DE ENTRE LOS HOMBRES, EL POETA ES EL QUE VIVE MÁS CERCA DE LOS ANIMALES Y DE LOS DIOSES. Teixeira de Pascoaes.
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sábado, 17 de mayo de 2014
Fotografía de El Viejo de Los Ríos Profundos, atribuída a Martín Chambi.
Cuando la realidad inunda la ficción suceden cosas como esta: en esta foto de estudio que conserva mi familia, atribuida a Martin Chambi se puede ver a El Viejo de los Ríos Profundos, la gran novela de Arguedas. Se llamaba Juan de Mata Orihuela mi bisabuelo, y puedo reconocer a sus hijas Angélica y Sara mi abuela materna. La familia de Arguedas estaba ligada ostensiblemente a la mía. Lo prueba la firma en papel de Capellades de balances y catálogos que los Arguedas dejaban a modo de testimonio en los expedientes referidos a la casa de Palacio 110.
lunes, 26 de agosto de 2013
El Yachayhuasi cuzqueño o Casa del Viejo.
“Entramos al Cuzco de noche”: con estas palabras comienza, en la novela
de José María Arguedas Los ríos profundos,
un viaje iniciático a lo más profundo del Cusco, allá donde el protagonista de
la historia, el casi adolescente Ernesto, comprenderá la fuerza soterrada de la
cultura andina dentro de la que ha transcurrido su infancia, absorberá las
fuerzas que vibran en los muros y las calles del Cusco, y tomará partido por
ese mundo oprimido que también es el suyo. “Habíamos llegado a la casa del
Viejo. Estaba en la calle del muro inca”, dice más adelante el narrador, que es
el propio Ernesto.
La casa del Viejo: esa casona colonial del pariente avaro y amargo es la
casa Orihuela, en la calle Palacio, 110. Los protagonistas de la novela llegan
a ella tras caminar por el Cusco, y el niño, tras el rechazo del pariente, que
los aloja en el patio más pobre, sale a la calle Hatun Rumiyoq a ver el muro
inca que ha soñado durante todo el viaje con su padre. No sólo por ese trayecto
infalible de los protagonistas que, como lo hiciera Umberto Eco para la
distancia entre el hospital y la abadía en sus Apostillas a El nombre de la rosa, puede seguirse paso por paso,
contando los metros que separan una calle de otra, se puede localizar la casa.
Ocurre también que en la propia casa Orihuela, hará unos veinte años,
encontramos sus habitantes -entre los papeles que guardaba doña Hilda Delgado
Orihuela- unos documentos insólitos en los que el propietario de la casa, Juan
de Mata Orihuela, discutía el mantenimiento de la capilla y apelaba al
testimonio del abogado José María Arguedas. La coincidencia del nombre es
demasiado sorprendente, si bien el abogado no podía ser el escritor, que se
llamaba así pero no era abogado; ni el padre del escritor, que sí era abogado
pero se llamaba Víctor Manuel Arguedas Arellano. Pero eso sí: algo más que lo
puramente ficcional tuvieron que ver los Arguedas con la casa Orihuela de
Cusco.
Cuando Ernesto contempla el muro, éste no es estático: hierve
poderosamente como los ríos en verano, esos ríos turbios a los que, según
recuerda Arguedas, los indios llaman yawar
mayu, río de sangre. Esos ríos están todavía en el muro; son los “"yawar rumi", piedra de sangre, o "puk'tik
yawar rumi", piedra de sangre hirviente”: son las lágrimas de sangre ("yawar
wek'e"), que aún
llora el muro. Son los ríos de sangre que también son la fuerza de la casa
Orihuela, mucho más fuertes que la prepotencia, que el dinero o que el mal mismo
que últimamente la amenazan.
Helena Usandizaga.
jueves, 2 de febrero de 2012
sábado, 31 de diciembre de 2011
TERMINA EL AÑO DE ARGUEDAS?
Faltando seis horas para recibir el 2012 y
terminando el año de Arguedas, aquí va una invitación para que este final de 2011 no sea una nueva clausura del proyecto y de la obra arguedianos, que durante todo el año nos han sorprendido con su renovada fuerza, con sus sugerencias siempre nuevas e inacabables. Lo de la clausura viene a cuento porque no sólo sus “enemigos” (Cortázar y Vargas Llosa, con el empecinado rechazo de lo local y de lo arcaico que usan para definir de modo reduccionista a Arguedas), sino también algunos de sus “amigos”, desde un punto de vista más crítico, han dado en clausurar un supuesto proyecto transculturador de Arguedas.
