martes, 19 de junio de 2012

PETROS MÁRKARIS O LA NOVELA POLICIACA SOBRE TODO.

Con un leve pero extraño parecido con Fellini Petros Márkaris nos llega en esta edición de Tusquets en una historia tan actual como la vida misma: Cita a Brecht: ¿Qué es el atraco a un banco comparado con la creación de un banco? Pronto entendemos por qué en tres meses la novela ha llegado ya a la quinta edición: no solo porque la intriga es magistral, no solo porque como lectores sonreímos a menudo sumergidos en el irónico y a veces terrible día a día de los personajes, en sus preocupaciones y a veces alegrías muy concretas. También porque la acción transcurre en un contexto cuya intensidad cualquier lector puede captar, pero que es especialmente familiar para el lector español: en medio de las protestas se suceden los recortes en sueldos, pensiones y prestaciones; los parados y los arruinados llenan la novela y a veces toman medidas drásticas; el país entero, en especial Atenas, vive en la excepcionalidad, la desesperanza y la indignación. El comisario Jaritos, bastante despistado políticamente, consigue con sus intercambios con el viejo amigo comunista, con el periodista disconforme, y con otros lúcidos testigos -y, genialmente, con las definiciones de su viejo diccionario que le acompaña en el insomnio- que el lector sienta una sacudida crítica ante todo este caos. Y, al mismo tiempo, absorberlo en la vida que sigue y que los personajes a veces hasta disfrutan; en las conversaciones, las comidas y las fiestas, en la final del Mundial de fútbol también, 
( y entre paréntesis la lucha por la vida).
Los crímenes son en este contexto las puntas de iceberg de la profunda descomposición del mundo, y el placer de descubrir al asesino -es una novela policíaca, no lo olvidemos- es también para el lector una catarsis en pleno cinismo y en pleno desastre.
La traducción de Ersi Marina Samará Spiliotopulu hace que el texto fluya y se lea como si se hubiera escrito en castellano, a pesar de la presencia del contexto griego, visible y  fascinante para el lector.
H. U. y V. H.








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