lunes, 23 de enero de 2012

DEDICA VLADIMIR HERRERA A SU PAISANO-

IMITACIÓN  DE  SUN TSÉ.

Cobarde como un perro ciego
Huye el poeta asesino
Como su memoria huye
De la neblina retinta y
Su recuerdo enreda
El verde vestido de espía
Al viejo puente de plata

Mastica los besos de opio
Llagados de  hogar infecundo
Llagados de su vejez cobarde.

Vladimir Herrera.

martes, 17 de enero de 2012

LOS AMIGOS DE DONOSO Y EL VERANO EN SITGES.

Siempre resulta golpeante encontrarnos con la Barcelona de los años setenta, sobre todo si la memoria está escrita por alguien que conocimos hasta el punto de hacerle una broma pesada el día de los inocentes en el Boliche de La Diagonal: Sergio Vila-Sanjuán, quien se refiere en este artículo por un momento a otro amigo de entonces, el poeta peruano Américo Yábar,  hoy convertido en uno de los brujos mayores de esta parte de los Andes. Vila-Sanjuán también hace mención en este artículo a los peruanos Elsa Arana Freire, ya desaparecida, y Juan del Solar, el gran traductor de Canetti  y según los entendidos el mejor traductor literario del alemán al castellano, que ahora vive en Lima sin ver a nadie. Debo reconocer que por aquel entonces yo le tenía manía a Donoso por haber hecho un seminario en París sobre su obra Coronación del que salí escaldado. Pero  recuerdo el coche blanco de Yábar que se encendía en clave con un disco de teléfono, y en el que llevaba a Donoso sin mirar la carretera y al perro que Donoso temió más en su vida: se llamaba Maluquer. También recuerdo la noche del día de los inocentes apretándole el cuello a Sergio, a quien pido mil disculpas desde entonces. V.H.
 Sergio Vila San JuánAmérico Yábar
En una entrevista con la periodista chilena María Cristina Jurado, publicada en la revista Ya en noviembre del 2010, Pilar Donoso hizo un balance tremendo de lo que había representado para ella escribir el libro Correr el tupido velo, en torno a la vida íntima de sus padres adoptivos Maria Pilar Serrano y José Donoso, a partir de la lectura de los cuadernos depositados en Princeton por el autor de El obsceno pájaro de la noche."Me provocó a mí y a toda mi familia un terremoto emocional mayor, un cataclismo. Me costó la soledad. Me separé (de su primo Cristobal Donoso) después de veinte años de buen matrimonio, y mis tres hijos se fueron con su padre. Tuvimos una mala separación".
Su familia, añadía "era imposible que me entendieran. Solo sufrían. Este libro me removió con una intensidad que me obligó a replantearme absolutamente todo". Pero escribirlo también le dio la fuerza "para buscar en España a mi verdadero padre, quien me dio en adopción". Consiguió llegar a los archivos del internado madrileño que le acogió en 1967, y allí, en su "certificado de nacimiento fiel", leyó las palabras clave: origen desconocido. "Ese día cambió mi vida porque supe que había llegado al final de mi identidad, a mi línea de tope. Que jamás voy a saber, genéticamente, ni de quienes soy hija".
Sitges, 1975
Conocí a Pilar Donoso en Sitges, en otoño de 1975. Vivía con sus padres en una casita con un pequeño jardín, situado detrás del Calípolis, el (entonces) principal hotel de esta localidad de la costa catalana. Sus padres la llamaban Pilarcita y en sus conversaciones era una referencia constante.
A José Donoso le gustaba vivir fuera de las grandes ciudades. En esos años de fines de la decada de los 60 y primeros 70 le interesaba estar cerca de Barcelona, centro editorial que acogía a varias de las grandes figuras del boom literario hispanoamericano, como sus amigos Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. Le interesaba estar cerca pero no en medio, y por eso se alojó primero en Vallvidrera -un pueblecito en una de las montañas que dominan Barcelona- luego en Calaceite -entonces a cuatro o cinco horas de coche- y por último en Sitges -a una hora de coche pero separada de Barcelona por una carretera de curvas infernal.
