martes, 13 de junio de 2017

OLIVERA ENTRE OTEIZA Y EL BOSCO.





CARLOS OLIVERA ENTRE OTEIZA Y EL BOSCODe todos los eventos de la vida cultural cusqueña el de la presencia de las escultura de Carlos Olivera ha sido para mi gusto el de mayor relieve. Pasa que la pereza moral de cusqueños y cusqueñistas, nos lleva a recluirnos en no se sabe que sucucho de la existencia. Tal es la cosa que nos cuesta reconocer los valores allí donde se presentan. Para una ciudad de servicios y sólo servicios le queda grande la exposición del nuevo Olivera. Digo nuevo porque el anterior fue su padre, Tolo Olivera, pintor de alcurnia quien, como profesor mío siempre puso en alto la dignidad del arte.
Pero yendo al fondo del asunto digo que tendríamos que hablar con la máxima aproximación de los problemas estéticos por resolver que los artistas de esta parte del Perú enfrentan. Uno de ellos es el formato, el que por pobreza o desesperación se escoge de manera apresurada. No es fácil vivir entre inmensas montañas ni es fácil mirar el cielo. Imaginemos las esculturas de Carlos Olivera en una procesión de Corpus. No en vez de los santos , sino tras ellos con infinitos poetas sosteniendo las andas. Con esto quiero decir que la escultura cusqueña se ha hecho más dueña de este espacio finisecular que la pintura.
Y, nos sigue quedando el paisaje a pesar del del anti-urbanismo atroz que nos rodea. Ante esto las Formas de Olivera responden con toda la esencia y violencia necesarias y se hace posible otra realidad. M. Badell ha dicho que la Obra de Olivera se encuentra a mitad de camino entre la de OTEIZA y el BOSCO.  Algo de razón tiene, porque la  de Oteiza responde al viento y a los acantilados y la del Bosco al paisaje humano de esa eternidad medieval que no deja de atormentarnos.
Viajen estas líneas como un saludo a un escultor de alcurnia todavía joven del que esperamos mayores grados de abstracción, esta entendida como el regreso a la Piedra misma, objeto o nave que solo sabe volar.



miércoles, 8 de marzo de 2017

MEMORIA DE JORGE VIGNATI Y ADIOS.




El flaco Vignati hablaba un quechua espacial, magnífico, que lo movía en el trato cariñoso, de waiki, entre esta gente quispicanchina que entendía poco su oficio. Hace unos años fuimos a Pacchanta, faldeando el Ausangate para recados propios del cine. Como siempre hablábamos de todo y de todos en aquel viaje. El lugar, Urcos, Ccatca, Ocongate, nos hacía evocar a los amigos, Sanjinéz, Valderrama, Raúl Gallegos, Nené, Lucho Figueroa, el gordo Vargas de RPP que ya no era gordo y etc. El eterno cigarro no le producía la menor agitación a pesar de los 4300 metros de altura en la que estábamos. Su agilidad de ser enjuto y delgado le dejaba la risa intacta y se sentía pleno en esa su tierra, porque Vignati era nítidamente urqueño, con familia reconocida de allí, de Urcos, propietarios en la zona de Marcapata. De allí su quechua espacial, magnífico.
Es posible que lo haya visto por primera vez a Jorge Vignati cuando el rodaje de Last Movie, que Denis Hooper y Peter Fonda realizaban en Chincheros aquel glorioso año de 1971. A ese rodaje concurríamos los muchachos cusqueños de puro curiosos en busca de la celestial moño rojo que traían aquellos gringos enloquecidos. Muchos años después pude ver en la filmoteca de Barcelona esa película estrambótica acompañado por Daniel Zamalloa, otro de los asistentes al rodaje de Chincheros. El sello de Vignati se notaba en el pantallazo.
En Cusco, aquel año 71 todavía estaban en ejercicio los autores de lo que se llamó La Escuela Cusqueña de Cine, Nishiama, Chambi, el Huanca Villanueva, Figueroa. Y Jorge Vignati debió haber respirado tamaña inspiración.
Pero el flaco Vignati además era un cholo de exportación. Lo prueban sus películas con Herzog en las que como cámara o asistente de la dirección impregnaba a las circunstancias su manera de ser firme y serena-traducirle el Perú a Herzog no debió haber sido moco de pavo- y su oficio: porque Vignati era esencialmente orfebre de su oficio, cultor de su metier, del que conocía todas sus luces y sus sombras. En Urcos nadie sabe quién es. En Lima, a esta hora lo estarán velando.

