DE ENTRE LOS HOMBRES, EL POETA ES EL QUE VIVE MÁS CERCA DE LOS ANIMALES Y DE LOS DIOSES. Teixeira de Pascoaes.
viernes, 15 de julio de 2011
EN EL CENTENARIO DE EMILIO ADOLFO WESTPHALEN. TRES.
Emilio Adolfo Westphalen camina por la playa de Puerto Supe con Celia Bustamante, quien fuera mujer de José María Arguedas. La foto de arriba también es en Puerto Supe. Media probablemente el año 1950.
miércoles, 13 de julio de 2011
domingo, 10 de julio de 2011
EDITA VLADIMIR HERRERA FALSOS RITUALES DE E.A.W. EN BARCELONA. EN 1994.
8 detalles de una edición inencontrable: Falsos Rituales y otras patrañas, de Emilio Adolfo Westphalen. Fueron manuales la composición y la impresión sobre papel Archès con barba. La encuadernación en abanico fue creación de Montse Badell lo mismo que la caja japonesa con cerradura de marfil. Tres ejemplares llegaron a Lima y tres quedaron en Barcelona.
sábado, 9 de julio de 2011
MEMORIAS DE UN TIPÓGRAFO. MANIFIESTO. EN EL CENTENARIO DE E. A. W.
W
Trabé amistad con André Coyné en el otoño de 1975 en Lisboa. Yo le había llevado la edición máxima, hasta ese entonces, de los escritos sobre Vallejo de Editorial Taurus que Julio Ortega me enviaba para él. Por casualidad la amiga en cuyo Citroen dos caballos llegué a Lisboa también era amiga de él. Por tanto el aprecio y la amistad junto con los paseos y el acercamiento a los poetas portugueses amigos de Coyné y nuestras conversaciones sobre Lima fueron el centro de aquella mi estadía en Portugal. De aquel entonces data mi posesión de Trafalgar Square , Editions Tigrondine, 1954.Y Amour à mort, París 1957. Años más tarde Coyné también me obsequió LE CHATEAU DE GRISOU, Mexico 1943. Eran las publicaciones de Cesar Moro que Coyné había guardado con cariño.
Durante casi todos los ochentas con Helena Usandizaga frecuentamos a Coyné en Barcelona, a dónde acudían en la primavera como a una gran ciudad tanto él como Américo Ferrari. Uno venía de Montpellier y el otro de Ginebra. Por aquella época publiqué en Editorial Auqui La Fiesta de los locos de Américo Ferrari, libro que, inscrito en la Edición de El Bardo de su poesía completa, nos dedica a Usandizaga y a mí.
Fue en el otoño del 88 que Coyné nos vino con la novedad de los poemas hallados de Emilio Adolfo Westphalen entre una carpeta de poemas suyos L´oeil obèse en Montpellier y, puesto que conocía mi trabajo y mi taller de la calle Madrazo, me propuso la publicación de ese material westphaliano en forma de libro con un prólogo suyo que da fe del avatar de aquellas letras. Y así fue. Acordamos que el nombre del libro lo pusiera yo y no se me ocurrió otra cosa que prenderme del primer verso del primer poema Cuál es la risa. El libro salió a la luz de la primavera de 1989 junto con el de Coyné: Fe de errores. Fue mi madre quien llevó los ejemplares de las dos ediciones a Lima y los entregó en las manos a Westphalen. El mismo que dada la naturaleza de la publicación y su carácter artesanal y esencialmente tipográfico me envió una postal juguetona y agradecida que conservo en la calle Madrazo.
El año 90, luego del nacimiento de mi primera hija, tuve la suerte de encontrar a Westphalen en Salamanca alrededor de una mesa en la que también estaban Gonzalo Rojas y la hija de Emilio, Silvia, que llegaba de Portugal. Emilio hablaba de la catedral de Ávila y más precisamente de sus estatuas extrañas mientras Gonzalo Rojas carraspeaba y se burlaba del tiempo. En tanto que yo me recuperaba del susto de haberme topado con María Kodama, la viuda de Borges, mesas arriba. Aquella tarde tuve entre mis manos las fotocopias de Falsos Rituales y otras patrañas, que tiempo después publiqué en Barcelona en edición mínima de abanico, en papel Archès. Seis ejemplares: tres que llegaron a Lima y tres que mantengo a buen recaudo.
Se puede notar entonces que en ningún momento E. A. W. estuvo en desacuerdo con mi edición de Cuál es la risa y muy por el contrario, un año después en Salamanca me hizo conocer Falsos rituales . Cuento esto para curarme en salud dada la incuria del tiempo y el acecho de los parientes pobres del diablo que sobre todo en Lima abundan.
Vladimir Herrera.
