martes, 29 de marzo de 2011

CRISTINA FERNÁNDEZ EN LIMA NUEVAMENTE. Festival Revista Eñe.















La obra de Cristina Fernández es casi incontable y ha sido traducida a diez
idiomas. El 2009 ganó por Todos los cuentos, el premio Ciudad de Barcelona
el Salambó, y el premio Qwerty, entre otros. Tusquets acaba de reeditar sus 
memorias Cosas que ya no existen. Sus amigos en esta Laguna Brechtiana
pecamos de contentos al saber que llega pronto a Lima, la horrible, donde fue
feliz entre los años 74-75. El festival de la Revista Eñe la trae hasta nuestras
playas donde actuará el sábado 16 de los corrientes. En la foto se la ve con
Vladimir Herrera saliendo del restaurante Amaya. Primavera de las Ramblas.

lunes, 28 de marzo de 2011

viernes, 25 de marzo de 2011

PARA UNA ANTOLOGÍA FUTURA. TRES.



Helena Usandizaga, la autora de estas notas es catedrática principal de Literatura Hispanoamericana de la UAB,  Universidad Autónoma de Barcelona y colaboradora exclusiva de la Laguna Brechtiana. La fotografía bajo estas líneas fue hecha originalmente en blanco y negro durante una estancia en Venecia por V.H.


Para una futura antología de poesía Hispanoamericana (TRES)

Por Helena Usandizaga.



Si escuchamos a los poetas (por ejemplo, en la recopilación de Duque Amusco), sabremos que el poema surge casi siempre de una percepción de algo no formulado discursivamente: una imagen, casi siempre unas palabras fuera de contexto, una energía, un verso regalado por los dioses, un ritmo, un tono, una matriz musical, una respiración. Aun cuando las cosas parezcan estar claras antes del poema, aun cuando el punto de partida tenga componentes conceptuales, su escritura y su lectura suponen siempre un conocimiento diferente. También poemas aparentemente prosaicos nacen así, y también están los otros poemas: los que traducen lo ya sabido sin someterlo a la experiencia poética, los  que aplican mecánicamente una fórmula. El poeta trabaja sobre algo no conocido previamente; por eso trabaja con palabras, no con ideas, ya lo dijo Mallarmé, y el lenguaje entonces es el único modo de explorar en esa oscuridad, en ese significado que se hará en el transcurso de la escritura. El texto se construye pues como una búsqueda y es por lo tanto un trayecto de tensiones que conforma las aproximaciones al objeto que sólo existirá en el poema: pues este trayecto, lineal o circular, es el poema. Poco importa que el conocimiento buscado tenga que ver con el amor, con la muerte o con la sociedad; no se necesita un prestigioso misterio para identificarlo; no es necesariamente esencial o ahistórico. Si los poemas de Gil de Biedma, narrativos y realistas, estuvieran hechos sólo con ideas y oficio, la escritura de este poeta se hubiera podido prolongar indefinidamente. Pienso entonces que en el nivel más incontaminado del proyecto, en general, hay un intento de seleccionar poemas cuyo movimiento interno sea profundamente logrado, y que responda a este proceso de construcción que elude lo ya sabido previamente para hallar el saber en el transcurso del poema. En este sentido, ésta pudiera ser, como se advierte en la  nota previa del editor (10), una selección de poemas más que de poetas, cuya coherencia, en general, no puede negarse, aunque no estén algunos que se pueden considerar grandes poemas - ¿por demasiado “dramáticos”?-, como “Alta marea” o “Francisca Sánchez” de Enrique Molina; “Catecismo animal”, de Olga Orozco;  “¿Qué se ama cuando se ama”? de Gonzalo Rojas; “No sé si te amo o te aborrezco”, de la propia Varela, y también alguno cuyo autor  no está en la selección: por ejemplo, “Boletín y elegía de las mitas”, de César Dávila Andrade, que mostraría la riqueza de la poesía construida con referencias autóctonas y llamaría a otros poetas, como Raúl Brozovic. Del mismo modo, parece lógico reclamar sin ira poemas españoles de poetas presentes o ausentes de la antología.
 Por otro lado, la selección en la franja de los poetas nacidos más o menos desde 1950 resulta algo decepcionante: estoy convencida de que ese panorama tardará aún en dibujarse, y faltan aún muchas antologías para que se vaya haciendo esa ilusión que algunos conciben como justicia poética; es posible que algunas voces no hayan tenido ocasión ni de ser discutidas.  Sin embargo, creo que se ha perdido una excelente ocasión para explorar de modo poco convencional en todos los ámbitos.  Por ejemplo, no hay ningún poeta peruano nacido después de 1946: ¿se leyó a Magdalena Chocano, Vladimir Herrera o Mario Montalbetti?