jueves, 9 de febrero de 2017

NO VOY A PEDIRLE A NADIE QUE ME CREA. ESCRIBE HELENA USANDIZAGA.

NO VOY A PEDIRLE A NADIE QUE ME CREA

Helena Usandizaga

 Cuando le escribí a Juan Pablo Villalobos diciéndole que trataría de ir  a la presentación de su última novela, ganadora del premio Herralde, me respondió feliz, pero me advirtió que era autoficción y hasta parodia de la autoficción. Y que el narrador y protagonista Juan Pablo Villalobos tenía una breve entrevista en la novela con su tutora de tesis, la doctora Elizondo.

Un poco aterrada por el humor de Juan Pablo y su capacidad paródica y sarcástica, me acerqué a la sesión de La Central, en la que en un momento todos empezaron con preguntas que trataban ansiosamente de delimitar lo que era real y lo que no lo era en esa delirante historia que el presentador y el autor habían dejado asomar en su conversación previa, y que algunos habían ya leído. Pero es que así de ansiosos somos los humanos cuando de la mezcla de verdad y ficción se trata. Yo misma comencé a inquietarme cuando le preguntaron si de verdad le habían obligado a cambiar el tema de su tesis, y a sospechar si no sería yo, como su directora auténtica y como la doctora Elizondo ficticia, la que le había conminado a trabajar sobre otra cosa.

Así que cuando me identificó entre el público para que le ayudara a desenroscar el hilo que se había creado entre su tesis real y la de la novela, porque naturalmente alguien quería saber si la había acabado o no, me empecé a defender de manera tan delirante como su narración, asegurando que yo jamás le había obligado a Juan Pablo ni le había prohibido nada, que sólo una vez, en la primera versión de su tesina o trabajo de investigación, le recomendé que quitara aquella reflexión sobre las bacterias y la gastroenteritis de la introducción, no por mí, de verdad, sino por el tribunal, a quien podía no gustar tan transgresora metáfora. Entre Juan Pablo que reía jurando no recordar aquello y el público atónito tuve que acabar asegurando que todo era auténticamente cierto, pero que no iba a pedirle a nadie que me creyera.

Después, al leer la novela, me di cuenta de que la doctora Elizondo es necesaria en ese momento de la trama, pero precisamente porque el protagonista es obligado por otros a cambiar el tema de su tesis y por lo tanto de tutora, y debe comunicárselo a la doctora para poder hacer el trámite. La escena es divertidísima, aunque nunca me habría creído capaz de las miradas de desprecio y despecho que le dirijo al pobre Juan Pablo, el inefable narrador atrapado por el poder, el destino, y una dermatitis que le pica con desesperación.

El caso es que es una mafia mexicana, probablemente de narcotráfico, la que le obliga a cambiar de tema de tesis para que así, en el nuevo espacio teórico, se pueda conocer con una becaria involuntariamente inmersa en zonas de poder de Barcelona.
Con esa mafia le ha conectado en México un primo antes de que Juan Pablo viaje a Barcelona para hacer su doctorado, sólo por brindarle la participación en unos oscuros negocios. De ahí arranca una sucesión de hechos hilarantes y delirantes, pero muy serios en su significado. Si esa mafia le indica si debe o no dejar a su novia, si tiene que cambiar de tema de tesis, y si tiene que acostarse con la becaria, es porque el poder de la corrupción va más allá de lo público: se infiltra en lo privado y lo dirige con el mismo cinismo. Contar todo esto es escritura y también reflexión sobre la escritura.