Ranhuailla ,9 de julio del 2011.
viernes, 8 de julio de 2011
EN EL CENTENARIO DE EMILIO ADOLFO WESTPHALEN. ANDRÉ COYNÉ.
Prólogo de André Coyné para la primera edición de Cuál es la risa de E. A. Westphalen hecha por Vladimir Herrera en Barcelona en 1989. Editorial Auqui.
La memoria es aleatoria.
En uno de los párrafos finales del texto que, el 3 de marzo de 1974, leyó en el Instituto Nacional de Cultura, bajo el título Poetas en la Lima de los años treinta , E.A.Westphalen recordaba que, desde 1935 hasta la fecha, no había publicado poemas, ni tampoco casi escrito. Agregando: “Debo mencionar que había intentado, un poco antes, unos ensayos de lo que se llamaba poesía social. No tenían desde luego nada que ver con la poesía” , y, a renglón seguido: “De esta época data también un grupo de cortos poemas eróticos. Un par trató en vano de publicar Coyné, años después, en una revista española de poesía. Los originales se han perdido”.
Yo llegué al Perú en las últimas semanas de 1948. Mi amistad con Westphalen fue inmediata, traduciéndose en mi presencia en el n° 6 de Las Moradas, a cuyo Comité de redacción seguidamente ingresé, en sustitución de Fernando de Szizlo que en los primeros meses de 1949 emprendió viaje hacia París. La única “revista española de poesía” con la cual tenía alguna relación era Raíz, órgano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, que dirigía J. Guerrero Zamora, a quien conociera en agosto del 48 en Segovia, en el ámbito del primer curso para Extranjeros organizado en la España de posguerra. En su n°3-invierno 1948-49 – había salido uno de mis poemas, pero en breve dejó de publicarse y, según parece, no ha quedado huella de ella ni en las hemerotecas ni entre los bibliógrafos.
Sea como fuera, cuando conocí Poetas en la Lima de los años treinta, a través de su inclusión – junto con Las alternativas del novelista de J. R. Ribeyro- en el tomo Dos Soledades, luego distribuído por el INC, rememoré ese intento mío que Westphalen señalaba, sin que nada entonces me llevara a dudar de que, en verdad, todo fuese hecho definitivamente consumado.
Hasta que, el año pasado, vuelto ya de cuarenta años de errares por los cuatro y tantos continentes, al recuperar viejos papeles y ponerme si cabe, a ordenarlos, abrí una carpeta doblemente obsoleta, que inesperadamente me ofreció los originales de L´oeil obèse – e, intercalada entre sus hojas, la serie perdida de Westphalen: algo más que los “cortos poemas eróticos” a que aludía la charla de 1974; en realidad, todo un conjunto que, cuando se reedite la poesía completa, habrá que inserir entre Belleza de una espada clavada en la lengua, que reúne los sueltos conocidos de 1930-1978, y Arriba bajo el cielo, colección inaugural del segundo Westphalen, el nacido en Lisboa a principios de los 80 – aparentemente tan otro del primero, el que empezara a fulgurar, “andando el tiempo”, “ a la aventura”, en el cielo “sin noche y sin día” de la Lima de los años treinta – y más profundamente tan el mismo, en la medida en que ambos poseen por igual la virtud de sorprendernos, puestos a revelar, cada uno a su modo, “el fin” que fue, es y será “del principio”, mientras el mar no acabe de tragarnos “ para nunca y para siempre”:
“En el origen está el término o vice-versa”.
Montpellier, diciembre de 1988.
André Coyné.
jueves, 7 de julio de 2011
CUÁL ES LA RISA. LOS POEMAS PERDIDOS Y ENCONTRADOS DE E.A.W.
Vladimir Herrera ha compuesto y tirado a mano para Editorial Auqui 250 ejemplares de Cuál es la risa de Emilio Adolfo Westphalen. Para esta edición se han usado tipos Nicolas Cochín del cuerpo 12, sobre papel registro ahuesado. Los trabajos se cumplieron en los talleres del Lunarejo en Barcelona el 21 de marzo de 1989. La maqueta y la encuadernación estuvieron a cargo de Montse Badell.
lunes, 4 de julio de 2011
sábado, 2 de julio de 2011
QUIZÁ ALGUIEN QUIERA LEER EL POEMA
Campos de naipe y de conejos de
José Barroeta
A Teresa
Bienvenida a mi boca
al astro de mi paladar
pequeña y grande abeja.
Conocida en pleno verano,
cuando lejos de mis amigos
huía a cádiz en busca de cristóbal
colón,
mi gran hermano del agua y del viento antiguos
que se aposentaban en mi carne como un millar de carabelas
recién disparadas a la tierra de gracia por las nubes.
