléfono durante un año hasta que caigan.
Sabes a qué me refiero.
Verás que no me daré trabajo en desmenuzar la novelita espantosa en la que denigras al Zambo. Ahí tú sólo te jodiste. Tendrás que hacer otra cola para el Parnaso. No basta la buena ortografía para meterse con poetas infinitamente mejores que tú. Lo que no puedo es imaginar  lo que dirás de mí en tu casa luego de esta carta aunque haga lo imposible por recordar a aquella que conmigo se perdió en el bosque y sollozaba bajo mi cuerpo.