La novela, que pasa en Barcelona, pero que salta a veces a México y a Italia, no predica uno de esos cosmopolitismos pasados por agua que a veces se venden en la narrativa en lengua española. Los personajes hablan y actúan como corresponde a sus lugares de origen, y a veces como parodias de sus lenguajes –como por ejemplo el primo de Lagos en Guadalajara, el argentino que vive en Gràcia o el Nen de l’Hospitalet- pero el resultado no es el de un localismo limitado, sino de un estallido y choque continuo de lenguajes y de formas de ser de los lugares y de los personajes, que provoca una risa continua que durante toda la novela corre parejas con el miedo y con la sensación de que habitamos un mundo lleno de diferencias pero también de estereotipos y de límites que el poder ha ido construyendo de maneras muy diversas, y que al final, de un modo u otro, arrastrarán a todos los personajes.

Como que no quiero contar la historia para que se pueda leer con la ignorancia de la misma que requiere su disfrute, sólo diré que, como buena directora de tesis, me estaba preocupando por cómo su autor terminaría el libro –y eso que, como todo buen relato, no quería que acabara- y no podía imaginar la manera de hacerlo. Pero siempre el profesor puede confiar en el buen alumno y el lector en el buen escritor, pues le sorprenderán e irán mucho más allá de lo que él mismo hubiera podido hacer o imaginar.

El final es brutal.

Juan Pablo Villalobos, No voy a pedirle a nadie que me crea, Barcelona, Anagrama, 2016.


viernes, 23 de diciembre de 2016

12 MEJORES LIBROS HALLADOS EL 2016 POR EL BLOG LAGUNA BRECHTIANA.

Alice Munro, Todo queda en casa, Barcelona, Lumen, 2014
Jorge Ortega, Guía de forasteros, Toluca, Bonobos / Conaculta, 2014.
Juan Yufra, Fábulas del arlequín, Arequipa, Cascahuesos, 2015.
Rodolfo Häsler, La vida en el hotel Greco, Madrid, ediciones del Centro, 2015.
Cristina Fernández Cubas, La habitación de Nona, Barcelona, Tusquets, 2015.
Francesco Piccolo, Momentos de inadvertida infelicidad, Barcelona, Anagrama, 2016.
Lucia Berlin, Manual para mujeres de la limpieza, Barcelona, Alfaguara, 2016.
Elena Ferrante, La amiga estupenda, Barcelona, Lumen, 2016.
Jorge Teillier, Poemas del País de Nunca Jamás y Para un pueblo fantasma, Barcelona, ediciones Sin Fin, 2016.
Efraín Huerta, Los eróticos y otros poemas, Barcelona, Ultramarinos, 2016.
Natalia Ginzburg, Todos nuestros ayeres, Barcelona, Lumen, 2016.
Denébola Fish, Autoblues, Tacna, Edición cartonera, 2016.
Vladimir Herrera, Mate de Cedrón, en edición de Manofalsa, Coleccionistas. 2016.
Antonio Cillóniz, Obra completa, cinco tomos. Hipocampo Editores, 2016.


sábado, 17 de diciembre de 2016

AQUÍ EL POEMA HINOSTROCIANO TAN MENTADO. IMPRESIONANTE. HECHO EN SISA RESIDENCIA DE ARTISTAS.




Hoy día 17 de diciembre  hemos terminado el poema hinostrociano  en Sisa la Residencia de artistas y nos salió brutal.

HINOSTROZOS


I

Conozco al padre
de una montaña ocre
de grietas oscuras
manos cortan el alambre
y la verja de la prisión
en un paraíso desconocido
un templo de ganado vacuno
guijarros
dientes de león
helados
ríos desaparecidos
agua que cruza el paredón
de un nevado seco.
Eucaliptos del padre lejano
en carbono
cargado de vapor
viaja sin maletas.

