
DE ENTRE LOS HOMBRES, EL POETA ES EL QUE VIVE MÁS CERCA DE LOS ANIMALES Y DE LOS DIOSES. Teixeira de Pascoaes.
viernes, 20 de abril de 2012
GONZALO HERRALDE Y MARIBEL MARTÍN DESDE LEJOS.
Este recortado recorte además de las bondades de la antigua fotografía periodística nos trae a la memoria el amor que le profesábamos a esta bella, yo de más lejos, digamos que desde la galería: Pero Gonzalo Herralde la dirigió en Últimas Tardes Con Teresa y aunque no haya salido una palabra de la boca del tiempo el viento dice que aquel director obró con fascinación a un tanto así de la inocencia y la crueldad. V.H.


martes, 17 de abril de 2012
IMAGEN BREVE DE LA GENERACIÓN DEL 70. O NO SÓLO EN LIMA OCURREN COSAS.
MARGINALIDAD EN LA GENERACIÓN PERUANA DEL 70
La sensibilidad de la generación del 70 peruana se inscribe en un clima generalizado en este momento en Latinoamérica, que en parte se adscribe al movimiento beat, y dentro de éste no sólo a las lecturas literarias, determinantes sin duda: la sensibilidad de esta época la determinan también las drogas, la música beat y sus grupos emblemáticos, el cine rodado en América, y las presencias de Allen Ginsberg en Lima y Jack Kerouac en el Cusco. Como sugieren estas anécdotas, no sólo en Lima ocurren cosas: en el Cusco, el poeta Américo Yábar da un recital esposado, protegido por el poeta consagrado Cholo Nieto; Raúl Brozovich se pasea con Jack Kerouak por la Plaza de Armas comiendo helados. Este momento también se convierte en uno de conexión latinoamericana y europea. Acuden a Lima escritores europeos y latinoamericanos; y luego, debido al éxodo tras el primer momento de relación con la revolución peruana de Velasco y sus órganos periodísticos, se genera un circuito que se amplía por la errancia latinoamericana de la época. Toda esta marginalidad internacional da una serie de productos poéticos que examinaremos a la luz de la gestión de esa marginalidad que se vuelve a veces, para algunos, una etiqueta de autodefinición defendida como un espacio conquistado.
Helena Usandizaga
lunes, 9 de abril de 2012
UN EXTRAÑO ANIVERSARIO. USANDIZAGA ESCRIBE SOBRE OSVALDO LAMBORGHINI.
Que Osvaldo Lamborghini no era ningún angelito –ni falta que le hacía- ya lo sabíamos; que era un extraordinario y salvaje escritor, también. Así que la anunciada relectura de sus años barceloneses, para corregir aspectos de la biografía de Strafacce, sugiere quizás la reparación de los fantasiosos nombres de lugares de encuentro o del sesgo más o menos malintencionado que adquieren algunos personajes de Barcelona en esa biografía. Los sobrevivientes de aquellos años lo hubiéramos hecho con los ojos cerrados.
Pero los errores llaman a los errores y se produce el hecho cómico de que cualquiera que escribe sobre Lamborghini en Barcelona los vuelve a cometer y los reinventa (incluso Gregorio Morán en su ferviente y mucho más sugerente presentación en una de sus sabatinas de La Vanguardia, el 25-26/12/2009). Así que los olvido, y sigo leyendo para ver qué propone el joven escritor y periodista Jorge Carrión.
Entiendo que se trata más bien de una reinterpretación de la figura de Lamborghini en Barcelona, pero tras un inicial desencuentro con la viuda de Osvaldo, la aportación se convierte en un curioso ejercicio de descalificación ad hóminem –y ad mulierem, porque Hanna recibe varias estocadas-. Se diría que el único defensor de Lamborghini en aquellos años fue Marcelo Cohen, pero el sincero afecto que recuerda y la sabiduría que intercambiaron quedan como soslayadas por sus coincidencias (respecto a la virulencia del duelo verbal) con Toni Marí, impresionado en especial por las discusiones sobre Hegel que tuvo con Lamborghini. El anecdótico desencuentro que el texto articula como batalla entre “los Marí” y la menos institucional unidad Hanna/ Osvaldo -la desclasada y su mantenido- refiere, así presentado, a un tejido de lugares comunes que insisten en el perfil asocial de los dos, una casi demonización que ya detectó César Aira evocando a otro Osvaldo que yo también conocí:
En estos últimos años la leyenda ha hecho de Osvaldo un «maldito», pero las bases reales no van más allá de cierta irregularidad en sus costumbres, la más grave de las cuales fue apenas la frecuencia en el cambio de domicilio. Para unas normas muy estrictas pudo haber sido un marginal, pero nunca, de ninguna manera, el esperpéntico fantasmón que un lector crédulo podría deducir.
