miércoles, 27 de marzo de 2013

VLADIMIR HERRERA EN FOTO DE PAUL YULE

Paul Yule

Paul Harris Yule is a photographer and film maker.
Born in South Africa[1] his family emigrated to England when he was 8 years old. After studying at Aldenham School and Oxford University he became a photojournalist and documentary film maker, founding Berwick Universal Pictures in London in 1980. He has made more than 30 films on six continents, specialising in feature documentaries, often on controversial political and social themes, several of which have won major awards (International Emmy,[2] Royal Television Society,[3] Edward Morrow Prize,[4] Amnesty International Prize,[5] etc.).
Following work as a photojournalist in Peru from 1979 onwards, a book of his photographs titled "The New Incas" was published by The New Pyramid Press in 1983. Photography became the subject of his first documentary film, 'Martin Chambi and the Heirs of the Incas' (1986), an award-winning collaboration withAndy Harries for the BBC's Arena strand, which depicts the life, times, and contemporary relevance of that great Peruvian photographer of the early 20th century. This was the first of half a dozen documentaries he filmed in Peru over the next two decades.
In 1990 Yule made "Trains That Passed In The Night", a lyrical documentary about another photographer, the American O. Winston Link, a subject whose life story he was to return to and re-assess fifteen years later in "The Photographer, His Wife, Her Lover" (2005).
In 1991-92 Yule's Emmy Award-winning Channel 4 documentary "Damned In The USA", a film about censorship and the arts in the United States which features Rev. Donald Wildmon of the American Family Association, became embroiled in a landmark legal dispute.[6] Wildmon and the AFA sued Yule, his co-producer Jonathan Stack, and Channel 4 for $8 million in an attempt to stop the distribution of the film, describing it as "blasphemous and obscene". Yule and his co-defendants fought the lawsuit in court in Mississippi and won the legal right to freely exhibit the film. Lou Reed re-wrote the lyrics to his classic Walk On The Wild Side in support of the case.
Over the years Yule's film work has ranged from polemical essays through observational documentary and biography to drama. He is also an accomplished teacher. The subject matter of his films have generally addressed the relationships between history, religion, politics and society - including the arts, culture and sport. Along the way he has collaborated with several writers, including withNicholas Shakespeare on films about Bruce Chatwin and Mario Vargas Llosa; with Peter Oborne on exposés of Robert Mugabe and the conspiracy surrounding the cricketer Basil D'Oliveira; as well as with Darcus HoweMiranda Sawyer andPaul Morley. He has also made a number of films in war zones - notably "Babitski's War" (2000, in Chechnya), "The House of War" (2002, in Afghanistan), Mugabe's Secret Famine" (2003, in Zimbabwe), and "Here's One We Invaded Earlier" (2003, in Afghanistan).
In 2008 Yule returned to South Africa to complete a three-film 60-year history of apartheid and its consequences ("White Lies" 1994 - about the International Defence and Aid Fund;[7] "The Basil D'Oliveira Conspiracy" 2004; and "The Captain and the Bookmaker" 2008 - the latter two of which focus on the political history of South Africa as seen through the prism of cricket, including the downfall of Hansie Cronje).
In 2011 he was invited to teach at The University of Cape Town. As a lecturer he has originated "The Big Picture", an intensive, hands-on film production course aimed at training a new generation of filmmakers and technicians to make fresh, socially relevant, local programming. Yule has also been involved in the re-launch of CTV, Cape Town's community television station.
He is married to the cartoonist Denise Dorrance.