Pero volver sobre lo problemático de la noción de transculturación sorprende cuando el término ha sido ya discutido y relativizado al máximo. Y considerar la literatura de Arguedas como un fracaso de este proyecto, un fracaso en cierto modo personal, tiene el inconveniente de desactivar lo radical de su obra, y de paso de deslegitimar toda referencia a una cultura otra. No se trata de dictaminar, desde un punto de vista hegemónico, si Arguedas “tradujo” el mundo andino a nuestro código, y si eso es o no posible en nuestro universo globalizado; se trata de comprender el lugar de enunciación donde él se sitúa. El propio Arguedas trabajó desde este límite, desde esta frontera, y, más que clausurar un supuesto proyecto, desbarató cualquier idea de convivencia armónica, mostrando -en las contradicciones entre su deseo de comunicación y la tensión en que permanecen los mundos- la desigualdad en las condiciones de existencia de ambas culturas, pero al mismo tiempo el valor semántico y la fulgurante belleza o la potencia revulsiva de la cultura más desconocida.
En el excelente comentario de Echevarría publicado también en este blog (por cierto los homenajes que fueron rutinarios en España fueron los mediáticos, no los otros) se cita el también excelente artículo de Moraña sobre la polémica Arguedas/Cortázar, y la referencia a la idea de Moreiras de ver la trayectoria de Arguedas como ese fracaso de la transculturación, y su connotación asimiladora, y de la utopía. Ahí es donde quiero matizar, con una idea de Jean Franco en su ponencia ‘Suicide or Murder? The Postumous Existence of Jose Maria Arguedas.’, preparada para el Congreso internacional del centenario de José Maria Arguedas en la Universidad de Londres, celebrado los días 13 y 14 de octubre de 2011: Arguedas no sufrió tanto una imposibilidad individual, sino el efecto de esa vieja y conocida lógica social que aplasta cualquier logro colectivo. En otras palabras, no puede hablarse del fracaso de un “ingenuo” proyecto de Arguedas: es nuestro universo social el que se niega a cumplir las posibilidades de existencia de un mundo otro, de una sociedad otra.
Así que Kashkaniraqmi, José María Arguedas: seguimos siendo.
Helena Usandizaga. Vladimir Herrera.
viernes, 25 de noviembre de 2011
IGNACIO ECHEVARRÍA Y UNA POLÉMICA ABIERTA.

Por fín mi amigo Ignacio Echevarría, cusqueño por adopción, se lanza a proponernos como polémica abierta algo que los peruanos nos obligábamos a olvidar. Y es que lo esencial de esa antigua polémica entre Cortazar y Arguedas se ha reproducido en estos últimos años bajo la forma de costeños versus andinos. Aunque habrá alguien que diga que no. V.H.
Una polémica abierta
Ignacio Echevarría
En enero de este año se cumplía el centenario del nacimiento del narrador y etnólogo peruano José María Arguedas (1911-1969), autor de Los ríos profundos (1958), una de las cumbres de la literatura latinoamericana. Como Onetti, como Rulfo, como Roa Bastos, a los que se sintió cercano, Arguedas pertenece a una promoción de escritores anterior a la que lideró el boom; escritores sólo tardíamente aupados a la onda expansiva de este fenómeno que, si bien contribuyó a darles proyección internacional, eclipsó en cierto modo no sólo la precedencia incontestable de sus obras, sino también la novedad y la genialidad de sus planteamientos.
Arguedas se quitó la vida de un pistoletazo el 28 de noviembre de 1969, incapaz de superar la aguda depresión que lo acosaba desde tiempo atrás y que ya lo había empujado, en abril de 1966, a un primer intento de suicidio. Aquel mismo año de 1969 parecía haber tocado su fin la sonada polémica que mantuvo con Julio Cortázar, iniciada dos años antes, con motivo de la carta abierta que Cortázar mandó a la revista cubana Casa de las Américas en mayo de 1967, carta en la que justificaba su exilio voluntario en París, saliendo al paso de quienes le reprochaban su distanciamiento de Latinoamérica. Se ha dicho demasiadas veces -y a Cortázar le apesadumbró la sola posibilidad de que así fuera- que esta polémica influyó en la decisión de Arguedas de quitarse vida. Pero no tiene sentido insistir sobre ello, dados los antecedentes. Lo que sí es cierto, sin duda, es que el desarrollo de la polémica avivó las desazones y las dudas que para Arguedas entrañaba su propio proyecto intelectual y político, y no sólo narrativo, y que agravó su desesperanza en relación a la posibilidad de encontrar un cauce adecuado a la expresión de las culturas indígenas aplastadas o silenciadas por el proceso colonizador.
Transida como está de malentendidos, de cierta inevitable teatralidad, de atribuciones infundadas (que la convierten a momentos en un diálogo de sordos), conviene no dejarse arrastrar por simpatías instintivas y prestar a la polémica Arguedas/Cortázar toda la atención que merece en cuanto síntoma de un buen número de tensiones aún irresueltas que, hoy como entonces, constituyen el trasfondo insoslayable de los debates políticos y culturales que giran en torno a Latinoamérica.