Osvaldo era un señor apuesto, atildado, de modales aristocráticos, algo altivo pero también muy afable. Su conversación deslumbraba invariablemente. [...] Vivió rodeado de admiración, cariño, respeto, y buenos libros, que fueron una de las cosas que nunca le faltaron. No fue objeto de repudios ni de exclusiones; simplemente se mantuvo al margen de la cultura oficial, con lo que no perdió gran cosa.
Del prólogo de César Aira al libro Novelas y cuentos, publicado por Ediciones del Serbal, 1988. http://www.literatura.org/OLamborghini/intro-aira.html
Nada que ver con el personaje de este artículo: al final, el texto remacha la imagen de Osvaldo y Hanna en espejo, con la teoría de que cada uno fue la obra maestra del otro, lo cual, después de los perfiles trazados, sugiere una dudosísima ironía.
Y, también al final, me vuelve a la mente el principio del artículo de Carrión: Hanna, al recordar a quienes frecuentaba Osvaldo, habla “sobre todo de Vladimir Herrera”, que no parece existir en estas líneas. Aquí llega.
Helena Usandizaga
miércoles, 4 de abril de 2012
LOS TRADUCTORES DE TABUCCHI.

LOS TRADUCTORES DE TABUCCHI (fragmento)
Capítulo aparte, pero no exento de interés, es el que hace referencia a los traductores de Tabucchi en España. La primera traductora de su obra fue Carmen Artal, conocida por sus versiones de Bruno Munari,de Melandri o de Andrea de Cario, así como de Baudelaire entre otros. A ella se deben Dama de Porto Pim, Nocturno hindú y El juego del revés. Joaquim Jordá, conocido como traductor de Leonardo Sciascia o Giorgio Manganelli, además de por sus versiones de M. Foucault, o de Rousseau, y traductor, a su
vez, de autores catalanes al castellano (entre los que cabe citar a Quim Monzó, Ferran Torrent o Pere Calders). substituyó a C. Artal en Anagrama para Pequeños equívocos sin importancia y La línea del horizonte entre 1987 y 1988. Sin embargo, los mayores traductores de Tabucchi al castellano son
Javier González Rovira y Carlos Gumpert, que ha traducido conjuntamente toda su producción restante (excepto Un baúl lleno de gente, obra de Pedro Luis Ladrón de Guevara), y se han especializado en Tabucchi desde 1991, siendo por su parte, Gumpert el traductor habitual de Tabucchi para la prensa periódica española. Anagrama ha presentado casi exclusivamente su obra a esta lengua, haciéndose cargo de los derechos de traducción (que ha cedido tan sólo para Un baúl Heno de gente, ensayo literario sobre la obra de Pessoa, como decíamos) desde hace años, con singular perspicacia, y buena fortuna desde que ha sobrevenido el boom editorial de Tabucchi a mediados de los 90. En catalán, sin embargo, la discontinuidad observada en las editoriales se repite en lo referente a los traductores, y ni siquiera la exclusividad de
derechos que ostenta Edicions 62 ha propiciado una continuidad en este sentido. Las primeras traducciones, presentadas por Pórtic, son obras de Salvador y Marta Albertí, dos traductores más conocidos por su dedicación a trabajos de lingüística y diccionarios de catalán. El valenciano Joan Francesc Mira, conocido como estudioso de la obra de J. Fusíer, además de por sus colaboraciones en prensa (en el semanario nacionalista "El Temps", concretamente), es el responsable de la versión catalana de Nocturn a f india, por su