Filmography

  • 'Martin Chambi and the Heirs of the Incas' (1986)
  • 'Our God the Condor' (1987)
  • 'Iquitos' (1988)
  • 'Mario Vargas Llosa: The Story of the Novelist Who Would Be President' (1990)
  • 'O Winston Link: Trains that Passed in the Night' (1990)
  • 'Damned in the USA' (1991)
  • 'As American as Apple Pie' (1992)
  • 'Good Morning Mr Hitler!' (1993)
  • 'White Lies' (1994)
  • 'Return to the Sacred Ice' (1994)
  • 'Geiger Sweet Geiger Sour' (1995)
  • 'Elgar's Tenth Muse' (1996)
  • 'Lone Star Hate' (1997)
  • 'In the Footsteps of Bruce Chatwin' (1999)
  • 'Welcome to Armageddon' (1999)
  • 'Babitsky's War' (2000)
  • 'Battle for the Holocaust' (2001)
  • 'Marquis de Sade — Pornographer or Prophet?' (2001)
  • 'The House of War' (2002)
  • 'Mugabe's Secret Famine' (2003)
  • 'Afghanistan — Here's One We Invaded Earlier' (2003)
  • 'Not Cricket: The Basil D'Oliveira Conspiracy' (2004)
  • 'The Last Waterloo Cup' (2005)
  • 'The Photographer, His Wife, Her Lover' (2005)
  • 'Is This My Country?' (2006)
  • 'A Matter of Life and Death' (2007)
  • 'Not Cricket 2: The Captain and The Bookmaker' (2008)
  • 'Black Star — An African Football Odyssey' (2008)
  • 'How To Be A Composer' (2009)
  • 'God Don't Live Here Anymore?' (2010)
  • 'Derek Parker - A Life in Architecture' (2011)

References

External links

martes, 26 de marzo de 2013

Congreso sobre Mitos en la Literatura latinoamericana. Helena en Liverpool.

Saliendo de la cueva de los Beatles, en pleno Liverpool y en pleno II Congreso sobre Mitos en la Literatura latinoamericana, Marcia Hoppe Navarro vio la foto así de divertida y la tomó. Las alumnas sevillanas de Luis Veres (a la derecha) habían conseguido agotar a los músicos cantando y bailando todas las canciones con una beatlemanía juvenil que competía con la nuestra, más asentada en la excelente cerveza inglesa.
Marcia nos dejó hace más de un año, todos la recordamos y nadie nunca tomará una foto como esta. H.U.

viernes, 22 de marzo de 2013

Sobre las piedras de Urubamba. Filonilo Catalina y Rodolfo Hinostroza.

Dos poetas peruanos con la dentadura completa. El más joven estaba feliz de conocer al más viejo. Digamos que con una copa por delante había cumplido el más joven uno de sus anhelos. El pisco peruano hizo todo lo demás. 

domingo, 3 de febrero de 2013

Cristina Fernández Cubas y Paula Massot posan para Alpacahandknitwear.

Cristina Fernández Cubas y Paula Massot posan guapísimas en Barcelona para Alpacahandknitwear de Montse Badell. La foto la hizo Helena Usandizaga con la complicidad de Enrique Vila-Matas.

sábado, 2 de febrero de 2013

ALASITAS PARA RODOLFO HINOSTROZA.



El 24 de diciembre en la plaza de armas de Cusco se compran miniaturas de deseos para regalar a quien corresponda. Pueden encontrarse títulos universitarios, coches, casas, dinero y secretos pequeñísimos que adornan el regalo. Lo importante, para que se cumplan los deseos, es la sorpresa y la alegría en el momento del regalo. En esta secuencia se ve a Marina Herrera regalando una maleta cargada de dinero al poeta peruano Rodolfo Hinostroza que la recibe alborozado como si se tratara de un premio literario.

viernes, 18 de enero de 2013

NAUFRAGIOS VARIOS. PEDRO SERRANO.




Andrés Soria Olmedo
20 AÑOS DE POESÍA. NUEVOS TEXTOS SAGRADOS (1989-2009)
Tusquets, Barcelona
- 510 pp. 25 €

Ángel L. Prieto de Paula (ed.)
LAS MORADAS DEL VERBO. POETAS ESPAÑOLES DE LA DEMOCRACIA. ANTOLOGÍA
Calambur, Madrid - 556 pp. 28 €

Antonio Colinas
NUESTRA POESÍA EN EL TIEMPO (UNA ANTOLOGÍA)
Siruela, Madrid - 608 pp. 24,90 €