II

Lenguas añejas
que viajan por la sal
nuestra bahía
espera
ENTRO
la sangre o el poema
empieza
el poeta muere
circula

III

Mi padre es estúpido y dulce
murió hace mil quinientos de años
en Nueva Jersey
su pestaña
viaja
por el diente de león
un niño eucalipto le entrega los pasajes
me busca
y he muerto
como cada mañana
como a las 8 am
mi padre es estúpido y dulce
sueña que me parió
el está embarazado de mi
un huevo frito
en un plato francés
la petite mort
supongo que mi madre eyaculó
raza y
religión
estambre de peces aéreos
tal vez soy el huevo
que de una rama cae
como a las 8 am.

IV

Hormigas danzan alrededor de las alas.
Se ha incinerado la gravitación.
Si quisieras sumergirte nuevamente
y volver a palpar la vegetación triunfante,
yo sería el oído en la copa.

V

El remolino inicia
cuando se sienta
al pie de la caverna
el barniz del agua
paseo en bien-tres
se te ha perdido la brújula, animal cansado
dueño de ti mismo
en la sequedad de los rayos.

VI

Ir a la muerte
con ojos abiertos
volver a la raíz
a las tradiciones
a la circunstancia celeste
que se traduce al castellano
podría leerse con frescura
como podría verse el cine francés
cuando llegó escoltado
por aviones del régimen
eras el mal llamado
gloria nacional
orgullo gris
de los elefantes.

VII

Sentir esos huesos esculpidos
disueltos en salivas de tu presencia
luces tuyas encienden la avenida
que se echa a la memoria de tu habitación
que moja ese pie
ese pie
ese pie
ese pie
que se escapa en tu deformidad
mientras las causas ebrias
de la lluvia
gritan tu nombre
en la cuna de un lobo feroz
que se erige en aquel hombre
que moja a la que fue tuya.

“Construyendo un poema Hinostrociano”, SISA residencia de artistas, en Ranhualla,  Urcos, Cusco, Perú, entre los días 15 y 17 de diciembre de 2016,

DENÉBOLA FISH
(1993, Tacna) Sus poemas han sido publicados en las revistas Letrasértica, Catarsis, Pornotopía,  y las antologías “Poéticas del desierto”, “Novísima poesía femenina” ,“Tea party II”. En el 2015 publica su primera plaqueta experimental “T.I.C” y en el 2016 su libro “Autoblues”. Directora de Nuberrante Cartonera.

 PILAR VILCAPAZA MASCO
(1990 Muñani, Puno) En el año 2014 publicó “Génesis Mujer”. En el 2015 participó de la antología “Versos al aire libre” (España), en el 2016 “Pájaros Huérfanos” en la Editorial Artesana, próximo libro de poemas a publicar “Cuervo Azul”.

MIGUEL COLETTI
(1975, Puerto del Callao) En el año 2008 publicó el libro objeto “El viaje sin retorno del primo Luc”, director de Manofalsa Editores.

ITALO PASSANO
(1987, Lima) En el año 2014 publicó la plaqueta “Desovaciones” y en el 2016 el libro “Envanecido”.

LEO CÁCERES
(1988, Puno) Seleccionado en la muestra de poesía puneña joven “10 poetas de un solo caño”. Tiene dos poemarios para publicar próximamente: “Astro Deseo” y “Fuego fatuo”.

ROCÍO FERNÁNDEZ
(1988, Cusco)
Sus poemas han sido publicados en la Antología de poesía de Enero en la Palabra (2014, 2015) y en la revista Electrocardiograma. Próximas publicaciones “Oceánide”, “Accidentes de tránsito”, “Noche de gatos Astrales”.


HELENA USANDIZAGA  PhD.
(1947, Barcelona)

VLADIMIR HERRERA
(1950, Lampa)

PEDRO GRANADOS  PhD.
(1955, Lima)



miércoles, 14 de diciembre de 2016

VLADIMIR HERRERA LE ESCRIBE A PATRICK ROSAS EN LUNA LLENA.