parte. Xavier Riu, profesor de Filología Clásica y traductor habitual de Edicions 62 es el encargado de la traducción catalana de la muy exitosa Afrima Perira, mientras que Somni de somnis... es obra de otro traductor habitual de la casa y editor, Jordi Comudella, conocido por dar a conocer a Roberto Pazzi, además de por sus estudios de la obra de J. Camer. Y por último, Pep Julia, traductor del inglés de Alian Brown o Gerald Durrell, entre otros). Son, como vemos, traductores profesionales en su mayoría (excepto en los primeros casos), pero ninguno muestra, desgraciadamente, la especialización y el conocimiento del universo tabucchiano que se advierte en el terreno de la traducción al castellano. Sin embargo, resulta obvio que a partir de la mitad de los 80 en castellano y de los 90 en catalán, la producción de Tabucchi es presentada al público por parte de traductores de renombre en sus respectivos campos, lo cual es índice del prestigio adquirido por el autor, y a la vez, como pez que se muerde la cola, una de las causas que ha contribuido a dignificar la calidad de las traducciones. La reciente profesionalización de la traducción, quizá determina, no obstante, que no hallemos escritores entre las filas de los traductores de la obra de Tabucchi, a diferencia de lo que venía siendo habitual en otras épocas. Con la excepción de Joan Francesc Mira, traductor,
como hemos dicho, de Nocturn a L´India en catalán. Sin duda Tabucchi, no siendo un escritor de masas, sino un autor cuya calidad literaria y constantes referencias histórico-literarias lo alejan de la producción literaria de consumo, ha conseguido llegar al gran público. Su reconocimiento es, de hecho, previo al boom editorial, acaecido a mediados de los 90, dado que ganó numerosos premios literarios con anterioridad, desde el "Medici Étranger" de 1987. El año 1994 es el de su verdadera consagración como escritor en Italia, al ganar Sostiene Pereira el premio Campiello, el ViareggioRapaci o el Premio Scanno. Pero lo cierto es que su traducción a 16 idiomas se debe principalmente al éxito de la película homónima. Habrá que ver, pues, a
partir de ahora, cuál será su evolución en el futuro, y cómo se comporta la recepción de su obra en el ámbito hispano.
Assumpta Camps
Universidad de Barcelona.
domingo, 1 de abril de 2012
COLUMNA DE VERANO DE MAURICIO ELECTORAT
Columna de verano
por Mauricio Electorat
El tema de esta columna es el eterno retorno. El eterno retorno del verano, en primer lugar y, también, el de ciertas lecturas y estados de ánimo, por decirlo con una expresión antigua. Es que el verano tiene algo de anulación del tiempo... El tiempo del verano es moroso, líquido, solar, enrarecido, onírico... Digámoslo de una vez: en verano, uno tiende a no existir. Por lo menos, no como se existe de marzo a enero: positiva, empírica, histriónicamente en el teatro del mundo... ¿No se ha dado cuenta que en febrero usted, y todo lo que usted supone, tiende a desaparecer? Sobre todo si se queda en casa, porque irse de vacaciones equivale a distraerse y eso es hacerle trampa al único momento del año en el que el misterioso paso del tiempo nos señala con su lento dedo veraniego una verdad irrefutable: la de la desaparición, la de su desaparición y la mía.
Cualquier alma más o menos literaria o sensible (¿hay almas literarias insensibles?, a lo mejor) sabe a estas alturas que el tiempo, como quería Borges, es circular. Que la historia y las historias se repiten, como se repiten los personajes y sus circunstancias. Hablo de las vidas de la gente común y corriente, no de las de los personajes de la literatura, pues cualquier alma sensible sabe también a estas alturas que las novelas imitan la vida, que es el verdadero territorio —el humus— en el que echa raíces toda literatura (después están las vanguardias, las "deconstrucciones", las novelas sobre la novela o sobre la "posibilidad de la novela", pero en el principio era la vida, ¿cómo podría ser de otra manera?). Para volver al tema, yo por ejemplo estoy convencido de que mi vida es, en cierto modo, una repetición de la de mi abuelo, un emigrante francés que llegó a Buenos Aires a los dieciocho años y luego se radicó en Valparaíso, como yo llegué a Barcelona a los veintiuno y luego me radiqué en París hasta muy entrada la cuarentena. ¿Se ha imaginado usted que su vida puede ser el retorno, la recreación, digamos, de la vida de otro? ¿Y de la vida de quién sería, si fuera?