Además de la posibilidad de comparar diferentes pulsaciones poéticas, ¿cuáles son las lecturas nuevas que nos ofrece la antología? Una importante es que hace posible leer conjuntamente la poesía española y la hispanoamericana: si bien la percepción del idioma como patria común (15) es uno de los atractivos de esta lectura, uno de los grandes placeres es encontrar también diferencias (la primera, claro, es la de las diferentes variantes del español y las figuras de diferentes naturalezas que pueblan los poemas) entre los dos territorios, que parecen relacionarse en el prólogo con la experiencia y la crisis del modernismo, la vivencia creativa de las vanguardias en sus sucesivas oleadas, y la continua apertura a la poesía europea y norteamericana; las circunstancias históricas habrían limitado en este sentido la poesía española (37): tal vez plantearlo así simplifica un poco la cuestión, pero algo de esto hay. Aun sin un profundo conocimiento de la poesía española, es evidente que la sensibilidad de algunos poetas es más cercana a la de ciertos hispanoamericanos, y en algunos hay una indudable conexión con fuentes hispanoamericanas. Los acercamientos de tono causan placer, así como algunas diferencias estimulan: esta antología podría así simbolizar ese lugar donde, históricamente, se han encontrado poetas de aquí y de allá; pero cuidado con salir de ese espacio, pues los desencuentros también han sido clamorosos. Comparto la relativización irónica de Jiménez Heffernan respecto del abrazo poético entre ambos lados del Atlántico que se postula en el prólogo (18-19): “No nos pongamos estupendos”, dice (36).


   Volviendo al conjunto de los poemas, ahora sin problematizar, se puede comprobar en él esa lectura coherente: la presencia de aquel modo poético pero ya no como proyecto sino en el texto mismo. Hay una lectura que se puede ejemplificar con versos de la antología -siempre tratando de no  hacerles decir lo que no dice el poema-, en el bien entendido de que este conjunto puede dar lugar a otras lecturas, no infinitas, por cierto; y suponiendo que tal vez la lectura global de los poemas españoles daría otras claves. Algunos términos de la tradición hispanoamericana explican ciertas líneas: de la crisis del modernismo se deriva una búsqueda más crítica y fracturada en el misterio del mundo (pero no su abandono); y una ruptura del lugar de enunciación en el poema. El sujeto del poema ya no será central y profético, sino cuestionado y escindido: “Digo yo”, dice Idea Vilariño (352), “por decirlo de algún modo”; “El otro que lleva mi nombre/ ha comenzado a desconocerme”, dice Roberto Juarroz (476). Al mismo tiempo, esa inclusión del habla común que se menciona en el prólogo (17) consiste, no en llenar el poema de expresiones coloquiales (ni tampoco en abrevar en la “lengua del pueblo” en tanto que parte de la “lengua original”, como teme Jiménez Heffernan, 36), sino en acercarlo a las estrategias de la conversación o del monólogo; eso cambiará el tono del poema, pero no necesariamente lo hará más sencillo y cercano: ocurre que el trabajo es otro, con otros materiales. Esta operación resulta frecuentemente en la coexistencia de varios niveles y desconvencionaliza el lenguaje poético (no se puede hablar de una ignorancia de la tradición sino de su lectura crítica), al tiempo que rompe los moldes escritos ya gastados; pero tampoco la exageración o la grandiosidad están excluidas: el poeta no teme al qué dirán ni al posible mal gusto; véase el juego con el registro “alto” de Olga Orozco o Enrique Molina, que es su tono personal; o la utilización de formas clásicas y lenguaje arcaico (Belli, Hahn); y de lenguajes coloquiales y hasta vulgares, como ocurre con Parra o con Sabines. El ritmo y el tono del poema, base y entramado de su movimiento, son el logro más importante, tal vez, de estas búsquedas, y los dos grandes maestros, Neruda y Vallejo, lo fueron también en esto. Se pueden comparar tonos más “fuertes” como el de Sabines, bronco, casi feroz: “¡A la chingada las lágrimas!, dije,/ y me puse a llorar/ como se ponen a parir” (712),  el veloz y tanteante de Rojas (“encantamiento/ con desollamiento,/ música/ con espinas a eso/ de las 6", 304) o el contundente de Mejía Sánchez (léase “Pezuña del arcángel”, 418); la música límpida de Eliseo Diego, en cuyo reverso se teje la sombra; tonos declaradamente irónicos como el de Enrique Lihn (“la palabra: este río a cuya orilla/ como el famoso camarón nos dormimos”, 588), líricos y melancólicos como el de Jorge Teillier (“Un desconocido silba en el bosque. Los patios se llenan de niebla”; “De pronto no somos sino un puñado de sombras/ que el viento intenta dispersar”, 693).
Continuará.