Antonio Domínguez Rey
EL OTRO MEDIO SIGLO. ANTOLOGÍA INCOMPLETA DE POESÍA IBEROAMERICANA
Espiral Maior, Culleredo - 560 pp. 36 €

Francisco Rico, Rosa Lentini
MIL AÑOS DE POESÍA EUROPEA
Planeta, Barcelona - 1.290 pp. 29 €

Pablo Luque Pinilla
AVANTI. POETAS ESPAÑOLES DE  ENTRESIGLOS XX-XXI
Olifante, Tarazona - 270 pp. 15 €








































































Las antologías de poesía son objetos peculiares. Están hechas para atraer a lectores, para convencer de una apuesta crítica o para afirmar una nueva realidad, no solo del pasado reciente, sino también de épocas anteriores y geografías diversas. Salvo aquellas que buscan la circulación de los mismos poemas de todos conocidos, la pretensión de cualquier antología es poner una pica en el movedizo mar del Flandes creativo, a sabiendas de lo difícil que es estabilizar las corrientes y delinear un mapa incluso meramente exploratorio. No por nada la mayoría de ellas se convierten en pesados galeones destinados inevitablemente al naufragio. Y, sin embargo, algunas se vuelven canónicas y se recurre a ellas una y otra vez. El fino tomo preparado por José Olivio Jiménez de la Poesía hispanoaméricanacontemporánea para Alianza Editorial en 1972 (con una nueva edición que llega hasta 1987) sigue siendo indispensable para quienes de verdad quieran saber qué pasó en la poesía en español durante el siglo xx. Es tal la vigencia de Poesía en movimiento, una antología de poesía hecha por Octavio Paz –con ayuda, entre otros, de José Emilio Pacheco–, que quien no esté al tanto de que fue publicada en 1966 puede suponer que es lo último que ha sucedido en México. Y los Nueve novísimos de José María Castellet, publicado en 1970, sigue siendo hoy en día eje sobre el cual giran casi todas las apuestas antologadoras de la poesía española, ya sea por imitación del título, por voluntad simplificadora o refleja rigidez. En los tres casos, como en otros, lo que mantiene su vigencia es que los temas que tratan estaban vagamente delineados antes de ser publicadas, y gracias a ellas adquirieron precisión. No deja de ser significativo que estos tres libros aparecieran más o menos por la misma época, en la marea, digamos, de 1968. Algo que quizás estaba sucediendo en ese momento permitió que las respectivas gelatinas condensaran y pudieran hacerse tres cortes de tanta autoridad e influencia, y que en cada uno de sus respectivos campos de zafiro podamos pacer estrellas. Desde entonces, no han parado los intentos de volver a trazar mapas cercanos, adyacentes o posteriores a los que en esas tres aventuras teóricas se apuntaron y apuntalaron. Habrá que suponer que hay un punto en las aguas del tiempo en que estas se abran como el mar Rojo de Moisés, y efectivamente, sea de nuevo posible vislumbrar el Aleph.
Mil años de poesía europea recorre un poco aprisa y en reversa dispersas y desconectadas cimas poéticas europeas para recalar en la inobjetabilidad de sus orígenes. En sus más de seiscientas páginas en español, el lector encontrará una gran cantidad de buenos poemas, fruto de la erudición de Francisco Rico y de la curiosidad de Rosa Lentini, sus recopilado-res. Rico da cuenta en el prólogo de un cambio en la percepción de la traducción de poesía, al señalar que los poemas empiezan a leerse sin referencia al original, como las novelas: «Vuelta cada vez más un espacio y una función propicios a la traducción, la poesía de Europa y de todas las lenguas vive hoy un espléndido pentecostés». Sin embargo, a las pocas líneas se retracta y corrige. La poesía, dice, es «presentada a menudo como intraducible, y probablemente lo sea». Si es intraducible, entonces no es posible ningún pentecostés. A pesar de la floresta que contiene, en esta antología no hay ningún argumento que defienda inclusiones y explique exclusiones. De Polonia podemos leer a Szymborska, pero no hay nada que la anteceda en los mil años anteriores de poesía polaca, y no sabemos tampoco por qué no aparecen sus contemporáneos Herbert y Miłosz. O por qué razón, aparte del gusto de sus autores, de Grecia se incluye a Kavafis y no a Ritsos o a Seferis. Como con estos dos ejemplos, hay