Quizás por esto el verano —el verano casero, no el de los lagos y playas cuya agitación está pensada justamente para ahorrarle a usted la extraña sensación de inexistencia, o de tiempo circular, o de eternidad, pues todo ello viene a ser más o menos lo mismo— es una época propicia para reanudar ciertas lecturas. Digo esto porque este verano, como el verano pasado, he estado leyendo En busca del tiempo perdido. Proust, Marcel, es una excelente lectura de verano, pues habla precisamente del paso del tiempo, de ese tiempo moroso y eterno de los caserones de provincia y de los salones de esa provincia del tiempo que es el París decimonónico; y no sólo "habla" del tiempo, sino que lo reconstituye en su esencia misma, que es precisamente su fluír, su moroso caudal que hace y deshace vidas y novelas. Y su milagro, su arte, es que lo reconstruye mediante la escritura. Una novela sobre nada, se proponía escribir Flaubert al comenzar La educación sentimental. Y, obviamente, el resultado, es una novela sobre la futilidad de todo empeño humano y sobre la decadencia de la burguesía en la Francia del siglo XIX. Pues bien, La recherche..., como se la conoce en francés, es una vasta saga literaria sobre nada, una especie de monumento sobre el paso del tiempo y, con ello, sobre la escritura. Yo leo a Proust, este verano, los anteriores y, sin duda, los que vendrán. Y también a Balzac que es, como todo el mundo sabe, no sólo el inventor de la novela negra (lean, por favor, Esplendor y miseria de las cortesanas) sino, como decía Cendrars, el inventor del mundo. Algunas páginas de Proust, algunas de Balzac, mientras afuera, los "maestros" (curioso que llamemos así a los obreros) pintan la casa de algún vecino escuchando radio Corazón. Escucho yo también retazos de esas historias de amor, de despecho, de personas que buscan a otras personas, o sencillamente de gente que llama para pasar el tiempo... Si Proust y Balzac hubiesen vivido en este Santiago, seguro que habrían escuchado radio Corazón.
jueves, 29 de marzo de 2012
Los Nuevos Nuevos de la Generación del 70
Los Nuevos Nuevos, la brevísima antología de cuentos en la que aparecen mis amigos del setenta es una prueba también de la amistad que hubo entre Cesar Vega Herrera, Nelson Castañeda y Fernando Ampuero. Los tres bordeando los veinte años a más tardar, y de manera propia dan por sentada en esta antología su condición de escritores. La misma que con el pasar de los años ha sido elevada a merecidos destinos literarios. Con lo que pruebo paladinamente que con algunas excepciones la cosecha del 70 salió buenaza. V.H.
domingo, 25 de marzo de 2012
ASÍ PUES EL TIEMPO ENVEJECE DE PRISA
Tabucchi le cogía del brazo a Vila-Matas, le decía porqué me persigues Enrique. Y así como así caminábamos con Paula y la hija de Tabucchi que era una preciosidad. Entonces Barcelona era la ciudad del común.
Vladimir Herrera. Antimemorias.
jueves, 22 de marzo de 2012
RODOLFO HÄSSLER ESCRIBE SOBRE VLADIMIR HERRERA. REVISTA LATERAL.
Vladimir Herrera (Lampa, Perú, 1950) no es un poeta ajeno ni desconocido del público barcelonés ya que durante mucho tiempo vivió en esta ciudad y participó de manera destacada en la vida literaria dirigiendo la editorial Auqui. En Barcelona publicó, además, los libros Almanaque(1990) y Kiosko de Malaquita (1993). Aparece ahora una selección de su obra publicada hasta el momento. Tras la lectura de Poemas Incorregibles no puede pasar por alto el hecho de que la poesía peruana es una de las de mayor tradición, calidad y singularidad en lengua española en este siglo, marcando de manera indeleble la vanguardia y más tarde el surrealismo, con figuras como Vallejo, Eguren, Martín Adán, Moro, Westphalen, Varela, Eielson o Sologuren. Vladimir Herrera, desde muy pronto se desmarca de los presupuestos defendidos por los poetas de su generación para lograr una voz personal e inconfundible, sin por tanto dejar de conectar con la estela de los grandes poetas mencionados antes. Desde su primera publicación titulada Ultimos poemas a Kiosko de Malaquita, Del verano Inculto, o Soledad de la manzanilla, el lector tiene la posibilidad de constatar cómo sin dejar de mencionar una creciente y visible evolución, esa ligazón con lo mejor de la tradición no se interrumpe en ningún momento, bien al contrario, y como queda patente en un fragmento del poema titulado "Come besos": "come besos/ come hojas/ de labios/los detalles cómelos/ son árboles/ de noches/de besos..." o en uno de los últimos poemas del libro, titulado "Vallejianas: italianas" : "Polígamo del poema prometeico/cuando el poema se adensa/no triste dispensario/ no sensación de lenguaje en el poema/ más bien la nuritura del arte". El recorrido, el juego, el diálogo crítico y enriquecedor con la gran poesía latinoamericana y, por supuesto, francesa, resulta un camino lleno de pasión hasta lograr una voz inconfundible y duradera en defensa dela creación, de la belleza y del erotismo.
