viernes, 14 de noviembre de 2014

PERE GIMFERRER EN ITALIANO O EN BIZANCIO.

Pere Gimferrer en italiano.


Alguno
Poeta
Al que la vejez
Le llega
Casi como bendición
O premio
Porque de joven
Había sabido ser
El más feo de los hombres
Alguno
Digo
Poeta que escribe en múltiples lenguas
A esta hora
Me conmueve
Con su dolor que ya no es dolor
Sólo onomatopeya y cualquier latín
Y divinidad pura
Pero entonces su grandeza
Su pequeño país
Su don de gentes
Su laureado teléfono
De cuando amaba a Clarita
Su pequeño apartamento
En una ciudad famosa
Me traen al recuerdo que yo también 

Descubrí la poesía misma con Baudelaire

Como él a los doce años. En la infancia. 
V.H.
Ranhuaylla Hacienda, 14 de noviembre del 2014.

martes, 11 de noviembre de 2014

PARA ENTENDER A RODOLFO HINOSTROZA DE VLADIMIR HERRERA, SU AMIGO.





A Juan Cristobal, con quien nunca tuve disidencia por haber vivido en otro planeta, le dirijo estas líneas, cuando es fatigoso y permanente el ataque a Rodolfo Hinostroza en nombre de un izquierdismo anticomunista de guerrilleros buenos y otros que no lo son, aunque permanezcan en la montaña recién desacralizada como decía Lihn. También le muestro cómo William Rowe, que pertenece a la generación de J.C y de Hinostroza y que vivió su juventud en el Perú, discierne en un tema espinoso como el de la aproximación a Heraud. Así pues, camarada, que nuestros vicios ideológicos iluminen nuestra jornada.

W. Rowe “Para llegar Rodolfo Hinostroza”, en Miguel Casado (ed.), Cuestiones de poética en la actual poesía en castellano, Madrid/ Frankfurt, Iberoamericana/ Vervuert, 2009, pp. 137-154.

En 1963, el joven poeta peruano, Javier Heraud, murió acribillado en la selva peruana. Tenía 21 años. Había entrado clandestinamente al país
con un pequeño grupo de compañeros. Su meta era crear un foco guerrillero. Creía que de ese modo abrirían el camino a la revolución. Cuando murió Heraud, escribió Washington Delgado, otro poeta, algo mayor que él, ‘Dice un prosista chino que al principio no existe el camino, pero cuando muchos hombres pasan por un mismo sitio aparece el camino. Así es la revolución . . . entre el verbo y la acción el revolucionario escoge la acción.’ Por detrás, sin embargo, alentaba un discurso del martirio que no difería del que alimentaba el Poder.

Heraud era del grupo de jóvenes peruanos que habían viajado a Cuba para estudiar cine. Entre ellos estuvo Rodolfo Hinostroza. El estudio del cine resultó ser eufemismo del entrenamiento guerrillero. RH se negó a seguir ese camino. En la ocasión de la muerte de Heraud, entre las personas de izquierda, se alimentó el discurso del heroísmo y del martirio. Se escribía de ‘la muerte de un hombre por su pueblo’, de uno que ‘murió por nosotros.’ En la poesía del propio Heraud, también estaba la muerte como telos y valor: ‘supuse que / al final moriría / alguna tarde / entre pájaros / y árboles’; ‘la poesía es entonces, / el amor, la muerte, / la
redención del hombre.’ Detrás de la palabra está el sacrificio, dándole valor.
Difícil oponerse a tal discurso. De allí seguramente viene el verso de RH: ‘Que se abra para ti la rosa amarga del malentendido.’ Y estos otros:

Yo no estaré. Entonces mis huesos hablarán por mí,
y este siglo de catástrofes y trágica grandeza, penderá
ante mis ojos que vieron el fulgor de la matanza. Entonces
querré decir que mi amor fue más hondo . .

PARA ENTENDER A RODOLFO HINOSTROZA DE VLADIMIR HERRERA, SU AMIGO.





A Juan Cristobal, con quien nunca tuve disidencia por haber vivido en otro planeta, le dirijo estas líneas, cuando es fatigoso y permanente el ataque a Rodolfo Hinostroza en nombre de un izquierdismo anticomunista de guerrilleros buenos y otros que no lo son, aunque permanezcan en la montaña recién desacralizada como decía Lihn. También le muestro cómo William Rowe, que pertenece a la generación de J.C y de Hinostroza y que vivió su juventud en el Perú, discierne en un tema espinoso como el de la aproximación a Heraud. Así pues, camarada, que nuestros vicios ideológicos iluminen nuestra jornada.