Bienvenida, bienvenida mía,
a esa tierra prohibida durante siglos
por los teólogos,
pero que mantuvo el reflujo del cielo doméstico
en mis ojos
mientras mi padre
y
mi
madre
hacían el amor en un lecho
de rosas.
Bienvenida
como los cometas que salen del paraíso,
que bajan como tú
alzando las manos semejantes al pavo real
que custodia la ruina delirante del santo de asís
en la niebla de oviedo.
Semejante tú
al vuelo del pájaro que asedia la atmósfera,
a las heridas rojas de mi país en el amanecer.
Bienvenida abeja
al cáliz del granado que cultivo para ninguna guerra.
Bienvenida a este mi país,
mi casa,
mi día de ayer y de hoy.
Bienvenida al fluir de los ríos,
al arca de noé,
al vientre de mis hijas,
al poema de las praderas rojas,
a la luz de la biblia,
a los campos de naipes y conejos.
Bienvenida porque soy un delirante
que ando vestido de boscajes.
Bienvenida
porque el día de verano deja olor a sirenas,
a pastos de luna de málaga.
Yo soy el cofre:
me llaman el hijo de la copa de huesos de la
pandilla de lautréamont.
A Teresa
Bienvenida a mi boca
al astro de mi paladar
pequeña y grande abeja.
Conocida en pleno verano,
cuando lejos de mis amigos
huía a cádiz en busca de cristóbal
colón,
mi gran hermano del agua y del viento antiguos
que se aposentaban en mi carne como un millar de carabelas
recién disparadas a la tierra de gracia por las nubes.
Bienvenida, bienvenida mía,
a esa tierra prohibida durante siglos
por los teólogos,
pero que mantuvo el reflujo del cielo doméstico
en mis ojos
mientras mi padre
y
mi
madre
hacían el amor en un lecho
de rosas.
Bienvenida
como los cometas que salen del paraíso,
que bajan como tú
alzando las manos semejantes al pavo real
que custodia la ruina delirante del santo de asís
en la niebla de oviedo.
Semejante tú
al vuelo del pájaro que asedia la atmósfera,
a las heridas rojas de mi país en el amanecer.
Bienvenida abeja
al cáliz del granado que cultivo para ninguna guerra.
Bienvenida a este mi país,
mi casa,
mi día de ayer y de hoy.
Bienvenida al fluir de los ríos,
al arca de noé,
al vientre de mis hijas,
al poema de las praderas rojas,
a la luz de la biblia,
a los campos de naipes y conejos.
Bienvenida porque soy un delirante
que ando vestido de boscajes.
Bienvenida
porque el día de verano deja olor a sirenas,
a pastos de luna de málaga.
Yo soy el cofre:
me llaman el hijo de la copa de huesos de la
pandilla de lautréamont.
José Barroeta.
viernes, 1 de julio de 2011
MÁS DE LO MISMO EN LIMA Y EN CHILE.
Por una poesía Evolucionaria.
Marco de Fonz
Digamos que estaba descuidado cuando la poesía entró en mi vida, y ya en el oficio de vivir, continúo poetizando. “Sobrevivir nos cuesta toda la vida” me dijo el poema, y entonces agarré libros y libros y libros y me puse a leer como condenado a muerte. Leía todo lo que caía en mis manos y lo sigo haciendo, pero el peligro de leer es que aprendes a leer bien y entonces ya no crees todo lo que te ponen a leer. Así llegué a la SOGEM, aprendí y dejé de creer en la SOGEM; después fui becario del Centro Chiapaneco de Escritores. Creo en ellos todavía. El Centro ya desapareció pero seguimos con las lecturas. De Chiapas vine a vivir al D.F., ciudad en donde nací y en donde estoy naciendo aún. Al salir de Chiapas pensé en la fraternidad de los poetas, ¡oh, ilusión, inocencia del viajero! Llegué y tuve los primeros topes contra la pared invisible o contra la región más transparente del aire. Golpes que no se dieron a esperar y ahí estaba yo con mi chipote en la frente de la imaginación.
Nada era como yo pensaba: primero se dividieron los poetas ¬-los institucionales y los otros- los primeros no escuchaban, ni veían, ni hablaban con los otros (método de Paz, o tal vez desde los Contemporáneos). El método del ninguneo en pleno y de plano.
Por lo consiguiente, los no vistos, ni escuchados, ni vividos y mucho menos publicados tampoco quieren saber de los institucionales. Al final vivimos un ambiente poético en donde nadie sabe de nadie, aparentemente.