La poesía de Vladimir Herrera surge de lo más recóndito e inaccesible del conocimiento y sólo a través del empleo de la intuición logra aflorar una filosofía vital que dialoga con la tradición clásica, desde Góngora a Lezama, para poder nutrirse sin traumas de los poetas de la tradición surrealista peruana mediante un lenguaje que traspasa el hermetismo y renace transparente y ligero como el aire de las alturas. Estamos ante una obra poética que explora la más absoluta claridad y el conocimiento oculto de la palabra en fructífera conversación con el barroquismo, quedando dicha aparente contradicción resuelta con la más admirable libertad e independencia, cuya experiencia de lectura acaba permitiendo el mundo, con palabras del poeta, "de la flama erecta para el mejor lector del hígado etrusco".
RODOLFO HÄSSLER
domingo, 18 de marzo de 2012
VLADIMIR HERRERA PRESENTA LA ANTOLOGÍA DE MACHUPICCHU.
Presentaremos esta Antología propiciada por la Dirección Regional de Cultura de Cusco el miércoles 21 de marzo. La idea de los antologadores ha sido juntar la poesía construída entorno a Machupicchu desde Martín Adán hasta Neruda pasando por Killku Waraka y Juan Gonzalo Rose. La realidad es un lujo en los poemas de Raul Brózovich y Mario Florián y la antología en sí misma es una fiesta de color y un homenaje a la piedra de la que brota el Sentido y la Utopía.
jueves, 15 de marzo de 2012
POEMA DEL VENEZOLANO JOSÉ BARROETA.
EL CABALLO SE LLAMA REYDORMÍO
Luego de injuriar mis costumbres,
de asombrarme del ruido de las hojas del viento,
del brillo de la luna, del paso de los animales,
del tesoro severo de las mujeres hacia la media noche,
asalto la sombra de otro en mí
y conmemoro sus días claros de adolescente en la
llanura
de sapo, garza y caballo del Apure,
de vaca y de cuerda rasgada por la ignorancia
mágica
por manos que nunca tocarán esta atalaya desvaída
que desandamos sin verdad.
Suena el pájaro voraz entre años perdidos;
el fuego cae
nos envuelve y saluda
y aparecen los rostros del caballo en su sueño,
llamándolo a una ceremonia de bosta,
de cuchillo, de río crecido,
de enjambre,
de madre sepultada
bajo mirtos y oréganos eternos.
JOSÉ BARROETA.
(De Fuerza del día, 1985)
miércoles, 14 de marzo de 2012
sábado, 10 de marzo de 2012
EIELSON: "MI ÚNICA CORONA ES MI POBREZA".