W. Rowe “Para llegar Rodolfo Hinostroza”, en Miguel Casado (ed.), Cuestiones de poética en la actual poesía en castellano, Madrid/ Frankfurt, Iberoamericana/ Vervuert, 2009, pp. 137-154.

En 1963, el joven poeta peruano, Javier Heraud, murió acribillado en la selva peruana. Tenía 21 años. Había entrado clandestinamente al país
con un pequeño grupo de compañeros. Su meta era crear un foco guerrillero. Creía que de ese modo abrirían el camino a la revolución. Cuando murió Heraud, escribió Washington Delgado, otro poeta, algo mayor que él, ‘Dice un prosista chino que al principio no existe el camino, pero cuando muchos hombres pasan por un mismo sitio aparece el camino. Así es la revolución . . . entre el verbo y la acción el revolucionario escoge la acción.’ Por detrás, sin embargo, alentaba un discurso del martirio que no difería del que alimentaba el Poder.

Heraud era del grupo de jóvenes peruanos que habían viajado a Cuba para estudiar cine. Entre ellos estuvo Rodolfo Hinostroza. El estudio del cine resultó ser eufemismo del entrenamiento guerrillero. RH se negó a seguir ese camino. En la ocasión de la muerte de Heraud, entre las personas de izquierda, se alimentó el discurso del heroísmo y del martirio. Se escribía de ‘la muerte de un hombre por su pueblo’, de uno que ‘murió por nosotros.’ En la poesía del propio Heraud, también estaba la muerte como telos y valor: ‘supuse que / al final moriría / alguna tarde / entre pájaros / y árboles’; ‘la poesía es entonces, / el amor, la muerte, / la
redención del hombre.’ Detrás de la palabra está el sacrificio, dándole valor.
Difícil oponerse a tal discurso. De allí seguramente viene el verso de RH: ‘Que se abra para ti la rosa amarga del malentendido.’ Y estos otros:

Yo no estaré. Entonces mis huesos hablarán por mí,
y este siglo de catástrofes y trágica grandeza, penderá
ante mis ojos que vieron el fulgor de la matanza. Entonces
querré decir que mi amor fue más hondo . .

viernes, 7 de noviembre de 2014

REINICIA EDITORIAL AUQUI SU EPOCA PERUANA CON RAÚL BROZOVICH, ÓSCAR MÁLAGA, Y PEDRO GRANADOS.

Se publican y presentan los Poemas Encontrados de Raúl Brozovich, La Salvaje Melodía del Aire de Óscar Málaga y Activado de Pedro Granados.Todo un acontecimiento para la escena literaria cusqueña, si la hay, es la presentación  que hace Editorial Auqui en su nueva etapa peruana. Tres libros de tres poetas distintos en su avatar y en su respiración, cuya obra estrictamente inédita sale a la luz en una colección de formato apaisado con su peso y su cantidad hechizada, que dan ganas de tenerla súbita y entre los brazos. Poesía de la buena, la mejor.

domingo, 19 de octubre de 2014

Fotografía en estudio para el próximo numero de la Revista Trafalgar Square.

Los estudios de estética resultan siempre apabullantes. Uno termina con la cabeza de piedra hecha virtud. Pero nos contentamos con que el azar junte la cabeza de Vallejo hecha piedra de río y la Estética de Hegel  que le gustaba tanto a mi amigo Osvaldo Lamborghini. Este es un estudio fotográfico para la Revista Trafalgar Square de pronta aparición en este continente.





viernes, 3 de octubre de 2014

TRILCE NUEVAMENTE CON PEDRO GRANADOS.

Vallejo para Granados y Granados  para el contrapunto y la marinera.  Dos poetas bajo el mismo signo zodiacal jugando a las escondidas. Pero Granados nos ayuda a hundirnos en la solaridad  del vate de Santiago de Chuco, si cabe, y también a caer de pie en una fonda de ritmo y sabor insospechada para quienes habíamos hecho una lectura circunspecta de nuestro poeta universal. Granados descubre el juego y las canicas, con pelos y señales como académico que es, aunque adolezca de cierto gamberrismo. Es el muchacho que toca el timbre de la puerta y corre para encontrarse con algo menos que Dios: esa nada que ríe en el dintel  de la época epocal misérrima del tiempo de nuestros padres en Poesía y en Rumba.  V.H.       

domingo, 28 de septiembre de 2014

URCOS PLAZACHAPI 1.