Así conocí a varios poetas burócratas, comencé a fraternizar con los niveles del infierno poético mexicano. Supe de estos burócratas que se dicen poetas y que obstruyen a otros que parece son más poetas que ellos. Pero ellos, al servir a su causa dentro de una institución, no quieren o no permiten que otros disfruten de las mieles de la institución u organismo cultural. De éstos existen muchos más de lo que creemos, ya sea en Conaculta, universidades, Coneculta, Inba o institutos de cultura de cualquier gobierno estatal. Estos escritores o poetas funcionarios son muy extraños: creen merecer el parnaso mexicano con todo y águila y nopal y hasta el Palacio de Bellas Artes. El ego habla más que sus obras. Y cuando los vas a ver, aunque sean funcionarios, no quieren dar nada ni que les pidas nada. Y siempre actúan como si te estuvieran haciendo un favor. Aún siendo burócratas, si se les recuerda que son burócratas, te dejan de hablar y cierran la puerta de sus oficinas. Como si fueran realmente sus oficinas. Increíble espejismo que se forman. En fin, de éstos conozco muchos y mejor olvidarlos. Por sus obras los desconoceréis.
Los otros poetas son los premiados, entrevistados, publicados; los poetas que siempre caen parados pero cuya poesía es dudosa al regodearse en la docilidad del arte por el arte. Poetas que hacen de sus obras y del grupo de amigos “casa de los espejos”. Y no significa que el poeta tenga que ser revolucionario, no, sólo se trata de un poco de ética humana, de lo más básico para creerles y leerlos con más ganas, pero esto no pasa. Estos poetas viven con la Diosa blanca, o son místicos de universidades o son becarios eternos o jóvenes de toda la vida y crean fundaciones dudosas de donde sale toda la “poética nacional” y más que cosmopolitas suenan a “pueblo poetero”. Estos poetas no dan paso sin huarache y son reinas y reyes de todas las primaveras y carnavales del país y fuera del país. Son poetas que se preocupan más por su fama y su pose que por su estética e ideas. Y nunca de los nunca quieren ser interrogados sobre sus nexos o palabras libres con el presupuesto o el poder.
Los poetas de talleres, de encuentros y de ferias de libros, son especialmente chistosos: se la pasan en cada rincón de cualquier pueblo con tal de leer sus obras completas que se autoeditan, se autopremian, automencionan, se autoelogian, se autocomplacen, se autoreseñan. Poetas que buscan la foto en cada esquina junto a un poeta “reconocido” y que por lo tanto creen que ellos serán así mismo reconocidos y aplaudidos y llenos de decoro y bien portados y se felicitan en cada salón de presentaciones y en los bailes de los encuentros de poetas y no se preocupan tampoco por la poesía, sólo les interesa su poesía y las reseñas de sus poemas y así hasta que mueren olvidados por su propio grupo, si no tienen la mala fortuna de que algún vivo instaure un premio con su nombre en su pueblo o colonia o delegación o casa de cultura. En fin que estos eventos son deplorables. Y llegan a caer en el ridículo y en lo patético.
El engaño y autoengaño es de lo más común y necesario para pasar por todos estos círculos. Si no hay engaño no hay venta, si no hay venta no hay poesía. Pero primero es creérselo aunque después no escuchen nada ni a nadie. Vírgenes viciosas nuestros pueblos.
Para comenzar a concluir, vienen las vacas sagradas de la Academia Mexicana de la Lengua, los becarios del Sistema Nacional de Creadores y demás eméritos que dicen decir que dicen ser conocidos, que dicen ser leídos y “muestran al pueblo su cultura”, que en este caso sí es su cultura. La realidad es que a nadie le hacen daño pero tampoco a nadie le hacen bien. Pasan como todo en este pueblo de solos: con mínimos aplausos que ellos creen universales. El engaño otra vez. Parece que el poeta trabaja más con el engaño y autoengaño que con palabras.
Y luego están los poetas extranjeros que vienen a decirnos cómo se le hace para ser poeta extranjero y vivir como en casa. Yo mismo me asumo como extranjero en mi país, todos somos extranjeros. Pero unos abusan de este título de extranjería.
Así, cuando llegué de Chiapas, fui, miré y salí corriendo de cada uno de esos grupos. Puedo decir con cierto orgullo que los conozco a casi todos, desde lo más subterráneo y outsider hasta los más encumbrados poetas de esta ciudad de México. Terrible y gustosa experiencia. Nada recomendable. Por eso, el hacer listas en donde defendamos a unos y ataquemos a otros, creo es inexacto, pues “todos tenemos cola que nos pisen”, como dirían en la calle.
Creo que tenemos varios problemas que resolver si queremos ver a la poesía mexicana de distinta forma y liberada de toda burocracia. Creo que en estos momentos la poesía mexicana, como muchos rubros del arte, está secuestrada, principalmente por dóciles poetas, una burocracia feroz y el miedo a decir o a opinar aún equivocadamente. Tal vez ellos, los poetas oficiales, en su ingenuidad, no se dan cuenta de lo que están haciendo mal.