“MI ÚNICA CORONA ES MI POBREZA”: A JORGE EDUARDO EIELSON
Por Helena Usandizaga
El caso de Eielson ha sido peculiar: vivió en Europa desde joven, aunque sin perder el contacto con el Perú, en una paradójica extraterritorialidad arraigada. En tanto que artista plástico, es conocido en Europa y en especial en Italia, donde él declaró que vive como pintor entre pintores, pero no se ha convertido en cambio en una referencia poética acorde con la calidad de su producción, excepto en algunos círculos de Perú, aunque en los últimos tiempos comenzaba a extenderse el ámbito de sus lectores, y su inclusión en la antología Las ínsulas extrañas lo dio a conocer un poco más a este lado del Atlántico. Eielson decía también que el intercambio musical con sus amigos músicos le producía un placer especial: dotado también para este arte no se dedicó nunca a él profesionalmente, pero sus textos nacen de una “matriz musical”, como si una partitura secreta generara el ritmo del texto. La labor en varios espacios manifiesta la actitud artística y vital de este singular creador, quien no sólo hizo posible el tránsito entre lo musical, lo visual y lo poético, y lo materializó en obras originales del tipo happenning o instalación, sino que postuló la relación con todos los aspectos de la vida como algo creativo y rítmico, y trasladó estas conexiones a su obra plástica y poética. Hacer de la vida una obra de arte, comunicar los saberes y las artes, hacer de la búsqueda algo unitario y transmisible, era para Eielson un objetivo soñado y buscado, pero esto no implica la vulgarización de una obra que no cedió nunca a la tentación de la facilidad.
El caso de Eielson ha sido peculiar: vivió en Europa desde joven, aunque sin perder el contacto con el Perú, en una paradójica extraterritorialidad arraigada. En tanto que artista plástico, es conocido en Europa y en especial en Italia, donde él declaró que vive como pintor entre pintores, pero no se ha convertido en cambio en una referencia poética acorde con la calidad de su producción, excepto en algunos círculos de Perú, aunque en los últimos tiempos comenzaba a extenderse el ámbito de sus lectores, y su inclusión en la antología Las ínsulas extrañas lo dio a conocer un poco más a este lado del Atlántico. Eielson decía también que el intercambio musical con sus amigos músicos le producía un placer especial: dotado también para este arte no se dedicó nunca a él profesionalmente, pero sus textos nacen de una “matriz musical”, como si una partitura secreta generara el ritmo del texto. La labor en varios espacios manifiesta la actitud artística y vital de este singular creador, quien no sólo hizo posible el tránsito entre lo musical, lo visual y lo poético, y lo materializó en obras originales del tipo happenning o instalación, sino que postuló la relación con todos los aspectos de la vida como algo creativo y rítmico, y trasladó estas conexiones a su obra plástica y poética. Hacer de la vida una obra de arte, comunicar los saberes y las artes, hacer de la búsqueda algo unitario y transmisible, era para Eielson un objetivo soñado y buscado, pero esto no implica la vulgarización de una obra que no cedió nunca a la tentación de la facilidad.
La búsqueda de esa difícil globalidad, de esa armonía que persiguió en lo personal a través de la sabiduría budista, se manifiesta en su obra no como una falsa anulación de las tensiones, sino por la plasmación en el poema de un trayecto que dijera su música secreta, ese ritmo o ese pasaje a veces recóndito y doloroso que según Eielson todos poseemos y que el arte hace resonar. La sabiduría asociada a estas operaciones la postula entonces Eielson no como un producto acabado, sino como una red anudada que se moviera estableciendo nuevas conexiones, o como una “escalera infinita” que ascendiera por lo más inmediato y cotidiano, tal como explica en un texto que alude a esta figura desde el mismo título.