martes, 22 de marzo de 2011

Se casan Arguedas y Celia Bustamante en Sicuani.





José María Arguedas se casó con Celia Bustamente el 30 de junio de 1939 en la ciudad de Sicuani. Padrino y testigo de esa boda fue Killku Waraka, seudónimo del poeta en quechua Andrés Alencastre. La foto es de ese día frente a los Registros Públicos de Sicuani.

domingo, 20 de marzo de 2011

PEQUEÑA HISTORIA DE UNA FOTOGRAFÍA.


Evocando el nombre de un pequeño libro de Walter Benjamín, de los más formativos y antiburgueses que haya escrito el proverbial polígrafo judío alemán. Nous sommes tous des juifs allemands. Me pongo, en esta laguna, a contar la pequeña historia de una fotografía  tomada el año setentaicinco en el parque Chapultepec de la ciudad de México. Está editada en blanco y negro y ha sido infinitamente repetida en la red por lo que a ella pertenece, aunque los negativos no estén en manos de la autora y sí en las de alguien que en ella se siente retratado.       La autora de esta foto es la escultora  Margarita Caballero que en aquel tiempo era novia de José Rosas Ribeyro y verdadera musa de Mario Santiago y Roberto Bolaño. Ella misma sale en la fotografía sentada al lado izquierdo luego de haber corrido después de disparar el automático. Ha sido la misma Margarita quien me lo ha contado esta semana en Cusco, junto a las aventuras y desventuras de los infrarrealistas o “infrarealitas”, como prefiero llamarlos en un México que en el año 75-76 ya hervía en las novelas de Bolaño.  Lo que sigue a la fotografía en la petite histoire es la llegada de Margarita y José a Georges Mandel 33, el lujoso batiment por el que debíamos pasar  todos los peruanos en Paris. En la puerta estaba el sorprendido José Tang con un abrazo para el nuevamente exilado JRR. Era el mes de octubre del 76. Año en el que también yo me encontraba en París “que no se acababa nunca”. A los pocos meses estaba el suscrito  con Bolaño en Barcelona en una mancha que incluía a los chilenos Bruno Muntaner y Juan Harrington, al cusqueño Américo Yabar, y a los mexicanos Mario Santiago, Orlando Guillén, y  Daniel Golding entre el café Zurich y la calle Tallers. Todos ellos se habían venido a Europa siguiendo a Margarita como en los cuentos. El corto verano de la anarquía en las playas de España  prometía linduras:  regresaban Federica Montseny y la Pasionaria y Franco freía tortillas en el purgatorio. De aquella época es el recuerdo de Bolaño con chilaba marroquina en una fiesta en mi casa de Valle Hebrón, por la que tiempo después pasaron Jorge Najar, un innombrable y Oscar Málaga, que llevaba a una hermosa piurana.  Habían desembarcado de  un avión militar peruano cargado de repuestos en Barcelona, donde preparaban su entrada a Francia y  los taxistas les huían. El innombrable se pegó un susto con Europa y presto volvió a Lima para no regresar jamás. Esas cosas pasaban antes.
 Ahora sucede, me doy cuenta,  que la foto que trae a colación todos estos recuerdos ha sido también incluida con algunos broches de sonido, aledaños, en un libraco pesado como un ladrillo, con la intención de que parezca  haber sido directamente vivida por los habitantes de ese extraño planeta llamado Hora Zero. Porque si se incluyen en el libraco al socio fundador y posterior dinamitero de Estación Reunida y a su novia de entonces, Margarita Caballero, todos somos Hora Zero. O sea, todos somos judíos alemanes.