Quiero ser inocente y entonces alertarlos y decirles que se están equivocando. Uno de los síntomas de que se equivocan es que la poesía mexicana hace muchos años no da nada bueno a la poesía mundial. Ningún poeta mexicano influye de manera estética a ningún otro poeta de otras latitudes. Me imagino que se debe a que estamos más preocupados por quién nos mantiene que por crear una voz propia y verdaderamente poética.
El miedo, como ya mencioné, es otro enemigo de la poesía en México: miedo a perder el premio, la beca, el apoyo, los viajes, la publicación y los encuentros; miedo a todo menos al poema, verdadera misión para el poeta.
Para construir una Poesía Evolucionaria habría que:
Quitar de en medio todos los premios de poesía. Es más: prohibirlos. No permitir que se premie a los poetas, ni premiar a la poesía. Es absurdo premiar algo como la poesía, ya que la calidad de una propuesta poética –cuando la hay– no puede justificarse con el monto de un premio. Quitar del panorama, del mapa, a los premios y premiados. El premio detiene el motor creativo. A estas alturas los premios no sirven de nada a la poesía. Sólo sirven a la cuenta del poeta.
Acabar con los encuentros de poetas. Son ridículos y sólo sirven como pasarela de egos donde nadie se escucha y todos aplauden en automático. Son patéticos, verdaderos clubes del recuerdo. En todo caso, sólo sirven a los interesados y sus intereses.
Quitar de una vez y para siempre becas y estímulos a los creadores. Es innegable que a lo largo de la vida de estos incentivos, no han servido de nada, más que para hacer engordar a escritores y escritoras.
La otra solución, menos drástica, es que todos gocen de estas ayudas del gobierno. Que todo sea realmente rotativo. Que los grupúsculos literarios que ofrecen, califican y dan las becas y estímulos sean diferentes cada seis meses o cada año; que a veces les toque a los H. y a veces a los L. y otras veces a los P. y así hasta que se acabe el abecedario y todos quedemos contentos y gordos. Que todo nos toque a todos. Incluyendo, sin diferencias racistas, a escritores indígenas.
Por todo lo anterior, resulta que el problema de que uno aprenda a leer, a veces tan bien, es que uno termina por ya no creerles a los que se dicen escritores o poetas mexicanos. El aprender a leer nos lleva a buscar más, cada vez más, como poseídos, como endemoniados. Y este acto de lectura libre es en detrimento de los propios poetas que nos dicen que tenemos que leer.
Cuando leemos volteamos, regularmente a otras partes con mayor cantidad de aire y de ideas. Con mayor y mejor poesía. Quiero y necesito desde hace tiempo gozar de una poesía libre de políticos-escritores-burócratas del país. Esto tampoco significa que esté completamente de acuerdo con todo lo alternativo o lo rebelde. También existen grandes fallas en estos grupos, la más grave, es no leer o leer a conveniencia.
En fin que esto está tremendo para cambiarlo. Parece una carta a algún dios muy milagroso, un dios de lo imposible.
Mi experiencia propia es haber platicado con muchos de los escritores y poetas reconocidos y descubrir que su palabra está muy alejada de su corazón y ambos de sus ideas. Que no eran esos escritores que yo veía y sentía de una forma tontamente romántica. Porque no esperaba yo que los poetas fueran santos, pero tampoco pensé que fueran tan tontos. En fin, mi aprendizaje indica que no les puedo creer, casi ya a ninguno o ninguna de las poetas o escritores que en los medios públicos o en los institutos de cultura me dicen que son los representantes de los poetas en México.
Los seguiré leyendo porque me gusta leer y leo hasta a mis enemigos, a diferencia de muchos que no leen ni a sus amigos. Y espero hacer todo lo posible con mis poemas para cambiar esto y liberar a la poesía mexicana de sus mafiosos captores así como seguir con este proyecto personal e individual, porque nunca me interesó formar parte de ningún grupo, decisión que, me imagino, perjudica mi posibilidad de obtener alguna beca (jejeje).
Espero que esta propuesta se vaya tornando más seria y adquiera mayor fundamento, no sólo al proponer, sino al darle seguimiento a las bases para descubrir una Poesía Evolucionaria.
Sin más por el momento, recibe un abrazo fraterno y espero seguir platicando contigo, porque creo que la palabra al final de los tiempos terminará liberando al poema.
Gracias.
¡Poesía!
Marco Fonz
Marzo, 2011
Nada era como yo pensaba: primero se dividieron los poetas ¬-los institucionales y los otros- los primeros no escuchaban, ni veían, ni hablaban con los otros (método de Paz, o tal vez desde los Contemporáneos). El método del ninguneo en pleno y de plano.