regiones, lenguas y países que aparecen y desaparecen sin huella ni continuidad. Los autores dicen que su antología está hecha para libar y picotear a capricho, pero lo que no señalan es que esa fue la técnica usada para la recopilación. El prólogo es un apretado recorrido por unos cuantos vericuetos de la historia de la poesía en Occidente durante la Edad Media, los tres siglos que van del Renacimiento al siglo xviii, el Romanticismo y la Modernidad, que Rico decide llamar post-romanticismo. Algo sacará el lector de ese ajetreo, aunque decir que «esta antología va dirigida a quienes no son lectores de poesía» y soltar citas en alemán, francés, inglés, italiano, provenzal, latín y griego es un poco contradictorio. Hay muchas cosas que se quedan sin una explicación suficiente. Los dos apéndices del libro, por ejemplo, añaden un poema de Josep Carner traducido por él mismo y un soneto de Baudelaire en diez traducciones distintas. Detrás de ambos excursos intuyo una propuesta que valida la condición de original en un poema traducido, para el caso de Carner, y la diversidad de opciones de traducción para el de Baudelaire. Pero, al no mediar ningún comentario, su inclusión parece mero capricho.
En Nuestra poesía en el tiempo, Antonio Colinas, sí que tiene una idea clara de lo que quiere mostrar, y enfatiza al inicio de su prólogo que la poesía es música y la música, ritmo. Aunque esto puede discutirse, el eje de su selección es la constitución sonora de los poemas, que coincide con la poesía de Colinas, pues una de sus virtudes es la fina articulación. La línea que va del «¡eya velar, hoy es día de padecer, ¡eya velar!» de Gonzalo de Berceo a principios del siglo xiii al «yo seré un pájaro del verde olivar» de José Moreno Villa casi ocho siglos después, muestra la maravilla, el peso continuo de la sonoridad de nuestra lengua y el alto vuelo de su encanto. Es de agradecer que haya incluido una muestra importante de Gil Vicente, un poeta de una actualidad pasmosa. Son irrefutables también las selecciones que se han hecho de Bécquer y de Juan Ramón. Cada poema escogido tiene el peso exacto para que el lector se dé cuenta de dónde está un poema y por qué hay un poeta. También son aciertos la inclusión de poetas poco seguidos, como Tirso de Molina (-siglo xvii), como María do Ceo (-siglo xviii), como Carolina Coronado (siglo xix), o como Hérib Campos Cervera (siglo xx). La curiosidad de Colinas casi siempre acierta. Por ejemplo, puede que la pujanza poética de Efraín Huerta vaya en general por otro lado, pero la sonoridad del poema que Colinas ha escogido es preciosa, y hace de su inclusión un hallazgo. Lo mismo sucede con «A la sombra tendido», de Francisco Pino, y con muchas otras de sus elecciones.
Hay otras ideas en el prólogo que, sin embargo, no se ven sustentadas por la selección. Colinas señala que los poemas no solo hablan de los sentimientos con que nos exaltamos, y defiende la diversidad en la poesía, pero su selección solo de manera excepcional sigue esa línea, precisa mente porque su principal guía es la modulación del sonido en un poema. Con eso bastaba. Si se hubiera ceñido a esta idea principal habría hecho un libro breve pero elegante. El -lector seguiría su argumento con claridad y no se perdería en poemas que pertenecen a otra selección. La presencia de poemas en los que sobresale el argumento frente a lo sentimental, como «Hombres necios», de sor Juana, o «Arte poética», de Huidobro, justificados en otro tipo de antología, causan aquí desconcierto y distracción. Por otro lado, es tal el didactismo del prólogo que parece dirigido a niños de mentes intonsas o a adultos aminorados.