Este es el mundo que nuestro querido paisano y marqués Vargas Llosa pretende que no existe. Y no sólo en su Utopía Arcaica sino en todos los márgenes de su obra. Esta muestra no es de hace cuarenta años, sino de hace algunos domingos. Es la prueba de que la vida cotidiana en las alturas del Perú perdura en la ropa de estas mujeres hecha con sus propias manos: hilada y tejida con lanas de alpaca y oveja que ellas también crían. Entonces, ¿alguien se equivocó en el camino que trae de Damasco a Urcos? O alguien teme que su obra sea fecundada por el olvido y more en el limbo del nunca jamás? ¿Quién es alguien? V.H.



sábado, 27 de septiembre de 2014

EL VALLE DE LOS POETAS INCORREGIBLES.

Hay que subir hasta los cuatro mil metros para lograr estas fotografías del Valle de Los Poetas Incorregibles. En la parte central que señala el río se distinguen El Apu Wiracochan (femenino) y el Apu Ccori Orcco (masculino). Entre ambos, como rompiendo las montañas pasa el Río Vilcanota que luego de infinitas vueltas terminará llamándose Amazonas. Bajo las nubes del fondo está el Cusco. En el segundo momento el sol caprichoso se oculta  tras la nube y un arbusto lanceolado se entreteje con el cielo de rigor. V.H.



viernes, 19 de septiembre de 2014

UN DIBUJO DE TERESA KAMEYA Y UN POEMA DE MATE DE CEDRÓN DE 1974.



ESCENA

Todos tienen su mujercita
La más triste, pobre y sucia mujercita
Pero la tienen y la mantienen
Y la muestran a la calle o la ocultan en la casa. Muchos se casan y son hijos o padres o esclavos Otros buscan otra mujer siempre,

y van solos de negro en las procesiones o llevan flores en la solapa
y saben que la procesión va por dentro

O hacen anotaciones en libros grandes como plazas Son poetas Escriben Poemas
Y tienen y no tienen su mujercita/
vaya derecho
En cambio los que se van, los que todo el año
miran el rostro de las muchachas
los que sin alharaca parten,
Los que no tienen una pálida mujercita en la cocina

-porque después de todo no tienen nada-
Esos, los poetas de marras los aquelarres, están solos 
Aquellos
Sólo tienen la boca de la reina victoria para besar

y la muerden y la pintan pero viven lejos de su reino
deseando.

De Mate de Cedrón, Lima,1974.
V.H.

domingo, 24 de agosto de 2014

Del portugués António Osório.


HABLA DANTE

Yo, güelfo blanco, estoy agradecido
al largo exilio y a los gibelinos. 
Pérfidos unos y otros pan amargo
me dieron. Y yo les di y a Florencia 
y al mundo, mi infierno.
Todavía vivo y el suyo, muerto.

António Osório.
(1933)
Traducción de Angel Crespo.

lunes, 18 de agosto de 2014

BUENA MEMORIA DE LA REVISTA TRAFALGAR SQUARE. Y FOTO DE LEO TARIFEÑO, AUTÉNTICA.




TRAFALGAR SQUARE Y SU TIEMPO

Melancolía, saca tu dulce pico ya;
no cebes tus ayunos en mis trigos de luz. César Vallejo,