Pese a la belleza de la localidad, con su larga playa y sus construcciones modernistas, y también pese a que en Sitges vivían amigos como el traductor Juan José del Solar o la periodista Elsa Arana, Donoso se aburría en el humedo invierno suburense, y por eso abrió un Taller Literario -totalmente gratuito- al que acudíamos una vez por semana un grupo de gente variopinta, y que duró un par de años. Fue, que yo sepa, la primera experiencia de un Writer´s workshop desarrollada en el ámbito latinoamericano, que Donoso basó en el que había impartido en la Universidad de Iowa, pionero a su vez en EE.UU. Su experiencia en las universidades norteamericanas, donde la élite literaria del país se gana la vida enseñando a escribir a los estudiantes y los "writers workshops" tienen rango institucional, le había animado a poner en marcha esas reuniones donde se comentaban, bajo su tutela, las narraciones que los asistentes aportaban.
Historias del Taller
Aunque Donoso estaba muy centrado en la redacción de la novela Casa de campo, que tenía por uno de sus proyectos más ambiciosos, aquel otoño en que murió Francisco Franco vio cómo su salón suburense comenzaba a congregar, una tarde a la semana, a una fauna muy de la época. Parte colonia latinoamericana (a la que pertenecían los ya citados Juan J. del Solar y Elsa Arana, junto a otros personajes menos duraderos), parte letraheridos locales, como mi querido amigo el pintor y escritor peruano-catalán Xavier Prat, prematuramente desaparecido, que fue quien me llevó allí. Y con él Tere Sisó, el leridano Eduard, el químico Francesc (llegado a través de otro escritor chileno, su novio Mauricio Wacquez; ambos morirían juntos, victimas del sida, en el donosiano escenario de Caleceite. A Mauricio aún no se le ha rendido el tributo que su energía y su actividad cultural, desplegada durante más de un decenio en Barcelona, se merecen). Los integrantes del Taller llamaban a su inspirador, a sus espaldas, "el maestro".
Donoso solía pronunciarse con amabilidad y cautela, casi mayeutico. Pedía a los asistentes que contaran cuántas veces habían introducido en sus textos un "que" o un adverbio en "ente". El detalle le obsesionaba. A un escritor de paso que leyó un largo fragmento de la novela que preparaba sobre el Chile del siglo XVI, en la que los protagonistas no paraban de subir y bajar las escaleras de una casa, le reprochó que hiciera "ciencia-ficción", ya que "en el Chile de esa época las construcciones eran de una sola planta".
En ocasiones señaladas las reuniones se celebraban fuera de casa del maestro, y entonces solían derivar en unas juergas bastante apoteósicas. Si estaba relajado y animado, Donoso gustaba de subirse chaqueta y camisa y mostrar el costurón que le había dejado una de sus operaciones de estómago.
Al Taller acudía devotamente un personaje extraordinario, el poeta peruano Américo Yabar, quien había tenido que dejar su país por misteriosos problemas con las autoridades. Yabar organizaba a veces folklóricos rituales de culto incaico a la luz de la luna en su jardín de Esplugues. Podía hablar durante horas y conmoverse hasta las lágrimas en mitad de una conversación rutinaria. Había publicado un singular poemario bajo el título de Sesofagia umbría.
En cierta ocasión el vate andino conducía en su destartalado Seat cupé 850 al maestro a Barcelona, a través de las curvas del Garraf. Donoso iba en el asiento de atrás y el entusiasmado Yabar se volvía para hablarle con tanta frecuencia que prácticamente dejó de mirar la carretera. Un Donoso lívido tuvo que pedirle que se detuviera para sentarse a su lado. Hace algunos años, cuando Internet empezaba a ser una herramienta fiable, Xavier Prat rastreó su pista, y encontró que Yabar se había reciclado como profesor de chamanismo en una universidad de Nuevo México.
Las reuniones del Taller se prolongaron un par de años y después murieron de muerte natural. Donoso dejó primero Sitges y después el país; la estancia catalana resulta muy visible en su obra, tanto en el ensayo autobiográfico Historia personal del boom (que es de lo mejor de su producción) como en sus Tres novelitas burguesas o en la novela El jardín al lado. Tras su marcha perdí el contacto con el autor y su familia, salvo esporádicas visitas que realizaban a Barcelona por cuestiones de promoción editorial y un encuentro casual en Venecia. Sin embargo el recuerdo de este Taller y de mi relación de juventud con el autor de "El obsceno pájaro de la noche" quedó en mi memoria como algo muy vivo.
Correr el tupido velo
Cuando supe que la publicación en Chile de un libro de Pilar Donoso sobre su padre había provocado amplia polvareda me moví rápidamente para hacerme con un ejemplar, que conseguí por gentileza del editor de Alfaguara Gerardo Marín. Y tras pasar un fin de semana leyendo Correr el tupido velo, me pregunté hasta qué punto era un libro escándalo, según se había voceado en Chile.