Nuevos textos sagrados es, más que una antología, una celebración, que conmemora con una muestra estable los veinte años de poesía de la editorial Tusquets y es también un reconocimiento a su editor, Antoni Marí. Andrés Soria Olmedo, el recopilador, recorre la colección con sobriedad, al incorporar un promedio de dos poemas por libro, lo que hace que aquellos autores con más libros publicados en Tusquets tengan, en consecuencia, un material más abultado. Los parámetros bajo los cuales se estableció esta recopilación fueron de entrada muy sencillos. Vamos leyéndolos no por orden de aparición, sino por edad, desde Juan Ramón hasta Luis Muñoz. Pueden reconocerse allí los grandes aciertos que ha tenido Tusquets, como la publicación de la poesía completa de Alfonso Costafreda, un poeta antes excluido del panorama de la poesía española, o la incorporación de voces soberbias y laterales como la del cubano Virgilio Piñeira, o la apuesta por poetas umbríos y desconcertantes como Francisco Ferrer Lerín. Otro triunfo editorial, aunque no se mencione en la antología, son los Premios Nacionales de Poesía otorgados a Olvido García Valdés y Chantal Maillard publicados por Tusquets. Puede percibirse el colmillo crítico de Soria Olmedo al poner el reiterativo panorama de temas y de ritmos de algunos de los poetas de Tusquets, al lado de algún poema de ellos mismos que sobresale dramáticamente. «Culatra» de Luis Muñoz, «Buscando la verdad» de Jorge Riechmann, «Cabe el vivir estoy» de Carlos Marzal, o «Canción presentimiento» de Luis García Montero, están muy por encima de la altura media de su producción. Lo menciono porque ninguno de estos cuatro poemas está incluido en otras antologías de estos mismos poetas, como veremos más adelante. Dentro de lo que llamaré corriente tradicional, destacan los poemas de Martínez Carrión y Eloy Sánchez Rosillo y los del propio Colinas. Es virtud el empeño de Tusquets, poco frecuente en las editoriales en español y que este libro acredita, de constituir un establo, es decir, que poetas y lectores sepan que van a aparecer recurrentemente en una editorial, hasta alcanzar a veces unas posibles «obras reunidas».
La consolidación del proyecto editorial de Tusquets muestra también en esta antología sus debilidades. En la suma final se percibe una especial inclinación por una manera de escritura, ya que, con todas sus diferencias, hay un claro énfasis de sensibilidad y políticas afines en poetas tales como Benítez Reyes, García Montero, Carlos Marzal y Vicente Gallego, por ejemplo, identificados en un mismo grupo, con varios libros en la colección y al final todos ellos con «obras reunidas». No deja de ser sintomático, en sentido opuesto, que Antonio Gamoneda, quien publicó en Tusquets Arden las pérdidas, decidiera editar su poesía completa en Galaxia Gutenberg, y que algo similar sucediera con Olvido García Valdés. Y, aunque el comentario venga veinte años tarde, una colección que escoge llamarse «Nuevos textos sagrados» reivindica una visión de la poesía en la que el lector es secundario y lo que prima es un supuesto resplandor órfico. Pero la poesía no es sagrada, es decir, no está allá, sino aquí. Por otro lado, el prólogo de Andrés Soria Olmedo es innecesariamente académico y disperso en su primera parte, y farragoso en la segunda. Las fichas sobre los poetas, que deberían estar antes de los poemas y no en el cuerpo del ensayo, están hechas de collages de citas que, dado el papel acrítico que tiene aquí el editor, no está mal, pero al ser tan eclécticas resultan pesadas. Se echa de menos también en este muestrario de Tusquets, para darle un mayor perfil histórico y bibliográfico, un índice de libros publicados y la noticia de premios obtenidos, no tanto por reconocer a sus autores, sino para dar claridad a estos veinte años de proyecto editorial.
Ninguna de las limitaciones vistas en las antologías hasta ahora referidas se compara con el abuso perpetrado en El otro medio siglo. Antología Incompleta de Poesía Iberoamericana (así, con mayúsculas, todo el subtítulo). Aunque firmada colectivamente, cuenta con una introducción de Antonio Domínguez Rey, quien funge como editor y también prologa su armada española. Si las anteriores no soportaban demasiados cabotajes, esta simplemente se descuaderna apenas abandona los astilleros de la academia donde se la vio nacer (es el producto, que dirían los ginecólogos, de un seminario de dos días), a pesar de que deja a la deriva pequeños bloques, en sí mismos interesantes, de poesía gallega, española, catalana, vasca, portuguesa, brasileña e hispanoamericana, sin correspondencia, ritmo ni equilibrio, mal acomodados, peor mezclados y, sobre todo, impunemente arbitrarios. Si en lugar de presentarse como una «incompleta» antología, lo hubiera hecho como reunión silvestre de trabajos particulares de varios investigadores, tendría alguna credibilidad.