Los heraldos negros

Trafalgar Square, revista de poesía y ficción, apareció en Barcelona en la primavera de 1983. El editor era Vladimir Herrera, y aglutinaba a un grupo de amigos -Cristina Fernández Cubas, Carlos Trías, Paula Massot, Enrique Vila- Matas, José Luis Vigil...- que se encontraban preferentemente de noche y a menudo en el mágico entrepiso del bar Astoria, al que se subía por una escalera desde el vestíbulo del cine Astoria, como si fuera una vivienda oculta o un lugar clandestino: la escalera, creo que enmoquetada, llevaba a un salón cuyos ventanales se abrían a la calle, como en un barco navegando sobre la ciudad nocturna. Estuvieron también cerca, en estos primeros momentos, Tomás March y Gabriel Giménez Emán, y después se unieron amigos de todas procedencias.
La revista fue como una plaza para conversar, como un mar que unía tierras firmes e islas, un lugar de confluencia que así definía su editor: “Es un lugar de encuentros. Citas de una cifra latina o quechua. Tenso límite de una forma en un acantilado. Revista de poesía, sí, y de ficción, donde la dulce Eulalia, por fin de olores y asonancias, es la adormidera junto a un lago lejano como la luna de un país
simbolista, imaginista, lleno de verdadera fe y de prestigiosas fugas” (Vladimir Herrera, Trafalgar Square, I). A pesar de la abundancia de risa de ese momento, se creía en serio en la poesía y la literatura de cualquier lugar. Era una globalización avant la lettre, sin capitalismo salvaje, sin uniformización; era una ciudad ficticia, a la vez modernista y vanguardista; era un mar de orillas comunicantes: “es el texto de otro mediterráneo inmóvil y vagabundo, extraterritorial y fijo, a cuyas orillas, por ejemplo, Barcelona y Lima conversan”, dijo también Vladimir Herrera en Trafalgar Square, I. Todavía Barcelona no era el Titanic(aunque ya no recuerdo cuándo Félix de Azúa fechó el supuesto hundimiento de la ciudad), y en Trafalgar conversaban Barcelona y Caracas, Barcelona, y México D.F, Barcelona y Madrid, Barcelona y Nueva York, Barcelona y París, Barcelona y Londres, Barcelona y Santiago de Chile... Y esa conversación incesante llegaba a las laderas, a los campos, a la sierra, a la costa, a la selva. Escribieron en la revista sus promotores, por supuesto, y también autores como Osvaldo Lamborghini, Luis Maristany, Toni Marí, Laura Freixas, Héctor Libertella, Tamara Kamenszain, Jesús Ferrero, Óscar Collazos, Óscar Málaga, Julia Castillo, Miguel de Francisco, Antonio Claros, Alberto Blanco; se publicaron textos de Ignacio Prat, Carlos Germán Belli, Carlos Martínez Rivas; Armando Rojas... y otros muchos que valdría la pena de nombrar uno por uno, pues, si bien no todos se hicieron visibles luego en circuitos muy difundidos, siempre en los textos
de Trafalgarestuvo el talento y el fulgor, siempre los escritores dieron sus textos a la revista con generosidad y amor al arte, como colaborando a un tono que, releído hoy, causa sorpresa por su frescura y su brillo, por ese raro don del talento que amistosamente quería ser visto, leído, gozado; pero que poco pensaba en venderse o promocionarse.
La revista se presentaba en cada número como una nueva sorpresa: las dos primeras se imprimieron en la editorial Laertes, que colaboró con su buen hacer; después, los números salían de las manos de Vladimir Herrera, convertido en tipógrafo y editor, y de Montse Badell, que a cada número rizaba el rizo de la exquisitez en la encuadernación. La forma podía ser desde hojas sueltas hasta una miniatura plegada, pequeña joya en su estuche, pasando por el conjunto de regalos tipográficos, con ilustraciones y formatos de página diferentes que fue el número 6. Colaboraron con sus diseños e ilustraciones artistas como Luis V. Flores, Hiroshi Kitamura, Javier Pagola, José Tang... Las correcciones de pruebas, en los bares aledaños a las antiguas imprentas del Poble Sec, ocupaban mañanas enteras; alguna errata se escapó después de una noche demasiado cercana.
La presentación del primer número, en el Astoria, fue un estallido: una noche larga en la que recuerdo a Luis Maristany con el brazo en cabestrillo (se había roto la clavícula), siempre entrando y saliendo por unas puertas secretas que sólo él sabía abrir; a Vila-Matas y Paula bellos

y brillantes, a Cristina Fernández Cubas con sus fascinantes comentarios que definían la situación como dardos en la diana, a Carlos Trías épicamente disertando e inventando leyendas, a José Luis Vigil con sus apariciones silenciosas y cómicas, y cargadas de sentido; a Vladimir Herrera infundiendo vida a todo lo presente... Luego todos nos subimos sin querer al tren del tiempo, y algunos descendieron en su estación: Luis Maristany desapareció por una de sus puertas mágicas; nos dejó; también Osvaldo Lamborghini se despidió con su remota elegancia; nos dejaron hace poco Antonio Claros, y, muy recientemente, el eterno y bello adolescente que seguía siendo José Tang. Y llegamos a donde estamos ahora: Trafalgar ya forma parte de lo hecho y de lo recorrido; trazó un arco perfecto y luminoso, y nos dejó la posibilidad de empezar otra vez, con menos juventud y menos alcohol, pero siempre dispuestos a conversar y a dejar fluir la sagrada poesía. Todavía en el 92, en el último Trafalgar Square de esta época (casi diez años después del primero), Enrique Vila- Matas escribió sobre la tertulia del Astoria rechazando la nostalgia; tal vez ahora, casi 25 años después del comienzo, nos asaltaría, un paso más allá, la melancolía que hace vagos y hermosos los recuerdos, pero preferimos dejar que comience el nuevo arco de Trafalgar, ahora desde el centro mítico de los Andes peruanos, a orillas del río Vilcanota.
Helena Usandizaga.