Pilar Donoso, Pilarcita, nacida en Madrid en 1967, fue adoptada con pocos meses por Pilar y José Donoso, el "quinto mosquetero" del boom latinoamericano. Con sus padres, en los trece años siguientes, conocería una quincena de casas en distintas localidades españolas antes del regreso al país natal del escritor, que lo consideró mucho tiempo, tras Neruda, su segunda gloria literaria contemporánea, puesto que ahora le disputa póstumamente Bolaño.
Cuando se casaron, Donoso era un talentudo y refinado solterón de 37 años con varios libros publicados y cargado de manías ("ya era un viejo"), y María Pilar una señora arrolladora poco más joven, que había corrido mucho mundo con sus padres -lo reflejó en sus excelentes memorias Los de entonces - aunque sentimentalmente titubeante (el libro lo plantea con crudeza, "se casó virgen"). Donoso, sometido a psicoanálisis durante toda su vida adulta, registró su diario íntimo en una sesentena de cuadernos que fueron a parar a las universidades de Princeton -donde estudió- y Iowa -donde enseñó. Éste es el material en el que Pilar Donoso se sumergió, confrontándolo con la propia memoria.
¿Qué retrato emerge? En una primera instancia parece una versión latina de ¿Quién teme a Virginia Woolf? Los Donoso se llevan fatal, discuten sin parar y él machaca la autoestima de su esposa, que en justa correspondencia se entrega sin disimulos al trago y los ansiolíticos. Literariamente Donoso sufre bloqueos, celos -fantasea con llevarse un premio Planeta que acaba en manos de Marsé-, dudas constantes, al tiempo que página a página va levantando una obra de calidad incontestable, aunque -ay- menos comercial que la de Vargas Llosa o por supuesto la de Gabo. La inquietud económica nunca les abandona, pero no por ello renuncian a un refinamiento sin el que la vida parece muy gris: "Hay que ahorrar en lo necesario para gastar en lujos", apunta en frase memorable.
Entre angustias y úlceras, en Vallvidrera, Sitges o Madrid, van surgiendo trabajosamente El obsceno pájaro de la noche, Casa de campo o El jardín de al lado. La supuesta homosexualidad del autor, mencionada en ocasiones, queda más como un recuerdo de juventud que como una práctica de sus años maduros (salvo que la autora se reservara datos). Donoso, que sentía devoción por Henry James y Los papeles de Aspern , dejó todas las pistas para asegurarse el recuerdo en una clave que le gustaba, la del artista que supedita su vida a su arte. "¿Libro escándalo? Más bien un conmovedor ejercicio de devoción filial y un alegato en favor del matrimonio conflictivo". escribí en La Vanguardia, a propósito de Correr el tupido velo.
Y en conversaciones con los responsables españoles de Alfaguara, que se planteaban si el libro encontraría su público en España, les animé para que lo publicaran aquí, convencido de que, si no un éxito de ventas, como mínimo levantaría un amplio eco mediático y se convertiría en obra de referencia, como así ha sido. . Junto con la autobiografía materna Los de entonces, y la Historia personal del boom, de su padre, forma un gran testimonio familiar a tres voces y tres enfoques -social, literario, psicológico- sin precedentes en nuestra literatura.
Con motivo de la presentación del libro en Barcelona, Carmen Balcells organizó una comida en su agencia literaria en honor de Pilarcita Donoso, a la que acudí junto con Carme Riera, Ana María Moix e Ignacio Echevarría, entre otros. Después de tantos años Pilarcita me pareció una mujer aguda, con sentido del humor, que lideró con discreción e inteligencia la conversación de aquella comida, haciendo honor a aquellos grandes actores de la escena social que fueron sus padres. Recordamos aquel día los tiempos de Sitges y dejamos en el aire la posibilidad de hacer un viaje a Calaceite para reconstruir el "itinerario Donoso" en aquella población. Fue un contacto breve pero no me pareció una mujer triste ni depresiva. De ahí la impresión y la profunda pena que me ha generado la noticia de su muerte. La entrevista que cito al principio de este artículo y que he conocido ahora, brinda, supongo, algunas de sus claves.
SERGIO VILA-SAN JUÁN En El Cultural de La Vanguardia de Barcelona. 