El subtítulo aclaratorio de una antología es siempre una dificultad, pues debería servir para asentar la tesis teórica de su organización, o describir su tema concreto. Sin embargo, muchas veces solo ahonda en la vaguedad enunciativa, como pasa con dos recientes antologías de poesía española, Las moradas del verbo, de Ángel Prieto de Paula, y Avanti, de Pablo Luque Pinilla. La primera reúne o nombra a los «poetas españoles de la democracia», con el argumento de que los primeros que incluye comienzan a escribir a finales de los años setenta, y la segunda a «poetas españoles de entresiglos», porque reúne a poetas que comenzaron antes de 2000 y siguen escribiendo. En realidad, cubren un panorama parecido, lo que hace que en algunos casos se solapen. Las moradas del verbo es un trabajo serio y disciplinado que desarrolla un recorrido informativo. La selección de cada poeta, amplia y regular, permite al lector entrar con suficiencia y conocimiento de causa a sus poemas. En «Poesía en la era de la perplejidad», como se titula su estudio introductorio, hay vislumbres críticos interesantes, como, por ejemplo, el que sean los menores quienes a veces influyen en los mayores. Esto pasaba, dicho sea de paso, ya en tiempos de Góngora y Quevedo, que se llevaban veinte años de diferencia, pero tal apunte termina aplastado por la insistencia inexplicable en seguir utilizando como base teórica ese dechado de biologismo mal entendido que es la idea de las generaciones de Ortega. Decía Tomás Segovia que «la vida hace grumos», y en poesía es uno de los sitios donde más se notan. Propongo que empecemos a utilizar este término, que da mejor cuenta de las aglomeraciones poéticas y de su significado que los de «generación» o «promoción».
El aparato académico, si bien ordenado y bienintencionado, hace de Las moradas del verbo un libro predecible y, en fin de cuentas, monótono. Resulta más un registro diligente de lo que los estudiosos de la poesía española han dicho que ha sucedido durante esos veinte años, que un recorrido atento de los saltos significativos, saltos de liebre, por supuesto, que es lo que los poemas verdaderos dejan en nosotros. No es una lectura de poemas, sino una ordenación histórica, válida pero plana en lo general, más ejemplar que indagatoria. Es sintomático que, a pesar de que –con excepción de Chantal Maillard– incluye a todos los poetas que aparecen en la segunda parte de Avanti (antología de la que hablaré enseguida), de los cincuenta y cinco escogidos solo coincida con esa otra antología en seis poemas, y ninguno en los casos de Ángel Campos Pámpano y de Álvaro Valverde, dos poetas de muy interesante registro. Otra peculiaridad es que, a pesar de que incorpora a todos los poetas del grupo de la experiencia publicados por Tusquets (ninguno de ellos aparece en Avanti), los poemas que selecciona Prieto de Paula no presentan ninguna sorpresa: no aparece, por ejemplo, ninguno de los que he destacado en la conmemoración de Tusquets. Por estas razones, en la selección percibo más la voluntad de ser correcto que la búsqueda de una afirmación crítica.
Es importante, sin embargo, señalar aquellas cosas que sí ha sacado a flote un buscador de plomos. Si comparamos los poemas escritos por mujeres con los de los hombres, veremos que ellas, en general, presentan mayor diversidad rítmica y una búsqueda de temas más amplia y sorpresiva, mientras que los hombres tienden a ser más apegados tanto a una métrica como a lo que la historia de la poesía en español ha dicho que deben ser los tópicos poéticos. Sin duda, el antólogo se sintió más a sus anchas escogiendo entre las mujeres que escriben poesía en España, mientras que en el caso de los hombres se dejó impresionar y supeditó su criterio a una mayor visibilidad: los hombres han sido más estudiados y, en consecuencia, sus carriles de valoración están más acotados y trillados. Una virtud de Las moradas del verbo es que ha reunido a treinta y dos poetas de muy diverso origen y destino. En ese sentido, Prieto de Paula ha presentado un libro sólido y variado, amplio en su selección. Se echa de menos que los poemas no incluyan, en la página en que aparecen, su procedencia, pues arrinconados al final, los índices son farragosos y difíciles de seguir.