Por lo consiguiente, los no vistos, ni escuchados, ni vividos y mucho menos publicados tampoco quieren saber de los institucionales. Al final vivimos un ambiente poético en donde nadie sabe de nadie, aparentemente.
Así conocí a varios poetas burócratas, comencé a fraternizar con los niveles del infierno poético mexicano. Supe de estos burócratas que se dicen poetas y que obstruyen a otros que parece son más poetas que ellos. Pero ellos, al servir a su causa dentro de una institución, no quieren o no permiten que otros disfruten de las mieles de la institución u organismo cultural. De éstos existen muchos más de lo que creemos, ya sea en Conaculta, universidades, Coneculta, Inba o institutos de cultura de cualquier gobierno estatal. Estos escritores o poetas funcionarios son muy extraños: creen merecer el parnaso mexicano con todo y águila y nopal y hasta el Palacio de Bellas Artes. El ego habla más que sus obras. Y cuando los vas a ver, aunque sean funcionarios, no quieren dar nada ni que les pidas nada. Y siempre actúan como si te estuvieran haciendo un favor. Aún siendo burócratas, si se les recuerda que son burócratas, te dejan de hablar y cierran la puerta de sus oficinas. Como si fueran realmente sus oficinas. Increíble espejismo que se forman. En fin, de éstos conozco muchos y mejor olvidarlos. Por sus obras los desconoceréis.
Los otros poetas son los premiados, entrevistados, publicados; los poetas que siempre caen parados pero cuya poesía es dudosa al regodearse en la docilidad del arte por el arte. Poetas que hacen de sus obras y del grupo de amigos “casa de los espejos”. Y no significa que el poeta tenga que ser revolucionario, no, sólo se trata de un poco de ética humana, de lo más básico para creerles y leerlos con más ganas, pero esto no pasa. Estos poetas viven con la Diosa blanca, o son místicos de universidades o son becarios eternos o jóvenes de toda la vida y crean fundaciones dudosas de donde sale toda la “poética nacional” y más que cosmopolitas suenan a “pueblo poetero”. Estos poetas no dan paso sin huarache y son reinas y reyes de todas las primaveras y carnavales del país y fuera del país. Son poetas que se preocupan más por su fama y su pose que por su estética e ideas. Y nunca de los nunca quieren ser interrogados sobre sus nexos o palabras libres con el presupuesto o el poder.
Los poetas de talleres, de encuentros y de ferias de libros, son especialmente chistosos: se la pasan en cada rincón de cualquier pueblo con tal de leer sus obras completas que se autoeditan, se autopremian, automencionan, se autoelogian, se autocomplacen, se autoreseñan. Poetas que buscan la foto en cada esquina junto a un poeta “reconocido” y que por lo tanto creen que ellos serán así mismo reconocidos y aplaudidos y llenos de decoro y bien portados y se felicitan en cada salón de presentaciones y en los bailes de los encuentros de poetas y no se preocupan tampoco por la poesía, sólo les interesa su poesía y las reseñas de sus poemas y así hasta que mueren olvidados por su propio grupo, si no tienen la mala fortuna de que algún vivo instaure un premio con su nombre en su pueblo o colonia o delegación o casa de cultura. En fin que estos eventos son deplorables. Y llegan a caer en el ridículo y en lo patético.
El engaño y autoengaño es de lo más común y necesario para pasar por todos estos círculos. Si no hay engaño no hay venta, si no hay venta no hay poesía. Pero primero es creérselo aunque después no escuchen nada ni a nadie. Vírgenes viciosas nuestros pueblos.
Para comenzar a concluir, vienen las vacas sagradas de la Academia Mexicana de la Lengua, los becarios del Sistema Nacional de Creadores y demás eméritos que dicen decir que dicen ser conocidos, que dicen ser leídos y “muestran al pueblo su cultura”, que en este caso sí es su cultura. La realidad es que a nadie le hacen daño pero tampoco a nadie le hacen bien. Pasan como todo en este pueblo de solos: con mínimos aplausos que ellos creen universales. El engaño otra vez. Parece que el poeta trabaja más con el engaño y autoengaño que con palabras.
Y luego están los poetas extranjeros que vienen a decirnos cómo se le hace para ser poeta extranjero y vivir como en casa. Yo mismo me asumo como extranjero en mi país, todos somos extranjeros. Pero unos abusan de este título de extranjería.
Así, cuando llegué de Chiapas, fui, miré y salí corriendo de cada uno de esos grupos. Puedo decir con cierto orgullo que los conozco a casi todos, desde lo más subterráneo y outsider hasta los más encumbrados poetas de esta ciudad de México. Terrible y gustosa experiencia. Nada recomendable. Por eso, el hacer listas en donde defendamos a unos y ataquemos a otros, creo es inexacto, pues “todos tenemos cola que nos pisen”, como dirían en la calle.