Querido Patrick:
Debo confesar que algunas mañanas me despierto con tu voz en la radio en este confín del mundo llamado Ranhuaylla. Lejos de todos y tan cerca de RPP, y me pregunto por tus arrestos y tu
armoniosa voz de barítono. Luego tomo el
desayuno en catalán y en quechua para olvidarme durante la
jornada. Alguna vez con Yoyo hablamos de tu terquedad amorosa. En fin, y de tu mala leche. Que de jóvenes me hacía gracia.
No tanto ahora que tú en París y nosotros en mustios collados
habitamos la cocharquez como mejor se pueda. Pero debo decirte una cosa: que en la batalla en torno a Hinostroza ocupas, acéptalo, el
lugar más ruin de la platea. No pudiste aguantar las ganas de que, a unas semanas de su desaparición, tu incontinencia cerebral diera rienda suelta a tus bajezas. Y es que de alguna manera tienes que hacerte notar. Lo supe  cuando escribiste ese librito infame contra el Zambo Verástegui, enteramente dedicado a destrozar su imagen sin razón alguna. Tu supuesto análisis de la obra de Hinostroza es más de lo mismo. No dices nada nuevo ni revelador. Sólo denigras. ¿Por qué lo has hecho entonces? ¿Acaso no es por aquel prurito de “Quitate tú pa ponerme yo”? Porque de siempre sé que le tuviste envidia a Rodolfo. Lo que no imaginé es que llegaras tan lejos. Y  me asombran  los comentaristas sanmarquinos de tu post. Dos de ellos saben perfectamente de tu envidia, y me lo han dicho. Sin embargo hacen comentarios tibios y se sientan en la platea tras de ti. Será que se miden mucho en el fb. Eso digo, porque ¿por qué para exponer tu “análisis”demoraste tanto?

Lo que  lacera la tempranía de tu apasionada vida es lo que te hace
pasear uniformado por París, y no te das cuenta. Ya desde la época en que por los alrededores de Radio France se hablaba de los hermanitos Rosas como de la peste blanca y uno se ponía a defenderlos por pura amistad. Hasta Pocho se cansó de defenderte.

Sobre tu obra qué quieres que te diga: reconozco tus poemas de
juventud, lo demás es una farsa. Tu trotskismo adulterado terminó por hacer mella en tu prosa y nunca tuviste aliento poético como el de Rodolfo. De eso no hablas porque ese aliento es el que envidias.
Luego has corrido la feroz suerte de los escritores que se dejan el
cuero en París. No los conoce nadie porque no escriben en francés, Y cuando publican en castellano es peor. Salvo algunos casos, la mayoría de ellos han lavado su prosa  con mucho detergente. Y no tienen salida ni en España ni en México. Eso es lo que NO le pasó a Rodolfo Hinostroza. Lo demás es histeria.
Para la platea debo recordar que nos conocemos unos buenos cuarenta años. Desde aquellas noches en La Punta con el Zambo Verástegui, cuando buscábamos a esa falsa poetisa de apellido italiano que se había apoderado de los poemas de Málaga y que tú amabas con consecuencia admirable. Siempre fuiste de los que las matan con armoniosa voz por teléfono durante un año hasta que caigan.
Sabes a qué me refiero.
Verás que no me daré trabajo en desmenuzar la novelita espantosa en la que denigras al Zambo. Ahí tú sólo te jodiste. Tendrás que hacer otra cola para el Parnaso. No basta la buena ortografía para meterse con poetas infinitamente mejores que tú. Lo que no puedo es imaginar  lo que dirás de mí en tu casa luego de esta carta aunque haga lo imposible por recordar a aquella que conmigo se perdió en el bosque y sollozaba bajo mi cuerpo.


lunes, 28 de noviembre de 2016

USANDIZAGA RECUERDA A MARCOS ANA.



RECUERDO DE MARCOS ANA

 Me acuerdo de cuando asistí al ensayo de una de las primeras obras del grupo de teatro La Cuadra de Sevilla. Fue en París, en una sala pequeña no recuerdo de qué distrito, posiblemente en el Barrio Latino. No era un ensayo abierto: éramos amigos de algunos de los componentes del grupo, y estaban allá también otros amigos españoles Estos amigos vivían en París porque a ojos de las autoridades franquistas estaban metidos en cosas demasiado serias.  Otros, como mis amigas y yo, acudíamos como estudiantes de postgrado a los cursos de A. J. Greimas y Oswald Ducrot en la École des Hautes Études en Sciences Sociales; y, cuando nos lo permitían, porque con ellos no estábamos inscritas, a los de Julia Kristeva en Jussieu y Roland Barthes en la propia École.