Por esta exigencia de autenticidad y conexión entre los diferentes campos, su poesía calló por largos momentos, cuando la relación entre escritura y vida o entre poesía y ritmo entraron en crisis, pero su actividad artística no cesó jamás. Hablamos aquí más, por cercanía ya manifestada en otros trabajos que inspiran éste, de su “poesía escrita”, tal como él la llamó indicando irónicamente que no toda poesía se escribe, sino que también se pinta, se produce a través de los sonidos, se representa, se instala o se vive. Hasta sus últimos libros en la década del 2000, época por cierto de revitalización poética, su poesía ha sido un camino de búsqueda, desde que en Reinos (1945), un libro deslumbrante del joven poeta abrumado por el horror de la segunda guerra europea, era anhelo y contemplación, búsqueda de una respuesta poética y hasta metafísica. En estos poemas, un incendio grandioso y melancólico parece alimentado por lo oculto y aun lo enterrado: la esposa sepultada, la reina enterrada reaparecen para suscitar el canto elegíaco por un mundo en destrucción, poblado de astros lejanos, cuya materia se convierte solemnemente en ceniza. "Nocturno terrenal", por ejemplo, refiere esta visión que el yo separado contempla muy rilkeanamente con los ojos interiores: "Amo cierta sombra y cierta luz que muy juntas, creo yo, azulan/ Las casas de los muertos, amo la llama/ Y el cabo de la sangre, porque juntas son el mundo...". Pero, en vista de que la respuesta a las preguntas no se encuentra en la poesía como sublimación o como revelación maravillosa, ni el lenguaje lujoso y brillante repara la carencia, la búsqueda va a seguir entonces por tres vías alternativas: por un lado, la de una poesía crítica de sí misma, iniciada claramente en Tema y variaciones (1950) y que se expresa en última instancia por la visualidad, el juego con los sonidos y las grafías; por otro lado, la de una poesía muy humilde, poesía del cuerpo y de los objetos, iniciada en Habitación en Roma (1952), y continuada en Noche oscura del cuerpo (escrito en 1955, versión definitiva de 1989) y Ceremonia solitaria (1964); o, finalmente, la de las artes plásticas, que habría que extender a su obra teatral y a los happenings o instalaciones: todo ello materializa el proceso de despojamiento que marca el tono de sus últimos poemas.
En este proceso no desaparecerán esos puntos de referencia que son los astros y la ceniza, lo encendido y lo consumido, pero sí que varían su situación y su función. Muy especialmente a partir de Habitación en Roma, el mundo poético se hace cotidiano, y Eielson canta la reversibilidad de las cosas, la paradoja de que el poema contenga la vida pero pueda ser al mismo tiempo un papel muerto: "¿sabes tal vez que entre mis manos/ las letras de tu nombre que contienen/ el secreto de los astros/ son la misma/ miserable pelota de papel que ahora arrojo en el canasto?", dice en un poema de este libro. Estos poemas de búsqueda en lo humilde, en lo cotidiano, en el cuerpo individual y social, llevará a situar en lo más cercano, en el propio cuerpo, los astros antes lejanos y la ceniza antes enterrada. Esto no implica abandonar la preocupación metafísica y aun mística que se acompaña para Eielson con las exploraciones en el budismo zen. Donde más claramente reaparecen estos símbolos es en Noche oscura del cuerpo, que inicia esta búsqueda más prosaica, ni gloriosa ni glorificante, en que el sujeto no busca con el alma sino con el cuerpo: porque la percepción del dolor y la alegría ocurren a través del cuerpo, y el cuerpo guía la exploración emocional, estética y de conocimiento. Y precisamente en este libro se da una continuidad con los símbolos de Reinos, en especial en los ya comentados símbolos de lo luminoso e incandescente (luna, estrellas, astros, luz, fuego habitan el cuerpo) y por otro lado de lo muerto (ceniza, polvo, humo, son figuraciones frecuentes del sujeto): la diferencia está en que estas instancias se sitúan en una percepción más cercana, y por lo tanto son más susceptibles ahora de ser exploradas. El cuerpo, depositario de estas sensaciones, es una puerta, pero no es sólo un lugar de paso a otra cosa. La posibilidad de conocimiento a través del cuerpo, de ir más allá del "círculo de huesos y latidos" en que acaba “Cuerpo mutilado”, se insinúa en "Cuerpo secreto", donde "...el hilo ciego que me lleva/ Hacia mí mismo" propicia un viaje por los órganos y los humores semejante al trayecto místico, un viaje en el que "Caigo me levanto vuelvo a caer/ Me levanto y caigo nuevamente/ Ante un muro de latidos", para acceder por fin a la cruel y enigmática belleza.
En De materia verbalis (1957-58), donde encontramos la continuación de los juegos de Tema y variaciones, hay también una crítica de la razón esterilizadora, otro motivo común con la línea del cuerpo y lo cotidiano que ahora comentábamos: el corazón no canta ni solloza porque piensa demasiado; entonces el poema es una "jaula de palabras". Se declara también la imposible unión de los contrarios, pero se trazan unos caminos: la renuncia a la soberbia del yo pensante, las emociones, la disolución del yo ("Pero todo lo que escribo/ Aunque sólo sea de mis huesos/ O del cielo estrellado/ No soy yo que lo escribo/ Sino mi lapicero").