sábado, 14 de enero de 2012

MAÑANITAS CUSQUEÑAS DE MARTÍN CHAMBI EL DE COAZA.



"Madrastra de sus hijos", escribió del Perú el Inca Garcilaso. Con Martín Chambi, uno de los más grandes artistas nacidos en su suelo, lo ha sido. Una madrastra ingrata, olvidadiza al extremo de que pocos de sus compatriotas saben quién fue y porqué se le debe recordar y admirar. Menos mal que en el resto del mundo -ahora también en España, gracias al empeño de Luis de Toledo- se le va descubriendo y haciendo justicia. No tengo la menor duda de que un día se le reconocerá como uno de los más coherentes y profundos creadores que haya dado la fotografía de este siglo.
                                          Mario Vargas Llosa.

 En la edición Lunwerg del Circulo de Bellas Artes de Madrid encuentro estas dos fotografías de Martín Chambi que, en página contra página y por necesidad del azar objetivo traen a quienes con el tiempo serían mis abuelos maternos: Alejandro Delgado Sarmiento y Sara Delfina Orihuela: sexto en el equipo masculino y primera en el femenino. Así pues lo casual de las artes se enhebra una vez más con los instantes luminosos de la existencia.
                                          Vladimir Herrera.

martes, 10 de enero de 2012

TERCERA APROXIMACIÓN A LA POESÍA DE OLGA OROZCO


TERCERA APROXIMACIÓN A LA POESÍA DE OLGA OROZCO.
Helena Usandizaga.

En “Rara sustancia”, un poema de La noche a la deriva (1983), el sujeto que habla en el poema indaga “desde mi lado”  en esa sustancia que la conforma como ser y que no es sólo de los elementos materiales, sino que pertenece “a ese orden inconcluso/ que se fija a un color como la sal del mundo/ o que toma la forma de aquello que contiene”. Es decir, la materialidad del sujeto y del mundo evocan otro orden: estamos ante una idea que va desde los pitagóricos a los simbolistas y modernistas (y sus conexiones esotéricas) pasando sin duda por Platón. La referencia platónica sirve  especialmente, y por eso la ponemos de relieve, para entender a Orozco, porque la confluencia de espíritu y materia, que de hecho sí se produce en algunos poemas, tiene que atravesar la contradicción, mucho más marcada que para los pitagóricos o los simbolistas, entre cuerpo y espíritu o materia y sustancia, y por lo mismo la síntesis que a veces se produce es el resultado de una lucha que convierte la desembocadura del proceso en un extraño triunfo o en un oscuro fracaso. Este sujeto que devora e incorpora el mundo en su sustancia (“Yo devoro el paisaje, cada trozo de eternidad instantánea, con mi propio alimento”,  practica a la vez un acto material, el de la devoración, y también una asimilación de lo espiritual (“me dejo invadir por cosas tan remotas como un país en el que nunca estuve”. Ese “animal oculto en la espesura”  es y no es una metáfora de la búsqueda espiritual, porque también es material: la materia es parte del universo que se hace presente en esta imagen. El animal es cuerpo y alma a la vez, y lo devorado o asimilado no es sólo positivo: también se cuela en su sustancia “una ráfaga fría que me convierte en soplo/ casi en nadie”. Quizás en este acto fallido de la incorporación de lo otro para conseguir la unidad con el mundo reside lo más platónico de la visión; el sujeto declara: “pero jamás consigo estar  completa; no logro aparecer de cuerpo entero” . Esta búsqueda de la mitad separada, esa pregunta sobre  la “naturaleza inacabada” del sujeto, sobre las características de un reino posible para este ser cuya sustancia “abarca mucho más que las malezas, los plumajes cambiantes y las piedras” se responde con una referencia platónica antes aludida: “Tal vez el reino de la unidad perdida entre unas sombras,/ el reino que me absorbe desde la nostalgia primera y el último suspiro”.

Otro poema del mismo libro, “En tu inmensa pupila”, refiere el misterio al ámbito nocturno, muy en la órbita romántica y simbolista (“Me reconoces, noche…”). Quien habla es ahora la “hijastra preferida”  de la noche, y también la que copia su “belleza de espejo traidor”. Seducida por las artes no siempre limpias de la noche, la voz poética asegura: “Ahora me has marcado con tu alfabeto negro. Pertenezco a la tribu de los que se hospedan en radiantes tinieblas,/ de los que ven mejor con los ojos cerrados y se acuestan del lado del abismo y alzan vuelo y no vuelven”. Lo invisible, lo secreto, se perciben por intuición, por contemplación interior “donde cada señal es el temblor de un pájaro perdido en un recinto inmenso/ y cada subida un salto en el vacío contra gradas y ausencias”. No se trata exactamente, o no sólo, de un contacto panteísta con la noche -aunque sí en este poema “la naturaleza es un templo”, como en las “Correspondances” de Baudelaire, porque lo oculto, el orden buscado, se parece también a un ser supremo. La voz del poema no pide la claridad, sino que estos rostros de la belleza o del horror (o sea, los reflejos, las imágenes) sean algún día una presencia que conduzca y revele el sentido. El final del poema se acerca mucho a la percepción simbolista del mundo como libro que se podría leer si alguien nos dictara su sentido o nos abriera su código: “Basta con que me lleves de la mano como a través de un bosque,/ noche alfombrada, noche sigilosa,/ que aprenda yo lo que quieres decir, lo que susurra el viento,/ y pueda al fin leer hasta el fondo de mi pequeña noche en tu pupila inmensa”.