 Por lo heterogéneo del grupo, usualmente no entrábamos en profundidad en los temas políticos, solo a veces, en petit comité. Pero todos sabíamos por dónde iban los tiros. Ese día, en el ensayo, en las filas de atrás, estaba sentado un hombre de porte austero, que, si la memoria no me engaña, llevaba una camisa azul gris que, dadas las circunstancias, resultaba bastante elegante. Nuestros amigos nos advirtieron con delicadeza de que podía ser que lo encontráramos algo raro, ya que había pasado la mayor parte de su vida adulta en la cárcel, y concretamente le resultaba un poco difícil hablar con las mujeres. Y eso que Marcos Ana, porque de él se trataba, hacía ya más de diez años que había salido de prisión.

 Nos asaltó un gran respeto y casi reverencia, pero al final la conversación fluyó tranquila. Me parece que en aquellas épocas nos comunicábamos con una especie de cortesía peculiar, hecha de gestos de la clandestinidad y de la soledad emocional que generaba. También recuerdo que las conversaciones oscilaban entre temas candentes y explosiones de humor entre ibérico y cosmopolita, que a veces se prolongaban por horas. De nuevo, si la memoria no me traiciona, la obra que se ensayaba era Quejío, que se representaba en París en esa primavera de 1972. El ensayo trabajaba con sonidos rítmicos de zapateo y golpes con un palo en un bidón y con el cante dramático por martinetes, tarantos y seguiriyas en medio del silencio, y pulverizaba la idea subalternizante del folklore andaluz que había propiciado el franquismo. Tanto Marcos Ana como todos nosotros escuchábamos sobrecogidos ese sonido rítmico y profundo.

domingo, 27 de noviembre de 2016

PARA DANTE CASTRO, UN REVOLUCIONARIO AGUANTAO.










  


Mi estimado, no he tenido oportunidad de conocerlo personalmente, pese a vivir en el mismo país. Sé por amigos que usted vive del cuento, quiero decir, de la narrativa. O que por lo menos con eso ha logrado usted cierta notoriedad aunque poco mercado. En este país ya se sabe, nadie vive de lo que escribe. También sé de sus posiciones izquierdistas- agua hervida de su fervor- y razón de ser de su fe revolucionaria más teológica  y cristiana de lo que usted mismo podría admitir. Más allá de eso no tengo mayor referencia suya y no es aquí donde me ponga yo a destrozar su obra si es que la tiene. Sucede que en esta maldita cosa del fb encuentro opiniones suyas sobre el recientemente desaparecido poeta Rodolfo Hinostroza que me han resultado de una indigencia moral pavorosa. Opiniones las suyas que revelan a un autor marchito en su propia mezquindad, aupado a una revolución- la que fuere- como aquella que hizo el hombre que no pudo correrse. Porque está claro que pese al Callao y  las gordas del amanecer usted no ha podido correrse. Su fondo católico no le deja. Semen retentum venenum est. Algo le quedará de eso, desde su infancia jesuítica. Por lo tanto debe usted saber  que pasar de los jesuitas a la guerrilla resulta anecdótico. Es lo que se espera del sujeto históricamente bien constituido, mire usted a Fidel. La pena es que usted no es Fidel.  Usted pertenece a ese segmento de la izquierda, el más infiltrado y penetrado por la Policía Nacional, el Apra y los servicios del papito del norte desde por lo menos el año 65. Están los archivos publicados. No veo pues, motivo de gloria  ni hazaña en pertenecer a eso.
Entonces, ¿por qué usted, que no es poeta, ni lo será nunca, se mete con la memoria de un poeta como Rodolfo Hinostroza? Métase con todos esos pajaritos que viven del cuento, narradores de ocasión y chuscos que no tienen la más puta idea de lo que es poesía. Esos que conversan en fb. Y alaban sus opiniones. 
A Juan Cristóbal, poeta que aprecio y admiro, le he aguantado sus desatinos izquierdistas respecto a Hinostroza. A usted, NO. Mi querido Dante cagante. Alighieri le aconseja que más bien se cuide de las palabras de un poeta. O de sus maldiciones. 

viernes, 25 de noviembre de 2016

ENTRE JESÚS RUIZ DURAND Y JAKOB WASSERMAN.