Aún así, como cauce y como objeto del poema, está el arte: el arte que para Eielson es casi lo mismo que la vida verdaderamente vivida, pero que necesita encarnar en un ritmo (“El ritmo el ritmo/ Es siempre atroz y soberano/ Como el océano”, dice en Sin título, un libro de 2000). El arte no dice entonces solamente la distancia entre lo banal y lo maravilloso, entre lo permanente y lo caduco, sino también su fugaz entrelazamiento, como en los nudos del quipu, en una operación que sólo la decantada sabiduría que está tras los poemas puede propiciar. La alusión a los nudos como sistema escritural prehispánico en el Perú es una clave para entender a Eielson: él mismo declara que su sistema artístico es una suerte de red anudada por los quipus, y esta presencia del antiguo Perú no aparece sólo de este modo. En efecto, la vuelta insistente de su tierra natal, Perú (“uno de los países más antiguos y desventurados del planeta”, ha dicho Eielson en el texto antes mencionado), y el dolor que le produce la realidad peruana, es paralelo con la persistencia de lo enterrado como símbolo de la fuerza de su mundo de origen y el dolor por la pobreza y el abandono, como cuando el poeta se despide de su patria salada y luminosa, pero también de esa “Cruel arena sin embargo/ Que no alimenta niños ni animales/ Que viven sólo de huesos/ Y limosnas”, con un “Adiós extraña patria/ Purgatorio de plateadas olas. Adiós/ Pescado azul adiós/ Arena atroz”, dice en un poema de Sin título. Pero esa despedida es momentánea, porque el Perú permanece , como un terrible tesoro enterrado: “Excavo en mi dorado Perú/ [...] Excavo y excavo todavía/ Y es mi osamenta que hallo ahora/ Y el trono ensangrentado/ Que allí me espera”. En su obra plástica, aparece a menudo, en especial en las series Nudos y Paisaje infinito de la costa del Perú.
En sus últimos libros, la mirada serena permite asumir la oposición entre la muerte y la vida: la sombra, la ceniza, la oscuridad, están como en toda la poesía de Eielson opuestas a la luz de los astros y al fluir de la vida, a veces dramáticamente: “Nacemos desnudos completamente solos/ Y ensangrentados”, y la vida transcurre “En un miserable minuto antes/ De cerrar los ojos nuevamente/ Como si nada hubiera pasado/ Y regresar a la tiniebla/ Y al gusano”, dice en Sin título. Sólo la visión poética clausura las mortales contradicciones y hace posible que todo el firmamento resplandezca en la cuchara al tomar la sopa, que la basura se convierta en una rosa, y, en definitiva, que se pueda afirmar “Que el mundo entero es sólo/ Esta misteriosa mariposa amarilla/ Posada en una silla”. Hay pues, en su última etapa poética, continuidad y transformación de sus temas de siempre. Y no faltan en sus últimos poemas la invitación a romper el libro de papel, en favor del libro sagrado de la vida, o, como núcleo profundo, el erotismo cósmico, quizás el único capaz de conciliar los contrarios en un acto de amor: “Somos un animal que se enamora/ Mitad ceniza mitad latido”, había dicho en Ceremonia solitaria.
Una primera recolección de la poesía escrita de Eielson se hace en Lima por Silva-Santisteban en 1976, si bien la antología que Lauer y Oquendo publicaron en 1970 generó ya cultores. Martha Canfield se ocupó de recoger de forma completa la obra poética de Eielson, especialmente en Poesía escrita (entre otras ediciones, Bogotá, Norma 1998), y una versión de Poesía escrita se ha hecho en España con Vivir es una obra maestra (Madrid, Ave del Paraíso, 2003), donde también se han publicado dos de sus últimos libros (Sin título, Valencia, Pre-Textos, 2000; Del absoluto amor y otros poemas sin título, Valencia, Pre-Textos, 2005). La última y completa recolección de las diversas vertientes de la obra de Eielson, con el título de Arte poética, la ha realizado y prologado Luis Rebaza-Soraluz. Para empezar a entrar en contacto con el universo visual y poético de Eielson, el lector puede dirigirse a la página web mencionada en las referencias, realizada por un un grupo de jóvenes poetas y estudiosos, quienes además recogieron textos de y sobre Eielson en nu/do.
Helena Usandizaga
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