Avanti, de Pablo Luque Pinilla, recorre un panorama más extenso de la poesía española, pero, por el contrario, el número de poetas es mucho menor. Y aunque en realidad reúne dos diferentes trabajos, «Poetas de los setenta» y «Poetas de los ochenta», publicados primero en italiano, es sorprendente la manera en que el antólogo encaja sus dos apartados. La selección, que incluye catorce poetas, no concuerda con casi ninguno de los estudios y antologías previos sobre poesía española contemporánea. Hay ausencias escandalosas, diría cualquiera, y la sensación de extrañeza aumenta al ver en la contraportada una lista que comienza con Pere Gimferrer, termina con José Mateos y no incluye a muchos de los nombres más rematados de los últimos treinta años. A pesar de su eclecticismo, la lectura de los poemas incluidos produce una tersura en la que los cambios se aceptan con naturalidad y los poemas se desprenden unos de los otros, dialogando en sus oposiciones y diferencias. En realidad, no es un estudio de la poesía española, sino una apuesta crítica derivada de una indagación que, a partir de la producción poética de los últimos años, logra producir un jardín elocuente y medido, de firme recorrido y pertinente ejemplaridad. Los poemas escogidos son tan justos que no se sienten los huecos que se abren de un poeta a otro, los saltos históricos en el mismo poeta o las separaciones debidas no a la fecha de nacimiento, sino a la fecha de aparición (por mencionar algo, los otros ocho novísimos que no se incluyen, el amplio arco de silencio que en español tuvo Gimferrer durante más de treinta años o la inclusión de Abelardo Linares en el primer grupo y de Chantal Maillard en el segundo, siendo que esta es mayor). Solo le ha faltado incorporar a Masoliver Ródenas, nacido antes incluso, pero activo como poeta a partir de los años ochenta, para hacer de esta antología un dispositivo perfecto: tan rocambolesco y aparentemente gratuito como justo en su delineado.
Es interesante que, a pesar de que, como ya se ha dicho, son menos los poetas incluidos, o quizá precisamente por eso, comparada con la de Prieto de Paula, se percibe una mayor diversidad en sus búsquedas. Pasar del rigor seco de Iglesias al enrarecido mundo de Martínez Mesanza y de ahí regresar al humedecido de Luque, o saltar de los relámpagos de D’Ors a la moratoria de Ángel Guinda, corrobora una diversidad en la poesía española que desde otras perspectivas nunca llegaría a notarse. Los comentarios sobre los poetas son amenos e informados, si bien repetitivos a veces, como en las pobres descripciones sobre versificación. En ellos, como en el prólogo, que por lo general es medido, hay momentos en los que los argumentos se vuelven confusos, como, por ejemplo, en el uso de los términos «clásico» y «clasicismo», utilizados de tan indiscriminada manera que al final no significan nada, aunque ahora que lo pienso posiblemente así sea, es decir, que no signifiquen nada.
Si hay que lamentar que algunas de estas antologías no lleguen a constituirse en un valor crítico firme, y en este sentido sean meros ramilletes florales, las más de tres mil páginas de poemas recogidos en ellas no deja de ser un festejo. Quien lleve alguna a su casa poseerá un tesoro. Y quien compre las seis tendrá entrada a una gama de escrituras poéticas variadísima, que se extiende caprichosamente por el mapa europeo a lo largo de diez siglos, se concentra en la sonoridad de mil años de lengua española y se guarece en el puerto de unas muestras contemporáneas a la vez diversas y exclusivas. Y aunque acabe en algún caso por hundirse en las más fallidas, incluso estas acaban dejando a la deriva cartabones y folios que resurgen en posteriores lecturas y medidas. Tal profusión de muestras hace patente que hay poemas y que hay donde leerlos. Es cosa de tenerlos a mano.