Lejos de haber caducado, la polémica mantiene plena vigencia, y sería deseable que las nuevas promociones de escritores latinoamericanos se esforzasen en recuperarla, en volver críticamente sobre ella, acertando a reconocer, en las cuestiones que plantea, muchas de las que en la actualidad reclaman su atención.
Esto es lo que sugiere la profesora Mabel Moraña, de la Universidad de St. Louis, Washington, en un sólido y estimulante trabajo titulado Territorialidad y forasterismo: la polémica Arguedas/Cortázar revisitada (2006), consultable en la Red. Recomiendo muy encarecidamente su lectura, pues constituye un auténtico semillero de reflexiones y de debates que urge promover.
Entre ellos el que proyectaría sobre los horizontes de la nueva cultura globalizada la vieja tensión entre localismo y cosmopolitismo, extremos que Arguedas acertó a relativizar en una de las más célebres réplicas de la polémica, aquella en la que afirma: “Todos somos provincianos, provincianos de las naciones y provincianos de lo supranacional”. Frase que gravita sobre el voluntarioso internacionalismo de tantos nuevos narradores latinoamericanos, pero que gravita también sobre su condición de emigrantes, sobre su nomadismo y su desarraigo, sobre su deliberada extraterritorialidad (véase Bolaño).
¿En qué medida el lugar desde el que lo emite condiciona y connota el discurso del intelectual? ¿Es posible pensar Latinoamérica como un todo cuando coexisten en ella diversas temporalidades correspondientes a sistemas socioculturales superpuestos pero no integrados? ¿Qué tipo de afinidad cabe postular para culturas como la de Perú y Argentina, producto de desarrollos históricos tan diferentes? ¿Cabe obviar la sustancial alteridad de las culturas indígenas respecto a la cultura occidental? ¿Se puede salvar el abismo que las separa? ¿Es el universalismo humanista, de signo marcadamente eurocéntrico, una herramienta de colonización? La transculturación por la que porfió el propio Arguedas, ¿no constituye, en definitiva, una estrategia asimilativa antes que emancipadora? ¿Cabe a las culturas indígenas una supervivencia que no sea residual, marginal y en cierto modo subversiva, reacia a los órdenes del poder?
Son sólo algunas de las preguntas que suscita la revisión de la instructiva polémica Arguedas/Cortázar. Una polémica que, pese a la rutinaria apatía con que en España ha sido conmemorado, el centenario de Arguedas bien podría servir de pretexto para actualizar.
lunes, 7 de noviembre de 2011
ARGUEDAS Y WESTPHALEN EN EL OTOÑO EUROPEO. ANUNCIO DE HELENA USANDIZAGA.
OTOÑO ARGUEDIANO-WESTPHALIANO EN EUROPA



Este otoño, los europeos nos quitamos humildemente el sombrero ante dos inmensos escritores y personajes que admiramos: José María Arguedas y Emilio Adolfo Westphalen.
Hasta ahora, los actos programados han conseguido sortear la tentación académica de alardear de inteligentes y de competir con el otro académico (a ver quién es más brillante), para convertirse en unas conversaciones que a todos nos han hecho pensar y debatir.El primero de los actos reseñados se celebró en Barcelona el 22 de septiembre, un pequeño homenaje con unos pocos (pero de peso) participantes dedicados. Se creó una página en el blog de la Universitat Autònoma de Barcelona:
El segundo evento, un poco más numeroso pero siempre con el formato de la conversación, se celebró en el Birkbeck College de la Universidad de Londres los días 13 y 14 de octubre, y se pueden ver los detalles y el programa en este enlace:
Los eventos pendientes son:
Seminario Homenaje a Emilio Adolfo Westphalen, organizado por Ina Salazar en la Université de Paris Sorbonne, el 19 de noviembre. Llegará pronto el programa.
III Congreso Mitos prehispánicos en la literatura latinoamericana. Homenaje a José María Arguedas, Alicante Universidad de Alicante, 21, 22 y 23 de noviembre de 2011: (Advertencia: si no funcionara el enlace, se recomienda ponerlo en Google)
martes, 22 de marzo de 2011
Se casan Arguedas y Celia Bustamante en Sicuani.
José María Arguedas se casó con Celia Bustamente el 30 de junio de 1939 en la ciudad de Sicuani. Padrino y testigo de esa boda fue Killku Waraka, seudónimo del poeta en quechua Andrés Alencastre. La foto es de ese día frente a los Registros Públicos de Sicuani.
viernes, 14 de enero de 2011
2011 homenajes a José María Arguedas.
En todos lo estratos sociales, culturales y estudiantiles se suceden los homenajes a José María Arguedas. Es una verdadera avalancha, un diluvio de canciones bajo el que una nueva juventud, esta vez pertrechada de valor y contestataria enarbola la imagen del amauta a la que el Nóbel reaccionario ha querido opacar con su Utopía Arcaica, sin lograrlo. Tampoco el poder desde la Casa de Pizarro podrá callar el canto y los homenajes de este año que ya se ve trascendente.
V.H.
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