Creo que tenemos varios problemas que resolver si queremos ver a la poesía mexicana de distinta forma y liberada de toda burocracia. Creo que en estos momentos la poesía mexicana, como muchos rubros del arte, está secuestrada, principalmente por dóciles poetas, una burocracia feroz y el miedo a decir o a opinar aún equivocadamente. Tal vez ellos, los poetas oficiales, en su ingenuidad, no se dan cuenta de lo que están haciendo mal.
Quiero ser inocente y entonces alertarlos y decirles que se están equivocando. Uno de los síntomas de que se equivocan es que la poesía mexicana hace muchos años no da nada bueno a la poesía mundial. Ningún poeta mexicano influye de manera estética a ningún otro poeta de otras latitudes. Me imagino que se debe a que estamos más preocupados por quién nos mantiene que por crear una voz propia y verdaderamente poética.
El miedo, como ya mencioné, es otro enemigo de la poesía en México: miedo a perder el premio, la beca, el apoyo, los viajes, la publicación y los encuentros; miedo a todo menos al poema, verdadera misión para el poeta.
Para construir una Poesía Evolucionaria habría que:
Quitar de en medio todos los premios de poesía. Es más: prohibirlos. No permitir que se premie a los poetas, ni premiar a la poesía. Es absurdo premiar algo como la poesía, ya que la calidad de una propuesta poética –cuando la hay– no puede justificarse con el monto de un premio. Quitar del panorama, del mapa, a los premios y premiados. El premio detiene el motor creativo. A estas alturas los premios no sirven de nada a la poesía. Sólo sirven a la cuenta del poeta.
Acabar con los encuentros de poetas. Son ridículos y sólo sirven como pasarela de egos donde nadie se escucha y todos aplauden en automático. Son patéticos, verdaderos clubes del recuerdo. En todo caso, sólo sirven a los interesados y sus intereses.
Quitar de una vez y para siempre becas y estímulos a los creadores. Es innegable que a lo largo de la vida de estos incentivos, no han servido de nada, más que para hacer engordar a escritores y escritoras.
La otra solución, menos drástica, es que todos gocen de estas ayudas del gobierno. Que todo sea realmente rotativo. Que los grupúsculos literarios que ofrecen, califican y dan las becas y estímulos sean diferentes cada seis meses o cada año; que a veces les toque a los H. y a veces a los L. y otras veces a los P. y así hasta que se acabe el abecedario y todos quedemos contentos y gordos. Que todo nos toque a todos. Incluyendo, sin diferencias racistas, a escritores indígenas.
Por todo lo anterior, resulta que el problema de que uno aprenda a leer, a veces tan bien, es que uno termina por ya no creerles a los que se dicen escritores o poetas mexicanos. El aprender a leer nos lleva a buscar más, cada vez más, como poseídos, como endemoniados. Y este acto de lectura libre es en detrimento de los propios poetas que nos dicen que tenemos que leer.
Cuando leemos volteamos, regularmente a otras partes con mayor cantidad de aire y de ideas. Con mayor y mejor poesía. Quiero y necesito desde hace tiempo gozar de una poesía libre de políticos-escritores-burócratas del país. Esto tampoco significa que esté completamente de acuerdo con todo lo alternativo o lo rebelde. También existen grandes fallas en estos grupos, la más grave, es no leer o leer a conveniencia.
En fin que esto está tremendo para cambiarlo. Parece una carta a algún dios muy milagroso, un dios de lo imposible.
Mi experiencia propia es haber platicado con muchos de los escritores y poetas reconocidos y descubrir que su palabra está muy alejada de su corazón y ambos de sus ideas. Que no eran esos escritores que yo veía y sentía de una forma tontamente romántica. Porque no esperaba yo que los poetas fueran santos, pero tampoco pensé que fueran tan tontos. En fin, mi aprendizaje indica que no les puedo creer, casi ya a ninguno o ninguna de las poetas o escritores que en los medios públicos o en los institutos de cultura me dicen que son los representantes de los poetas en México.
Los seguiré leyendo porque me gusta leer y leo hasta a mis enemigos, a diferencia de muchos que no leen ni a sus amigos. Y espero hacer todo lo posible con mis poemas para cambiar esto y liberar a la poesía mexicana de sus mafiosos captores así como seguir con este proyecto personal e individual, porque nunca me interesó formar parte de ningún grupo, decisión que, me imagino, perjudica mi posibilidad de obtener alguna beca (jejeje).