“Densos velos te cubren, poesía”, un poema de Mutaciones de la realidad (1979), muestra como la búsqueda poética es justamente una conexión con ese otro ámbito. La poesía se busca en “las indescifrables colonias de otro mundo”, no en el sentimiento ni en la intelección. Es una vigilia cruel en la que se atisba “una señal”, “la sombra de un eclipse fulgurante”, “una figura blanca como un tajo de Dios en la muralla del planeta”. Todo para ver de “alumbrar las sílabas dispersas de un código perdido/ para poder leer en estas piedras mi costado invisible”. Este “indicio” que pudiera revertir “la división y la caída”, ese “signo a la deriva” permitiría encarnar los fragmentos en la unidad perdida, pero permanece en cambio en forma de astillas y guijarros. No obstante, se refiere en el poema una intuición que rescata y alivia; quien habla ve o cree ver surgir una isla, una barca, un castillo, “o una gruta que avanza tormentosa con todos los sobrenaturales fuegos encendidos”. Gruta o caverna platónica, puesto que nos topamos con los límites del conocimiento humano para decir la precaria revelación, y más aún, con la insuficiencia del lenguaje: “un puñado de polvo mis vocablos”.
El instrumento de la búsqueda es la poesía, que se precisa con resonancias platónicas, pero que repite "El obstinado error frente al modelo", en "Los reflejos infieles", de Mutaciones de la realidad. La poesía es entonces destino desgarrador, en el que "todas las puertas son para salir", en el poema dedicado a Alejandra Pizarnik. La poesía, como en "Densos velos te cubren, poesía", está ahí "para poder leer en estas piedras mi costado invisible", aunque no se sabe cómo "asir el signo a la deriva  Siguiendo la ética que comentábamos, el balance de “Para un balance” no lo es de las ganancias, sino de la actitud aun ante la pérdida Porque no hay derrota para "un corazón en ascuas, alerta para el amor de cada día, indemne como el Fénix de la desmesura". 

En el revés del cielo (1987) inicia una etapa de una voz cada vez más justa; se  acentúa la búsqueda platónica en la poesía, aunque en "En el final era el verbo", le abandonan las palabras que "se me dispersan, se me pierden de vista contra las puertas del silencio". Las palabras han sido los pliegues de la revelación, el alfabeto de la muerte pronunciado hacia atrás: "¿No era ese triunfo en las tinieblas, poesía?". En este poema se invierten las palabras del Génesis para poder perseguir estas palabras que son “sombras de sombras” -si lo real es una sombra, su formulación, su imagen, es la sombra de una sombra-, con el objetivo de “descubrir a Dios por transparencia”, pero el sujeto se topa con la imposibilidad del sentido y con la frustración del intento de traducir, de hallar el hilo en la madeja de voces, pues el código “es tan indescifrable como el de las estrellas o el de las hormigas”. Sin embargo, este ejercicio de reversión de las palabras muestra el precario triunfo de la poesía: las palabras, como imágenes remotas, tejen y destejen por su propia cuenta el sentido, y la voz poética se empecina en pronunciar hacia atrás el alfabeto de la muerte, en vislumbrar los "reversos donde el misterio se desnuda". Pues es un trabajo activo el de la escritura de poesía: "Yo velaba... traduciendo relámpagos, desenhebrando dinastías de voces”, y este buscar a Dios en la urdimbre, en el reverso de la palabra justifica el incesante choque con la ausencia de sentido.
Helena Usandizaga.           

sábado, 7 de enero de 2012

Il miglior fabbro con sus amigos y en Machupicchu

En la foto de Ingrid Spikes vemos a Rodolfo Hinostroza sentado sobre la piedra filosofal de Machupicchu mientras que los poetas al sur de 4 Días Entre Pájaros y Árboles le hacen el coro al silencio de la conversación.
V.H.

jueves, 5 de enero de 2012

AYER. POR MAURICIO ELECTORAT.