- 510 pp. 25 €

Ángel L. Prieto de Paula (ed.)
LAS MORADAS DEL VERBO. POETAS ESPAÑOLES DE LA DEMOCRACIA. ANTOLOGÍA
Calambur, Madrid - 556 pp. 28 €

Antonio Colinas
NUESTRA POESÍA EN EL TIEMPO (UNA ANTOLOGÍA)
Siruela, Madrid - 608 pp. 24,90 €

Antonio Domínguez Rey
EL OTRO MEDIO SIGLO. ANTOLOGÍA INCOMPLETA DE POESÍA IBEROAMERICANA
Espiral Maior, Culleredo - 560 pp. 36 €

Francisco Rico, Rosa Lentini
MIL AÑOS DE POESÍA EUROPEA
Planeta, Barcelona - 1.290 pp. 29 €

Pablo Luque Pinilla
AVANTI. POETAS ESPAÑOLES DE  ENTRESIGLOS XX-XXI
Olifante, Tarazona - 270 pp. 15 €

jueves, 10 de enero de 2013

POEMA PARA ANTONIO CORREA.




POEMA PARA
ANTONIO CORREA.


Volver a Quito que estará allí 
cuando llegue 
el bogotano
y alzar la vista que urge 
las llaves de lluvia
que urgen que arden 
en su materia fina de danza
Lluvia de Quito que estará allí
fruta mulata de ojos adormecida
de visita en el Hotel Sebastian
hotel de lluvia en que se pierden
las almas y el aroma
en voz baja como para llorar o
sin querer querer 
queriendo Antonio.

Vladimir Herrera.
Cusco, enero del 2013.

martes, 8 de enero de 2013

POETAS RODOLFO HINOSTROZA Y VLADIMIR HERRERA EN LAS MONTAÑAS DEL FIN DEL MUNDO DEL 2012.

 La poesía pudo más que la confianza en el fin del mundo. Antes ya lo había dicho René Char. Un verano tumultuoso corría entre nuestras venas o moraba oculto en este paisaje de lluvia. Juntamos a nuestras familias y conforme terminaba el día 21 de diciembre del 2012 nos dábamos cuenta que sólo la luz cambiaría sus dudas por  la soledad de los venados del bosque de Ranhuailla. Hinostroza le daría otro final a su novela y Herrera escribiría unos versos de pie forzado. Aquella noche hablamos a la intemperie de la inclemencia de la poesía peruana plagada de gestos y famas vanos. Pero el sábado llegó pisando la tenue belleza de la  luz del día. Y un nuevo siglo comenzaba benigno y saludable. Fuímonos como sucede en la leyenda sin ideal ni esperanza. Nos prepararíamos para el siguiente fin del mundo de no se sabe cuándo.  
Fotografías de Marina Herrera.


















domingo, 6 de enero de 2013

ORACIÓN POR LOS BORRACHOS DE MALCOLM LOWRY. Tusquets.Marginales.



ORACIÓN POR LOS BORRACHOS

Señor, da de beber a todos estos que ahora se levantan
Destrozados, farfullando palabras desde el centro del infierno,
Mientras espían a través de las ventanas
La espantosa realidad del día que comienza.

Traducción de Juan Luis Panero.

DETALLES DE LA CASA DEL VIEJO DE LOS RÍOS PROFUNDOS DE ARGUEDAS.

Las fotos de Joan de Boheme  muestran detalles de la casa cusqueña en la que José María Arguedas cifró las páginas iniciales de esa gran novela llamada Los ríos Profundos.