ENTRE JESÚS RUIZ DURAND Y JAKOB WASSERMAN.
 ESCRIBE VLADIMIR HERRERA.
Se sabe que en la distancia corta, en el infighting, es donde se ve la calidad del artista. Este símil reza mucho cuando ese artista es un plástico. Todo pintor respira como un boxeador ante su cuadro. Mismo si el artista digitaliza imágenes, márgenes y conceptos. En la distancia corta se lo juega todo. Pero es que, además, en el caso de Ruiz Durand florecen esa luz y esa sombra de las que hablaba Eielson en medio de circunstancias históricas, o mejor dicho de un pasado futuro siempre presente, en una exposición abierta ni más ni menos que en el Callao, sitio histórico por excelencia en el que todos los peruanos lo somos más.
Desde sus inicios, Ruiz Durand, el artista visual, nunca se separó un tantito así de la historia, pan de todos los días. Desde su Tupac Amaru hasta estas sus Profanaciones y Enmendaduras, se intuye la presencia de  los que no salieron en el cuadro, de los que fueron negados por la escasa realidad, pero que estaban allí en los aledaños.
El Rumor o el silencio que habitan el rectángulo narrativo del último reposo del Inca sólo son comparables a lo descrito por Wasserman  en la traducción de Miriam Dauster de “El relato más hermoso de este siglo en lengua alemana”. Lo dijo Thomas Mann. Se trata de Das Gold von Caxamalca, de Jakob Wassermann, de quien dijo el mismo Mann que era la estrella mundial de la novela.
Se trata de un relato vibrante y luminoso, y lo digo solapeando porque no hay otra manera de decirlo, que hace el caballero Domingo de Sora Luce por entonces a las órdenes de Francisco Pizarro sobre lo que atañe a la prisión y muerte del último gran Inca Atahualpa. Pero eso es la anécdota porque Wassermann, llega a verdades más profundas.
Nunca, ningún relato histórico me había hecho imaginar la mirada o el rostro del Inca, ni sentir el aire de su prisión poblada de sus vasallos y sus mujeres. Todo frente a lo atroz que en nombre de la fe se iba a cometer.
Se entiende en el relato cómo la codicia puede más que el miedo que sentían las huestes de Pizarro rodeadas por el ejército innumerable de Atahualpa.
Conmueve el castellano tan bien hablado del Inca y su descubrimiento, en el trato con sus captores, de que Francisco Pizarro no sabía leer ni escribir. Lo que disimula con una delicadeza sólo comparable a su espanto al ver cómo se mataban sus carceleros en disputas por el oro del rescate que iba llegando a Cajamarca.
Lo que asombra es que Wasserman, de origen judío, hiciera tamaña literatura basándose en el  libro de  William Hickling Prescott History of The Conquest of Peru, de 1847, y la publicara en Viena el año 1923. Miriam Dauster dice que en El oro de Cajamarca el acontecimiento histórico, la trama externa, se convierte en el drama interno del narrador protagonista que intenta sobrevivir a los ecos que le siguen llegando de aquella maldad colectiva. Para mí, eso es gran literatura. Wassermann, el judío negado por la realidad literaria alemana, se vale de la historia para reconsiderar la vida.

Lo mismo hace Ruiz Durand el huancavelicano, como si de una meditación se tratara, enfrentando a la historia con su arte. Las dimensiones en Wasserman y en Ruiz Durand llegan a ser clásicas. La luz del silencio del Inca es la misma que había imaginado leyendo aquel relato que ni por asomo es conocido por los escritores de este país.