Ayer
Mauricio Electorat

Me acuerdo como si fuera ayer, porque en realidad era ayer. Entré a la librería francesa en el centro de Santiago. Por fortuna, había una liquidación y la poca plata que llevaba me alcanzó para comprar "Alcools", de Apollinaire. De Apollinaire yo sólo había leído un poema magnífico, que comienza: "À la fin tu es las de ce monde ancien..." (al final estás cansado de este mundo antiguo). Pero el mundo —al menos el de esa tarde, allí en la calle Estado— no parecía nada antiguo, ni había mucho tiempo para estar cansado —del mundo o de otra cosa—, porque desde la Plaza de Armas venía una muchedumbre de estudiantes, o de jóvenes que al menos parecían estudiantes, gritando todo tipo de consignas. Yo estaba allí, por decirlo de alguna manera, clandestino, quiero decir que nadie debía saber que yo estaba en la calle Estado y no donde debería haber estado, no sé, supongo que en clases de algo. Digo nadie, pero en realidad los que no debían saber por ningún motivo que yo no estaba en el colegio eran mis padres, pues por alguna curiosa razón a los padres suele no gustarles que los hijos hagan la cimarra, pero si además se hubiesen enterado de que estaba a punto de sumarme a una manifestación, no autorizada, obviamente, porque en esa época ninguna lo era, ya la cosa hubiese sido, como se dice vulgarmente, de infarto. Entre paréntesis, nunca he entendido esa propensión de algunas madres a amenazar con una muerte súbita, como la del lactante pero por razones, digamos, morales porque podía sobrevenir cuando uno hacía algo fuera de la ley (de la ley materna, claro, que era más indulgente que la ley paterna pero, en mi caso al menos, más artera porque si la infringías, la señora podía nada menos que dejar de existir). Mi madre al menos era así: tú le decías, no voy a estudiar ingenería civil industrial sino literatura y ella iba, se recostaba en su cama y comenzaba a sangrar muy dignamente por las narices. Ya la habías matado, o casi. Si el domingo por la mañana, a la hora de la misa, le decías que habías llegado a la conclusión de que Dios no existía: tres días de hemorragia nasal, por lo menos. O sea, si al ver que no regresaba del colegio tenía que salir con mi padre a buscarme por comisarías, hospitales, vicaría de la solidaridad, la cosa podía ser definitivamente luctuosa, porque manifestarse era ya algo peligroso en esos años, pero matar a tu madre por querer acabar con la dictadura habría sido, por lo menos, desproporcionado.

Pero estábamos en la muchedumbre que avanzaba por Estado hacia la Alameda. De lejos, entre los jóvenes, destacaba uno muy alto, con el puño también muy alto y un vozarrón estentóreo que gritaba que Chile había sido y sería nuevamente (¿pero cuándo?) un país en libertad. Era mi amigo Cristián Warnken, que se había escapado también del colegio. Venía con Jorge Edwards (hijo) y otros amigos. Yo, ingenuamente, había comprado un libro pensando que si me llevaban preso al menos tendría algo que leer. Caer preso, de hecho, era en esas circunstancias algo bastante factible, poder leer en la cárcel (o donde fueras a dar) era otro cuento. De hecho, ya cargaban los carabineros desde la Alameda, ruidos de sirenas, gritos, el olor de las lacrimógenas… un paisaje bastante actual, lo que me hace pensar que así como se habla (o hablaba) del eterno femenino, se podría hablar del “eterno policial”, o de la “eterna tentación policial”… Yo, de hecho, terminé por comprar un libro cada vez que iba a una manifestación. Era una martingala: si compraba un libro, no caería preso. Así descubrí muchas obras notables: desde esos primeros “Alcoholes” de Apollinaire hasta “Pantaleón y las visitadoras”. Había otro detalle: calzoncillos y calcentines rigurosamente limpios, pues mi madre decía que al salir de casa era imperativo asegurarse que se llevara ropa interior en buen estado (ella quería decir limpia y, ojalá, nueva), porque no se sabía nunca, uno se podía desmayar en la calle y entonces, imagínate, unos calcetines llenos de hoyos, o algo peor…En otras palabras, terminar en la comisaría sí, pero con la dignidad del caso. Y la dignidad estaba, ante todo, en la ropa interior.

“Deseoso es aquel que huye de su madre”, dice Lezama Lima y más deseosos nosotros que huímos durante tantos años y calles de nuestras madres y de la policía.


M.E.


sábado, 31 de diciembre de 2011

TERMINA EL AÑO DE ARGUEDAS?

Faltando seis horas para recibir el 2012 y

terminando el año de Arguedas, aquí va una invitación para que este final de 2011 no sea una nueva clausura del proyecto y de la obra arguedianos, que durante todo el año nos han sorprendido con su renovada fuerza, con sus sugerencias siempre nuevas e inacabables. Lo de la clausura viene a cuento porque no sólo sus “enemigos” (Cortázar y Vargas Llosa, con el empecinado rechazo de lo local y de lo arcaico que usan para definir de modo reduccionista a Arguedas), sino también algunos de sus “amigos”, desde un punto de vista más crítico, han dado en clausurar un supuesto proyecto transculturador de Arguedas.