Espero que esta propuesta se vaya tornando más seria y adquiera mayor fundamento, no sólo al proponer, sino al darle seguimiento a las bases para descubrir una Poesía Evolucionaria.
Sin más por el momento, recibe un abrazo fraterno y espero seguir platicando contigo, porque creo que la palabra al final de los tiempos terminará liberando al poema.
Gracias.
¡Poesía!
Marco Fonz
Marzo, 2011
jueves, 30 de junio de 2011
martes, 28 de junio de 2011
CAMPOS DE NAIPE Y DE CONEJOS. JOSÉ BARROETA POR HELENA USANDIZAGA.
CAMPOS DE NAIPE Y DE CONEJOS
Helena Usandizaga
“Campos de naipe y de conejos” es el poema de los dones, del ofrecimiento, de la apertura y la potencialidad. Frente a otros poemas dolorosos y a veces hasta malditos de Barroeta, en éste se presenta un tema que creo bastante propio de Arte de anochecer, aunque estaba anteriormente y estará después, alternando con su contrario: la salvación, la salvación por el otro, como en varios poemas de este libro que invocan a las presencias tutelares (“Vamos a buscar a mi padre, noviembre”, dice en “Noviembre”, o “No debo temer. Lo entiendo porque tu cadáver se lo dice/ a lo que está en mí enfermo”, en “Elegía de mi hermana Cristina”). En “Campos de naipe y de conejos”, el padre y la madre hacen el amor en una escena idílica, alejada de la terrible mirada edípica de algunos poemas como “Néstor”, de Todos han muerto: “Si no me amas mato a mi padre”, o la visión maldita y central del sujeto del poema (“Mi melancolía debe ser mi cuerpo muerto con sus ojos verdes/ cerrados”, en “Elegía”, de Todos han muerto). En el poema que comento, el amante, como todo amante cortés que se precie, se declara inferior a la amada y dispuesto a servirla: él es “un delirante/ que ando vestido de boscajes”, y también el cofre de los dones, mientras que ella es “como los cometas que salen del paraíso”. La amada ya no es tanto la Nadja de Breton; se amplía la referencia a su conciencia, tal vez a la manera de la Elena de Juan Sánchez Peláez. Como es frecuente en la poesía de Barroeta, destilador de lo mejor del romanticismo, el simbolismo y el surrealismo, la verdad se presenta como iluminación fulgurante.
Es un poema transparente y de fluir diversificado, frente a otros de mayor complejidad semántica o más redondos de este mismo libro, pero ¿por qué este poema recupera con una magia muy de Barroeta esos campos de naipe y de conejos de nuestra infancia, casi de Lewis Carroll, y recrea de modo inmediato en el poema la bienvenida feliz a una plenitud ofrecida? Es que éste es un poema de amor, es un poema de bienvenida al amor. Difícil de leer en el siglo XXI, yo apuesto por este poema porque sugiere inigualablemente esa apertura generosa del encuentro con el otro, ese momento en que todo es posible y todo está abierto.
“Me llaman el hijo de la copa de huesos de la pandilla de lautréamont”, termina el poema. El sujeto se ha definido como ese poeta en concreto, y quiero recordar la risa cuando Pepe narraba cómo varias veces le habían buscado para preguntarle cómo se hacía uno de la pandilla de Lautréamont o de la República del Este, qué papeles había que rellenar, en fin.
¿Entonces, el sujeto del poema es Pepe Barroeta? La historia que subyace al poema ocurrió, es cierto (en uno de eso vaivenes colombinos que en su poesía señalan a la vez ironía y sentido de la aventura,) pero una deformación casi profesional, y acertada en la mayoría de los casos, nos hace muchas veces eludir lo referencial en el poema, por miedo a proyectarlo demasiado literalmente sobre él y ahogar los varios sentidos del texto. Pero éste es un homenaje a Pepe Barroeta tanto como a su poesía, y quiero evocar no sólo su inscripción en este poema sino aventurar que esa salvación invocada en el texto se cumplió para él de manera paradójica.
Entonces este comentario es un homenaje a Pepe y a través de este texto también a Teresa, la abeja del poema, y a aquellos años 70 de promesas que tuve la suerte de compartir con los dos.
Y para seguir mirando desde el pasado que germina, acabo con unos versos de “Tierra soluble” (de Fuerza del día): “Hace mucho tiempo de las rosas perfectas,/ hace tiempo pero ya las poseo sin tener/ que marchar atrás”.
HELENA USANDIZAGA.
viernes, 24 de junio de 2011
LA FOTO DE KRIS POSITIVA ACCELERADA.
Esta pintada se ha encontrado en Barcelona en los días álgidos de los mal llamados indignados mientras se espera que la revolución empiece en Grecia o en Puno.
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