Pero volver sobre lo problemático de la noción de transculturación sorprende cuando el término ha sido ya discutido y relativizado al máximo. Y considerar la literatura de Arguedas como un fracaso de este proyecto, un fracaso en cierto modo personal, tiene el inconveniente de desactivar lo radical de su obra, y de paso de deslegitimar toda referencia a una cultura otra.  No se trata de dictaminar, desde un punto de vista hegemónico, si Arguedas “tradujo” el mundo andino a nuestro código, y si eso es o no posible en nuestro universo globalizado; se trata de comprender el lugar de enunciación donde él se sitúa. El propio Arguedas trabajó desde este límite, desde esta frontera, y, más que clausurar un supuesto proyecto,  desbarató cualquier idea de convivencia armónica, mostrando -en las contradicciones entre su deseo de comunicación y la tensión en que permanecen los mundos- la desigualdad en las condiciones de existencia de ambas culturas, pero al mismo tiempo el valor semántico y la fulgurante belleza o la potencia revulsiva de la cultura más desconocida.



En el excelente comentario de Echevarría publicado también en este blog (por cierto los homenajes que fueron rutinarios en España fueron los mediáticos, no los otros) se cita el también excelente artículo de Moraña sobre la polémica Arguedas/Cortázar, y la referencia a la idea de Moreiras de ver la trayectoria de Arguedas como ese fracaso de la transculturación, y su connotación asimiladora, y de la utopía. Ahí es donde quiero matizar, con una idea de Jean Franco en su ponencia Suicide or Murder?  The Postumous Existence of Jose Maria Arguedas.’, preparada para el Congreso internacional del centenario de José Maria Arguedas en la Universidad de Londres, celebrado los días 13 y 14 de octubre de 2011: Arguedas no sufrió tanto una imposibilidad individual, sino el efecto de esa vieja y conocida lógica social que aplasta cualquier logro colectivo. En otras palabras, no puede hablarse del fracaso de un “ingenuo” proyecto de Arguedas: es nuestro universo social el que se niega a cumplir las posibilidades de existencia de un mundo otro, de una sociedad otra.


Así que Kashkaniraqmi, José María Arguedas: seguimos siendo.

Helena Usandizaga. Vladimir Herrera.

SIRENAS ANDINAS EN LA "TABLA DE SARHUA".

Sirenas andinas representadas en una “Tabla de Sarhua”, obra de Juan Walberto Quispe




EL MUNDO OSCURO Y LA MÚSICA EN LOS MITOS ANDINOS


Más allá de su valor prestigioso o meramente cotidiano, la música tiene en las principales tradiciones un valor iniciático, puesto que conecta con lo oscuro, con lo oculto; la música dice la ausencia y el misterio, y da voz a aquello que está en silencio.  La historias de la música como energía que nos conecta con lo otro o con la materia misma del mundo están muchas veces en los mitos musicales presentes en todas las tradiciones, y en este trabajo se comparan algunas historias de la tradición occidental con las historias míticas andinas para ver luego su proyección en tres autores literarios.  



En la tradición occidental, Orfeo amansa a las fieras, rinde a su enamorada, y suspende la actividad infernal con la música, y, cuando no puede rescatar a su amada Eurídice de la muerte, su lira canta la pérdida y el dolor. También en la tradición andina los mitos conectan a la música con el mundo oscuro: los personajes que habitan en las cuevas, en las cascadas y en los manantiales son los que transmiten y enseñan la música, como el wamani o espíritu de las montañas, y sobre todo la Sirena, serena o sirinu, personaje que toma su nombre de la tradición occidental, pero que existía antes de la llegada de los españoles como un espíritu de las aguas asociado a la fertilidad de la tierra y del ganado.


Pero además, como las sirenas de la tradición griega, las de la andina seducen con su música; como aquellas, son seres peligrosos que pueden enloquecer a quien escucha su música bellísima, sus agudas melodías de arpas y violines. Los danzantes de las competiciones rituales pactan con el wamani y acuden a las cascadas y a los manantiales para recibir la música de la sirena. ¿Cómo se controlan estos seres poderosos y peligrosos, pero también benéficos y productivos?  La cultura andina tiene mecanismos para gestionar este contacto con lo sagrado y con las fuerzas oscuras que habitan en el interior de la tierra y de los cerros, y en las lagunas, los manantiales, los ríos; con algo a la vez benéfico y peligroso pero con lo que se puede pactar, pues la cultura posee los ritos autorizados para hacerlo, en especial la ofrenda que establece la reciprocidad entre los dioses y los hombres, entre las fuerzas sagradas y la vida humana, pacto mutuo que no hay que confundir con el desigual y aterrador pacto con el diablo de la tradición occidental


Esta pertenencia de la música a lo oscuro no es tal vez muy diferente a la relación de la música con lo arcano presente en otras tradiciones; cobra sin embargo en lo andino un carácter de intercambio y además fuertemente material que corresponde a la visión animista en que las cosas de la naturaleza emanan sustancia sagrada sin que sea necesario acceder a un plano abstracto. Se tiñe también en lo andino de la dinámica subyacente a esa cosmovisión, donde la división del mundo en estratos -mundo de arriba, mundo de aquí, mundo de abajo- no impide una activa interacción entre ellos, y un sistema de pactos y reciprocidades que resulta diferente a la incomunicación entre lo alto y lo bajo presente en otras tradiciones. Estos personajes que viven en las lagunas y manantiales son fuerzas telúricas y frecuentemente femeninas, con lo que la pertenencia al mundo de abajo se relaciona en ocasiones con el culto a la Pachamama o madre tierra, y a la vez con el culto a los antepasados. Esta visión material no deja de ser profundamente espiritual: la diferencia es que no hay una dicotomía entre la materia y el espíritu, como sí la hay en cierta tradición platónica.


En este trabajo, la antropología es un puente para entender cómo, en tres textos literarios de autores peruanos que exploran en este mundo, los mitos de la música son imágenes potentes e irradiantes que configuran el sentido del texto. En Los ríos profundos (1958), de José María Arguedas, los seres transmisores de la música y la música misma forman parte de un conjunto de fuerzas míticas –la piedra, los ríos, las montañas, la sangre, las lágrimas...- que hay que reactivar con la rebelión para recuperar la fuerza subyugada de la cultura andina; en El pez de oro (1957), de Gamaliel Churata, un personaje mítico, la Sirena que habita en el lago Titicaca, transmite los secretos de la música a su hijo, el Pez de oro, en estrecha interacción con el Puma de oro, su marido y padre respectivamente, y alter ego de un enunciador que busca recuperar la historia, la filosofía y la escritura americanas en contacto con lo andino; en Candela quema luceros (1989), de Félix Huamán Cabrera, la joven misteriosa que habita en una cueva acuática transmite a los habitantes del pueblo los cantos alegres de las tareas de la cosecha, y, tras el ataque de los soldados y la muerte de casi todo el pueblo en el marco de la guerra (1980-2000), hace fluir la elegía de ese mundo arrasado por la violencia.

“El mundo oscuro y la música en los mitos andinos”. Usandizaga, H. (2011), Bulletin of Hispanic Studies, 88 (6), pp. 635- 650.


Helena Usandizaga











lunes, 26 de diciembre de 2011

SANTURANTICUY CUSQUEÑO 2011.












Desde la noche del 23 de diciembre los campesinos que rodean la ciudad del Cusco empiezan a ocupar metro a metro los puestos en que venderán semillas, líquenes, totoras y más yerbas inimaginables porque es lo único que tienen para vender en esta feria de artesanías que es el Santuranticuy del 24 de diciembre en la plaza de armas de Cusco. Así es cómo florece la pobreza que no se vé  otros días normalmente cargados de turismo. Las fotos azules son del amanecer y como las demás no han sido ni siquiera tocadas por el fotoshop. Sí por la agudeza de la fotógrafa catalana Dulce Massó Bonacella.
V.H.

sábado, 24 de diciembre de 2011

4 DÍAS. FRIDO MARTIN ANTE EL ABISMO.

El poeta y pérformer Frido Martin ensaya un pase de copas mientras baila con el vino de la noche. Noche del 19 que tuvo extremadas sorpresas para él, tantas como en un día largo de navidad.

4 DÍAS. EN QUE TEMBLÓ LA POESÍA AMERICANA.

Rodolfo Hinostroza  le habla de poesía a su viejo amigo Yoyo Manrique o hablan de su época parisina mientras Pedro Granados repara en las orejas del ángel de la noche. Día 17 de diciembre  en La Hacienda Ranhuailla : donde comenzó el periplo hacia Machupicchu. Foto de Marina Herrera.

viernes, 23 de diciembre de 2011

5 MOMENTOS DE 4 DÍAS ENTRE PÁJAROS Y ÁRBOLES.






Cinco momentos de 4 Días Entre Pájaros y Árboles. Día 18 de diciembre: Frido Martin ensaya su performance con los poetas enmascarados en Ranhuailla. Juan Yufra, Robert Baca, José Córdova y Edgar Saavedra leen sus poemas en pleno bosque de Ranhuailla, también el 18. El 19 todos se disponen a comer en casa de Yoyo Manrique juntando fuerzas para llegar a Machupicchu. El día 20 pudimos llegar a Machupicchu y hacer la foto dicen que histórica. La foto de más arriba es la de la Orquesta de Cristal.
V.H.