Margarita Caballero con Vladimir Herrera y su prole 35 años después en Urcos.  Nous  sommes tous des juifs allemands.

martes, 15 de marzo de 2011

PRIMICIAS DE YOYO MANRIQUE

Jorge  “Yoyo”  Manrique es arquitecto. Practica la amistad con los poetas del sesenta y del setenta y guarda los secretos de ambas generaciones. Ahora se ha puesto a hacer memoria de los años mozos y no piensa dejar títere con cabeza. Por lo que en la Laguna Brechtiana que también es chismosa saldrán sus notas en calidad de primicia. Su foto es la que está bajo estas líneas. Reside en Urubamba.



PRIMICIAS DE YOYO MANRIQUE.

1.-
Rodolfo Hinostroza pasaba por su período de pasión por la cocina y estaba insoportable. Ya se le había terminado la fiebre de inventor y venía de sufrir una gran decepción después de haberle propuesto a la RATP (autoridad encargada de los transportes ) la publicación de un libro acerca de la Historia de cada estación de metro en Paris. Tuvo una entrevista con los directivos y la idea fue acogida con entusiasmo. Conmovido por la aceptación de su idea y de las palabras de aliento, Rodolfo les dejó el manuscrito .No supo más de él hasta que un día en su casa su mujer, que estaba viendo la televisión y mientras él cocinaba, lo llamó a gritos. Se estaba celebrando la presentación de su libro y el “autor” era nada menos que una de las personas que lo recibió en la entrevista.
Yo pensé en algún momento que Rodolfo aspiraba a ser inspector del Guide Blue, esos tipos que se presentan anónimamente en los restaurantes, comen, o mejor dicho tragan y después opinan.
La cocina era su nueva inquietud y como todo lo que hace él, lo había tomado con pasión. Para probarnos sus habilidades organizó una comida en mi casa en la que nos presentaría un menú especial. Seríamos  solo cuatro comensales, Patrick Rosas,…………yo y él.  El menú nos lo anunció como si fuera un secreto y con mucha solemnidad dictó: entrada: un Salmón con Salsa Tátara, plato de fondo: Boeuf Bourguignon a la Provensal y de postre: Peras Almibaradas con una bola de helado de vainilla y crema de chocolate caliente.
Nos cotizamos con  el monto que nos correspondía y él se encargó de hacer las compras. Una vez en mi casa, mientras nos tomábamos un Kir Royal como aperitivo, él se lucía en la cocina, haciendo gestos de un verdadero profesional  picaba verduras, revolvía  la sartén, abría la refrigeradora para  inspeccionaba sus ingredientes y mil cosas más.
La cocina me la dejó hecha un desastre, habían manchas hasta en el cielo raso, pero no importa se trataba de nuestro futuro célebre Chef de Cuisine.
Nos sentamos a la mesa y empezó con mucha ceremonia a presentarnos los vinos que había seleccionado, un Sanciere blanco para la entrada otro tinto para las carnes y finalmente una botella de Champagne para el postre. La cosa estaba que prometía.
No habíamos acabado se saborear la entrada cuando inesperadamente sonó el timbre. Un silencio sepulcral se instaló en la mesa y nos miramos con interrogación. Me levanté y abrí la puerta.  Se trataba nada menos que de Gregorio Martínez que se presentaba con Alfonso Barrantes “Frejolito” y un zampón más.
Rodolfo se puso furioso, quién habría filtrado información?, cómo se habrían enterado? Quién les dio la dirección de mi casa?... era demasiado tarde. No nos quedó más remedio que invitarlos a compartir.
Rodolfo se mandó un rollo acerca de la importancia de las porciones para apreciar mejor los platos etc , les explicó inútilmente el menú, ellos no sabían ni de qué se trataba. Bridamos con el vino Saint Emilion que estaba destinado al Boeuf Bourguignon y Gregorio Martínez lo bebía sin saborearlo ,como si fuera cerveza. El fracaso era total, de repente de manera inesperada Frejolito, mientras degustaba lo que le tocó de segundo, pidió ají, a Rodolfo  se le cayeron los cubiertos. Semejante sacrilegio era imperdonable.
La historia de esta desgracia culinaria, que se sumó a las decepciones de Rodofo, fue objeto de una nota publicada por Patrick Rosas que en esa época era corresponsal del diaro El Comercio.

domingo, 13 de marzo de 2011

PARA UNA ANTOLOGÍA FUTURA. DOS.

 Notas para una futura antología Hispanoamericana. (DOS)
Helena Usandizaga.

2.-


Pero veamos de otro modo la cuestión, con una pregunta: ¿el interés de esta antología está en su representatividad y canonicidad? Y con una prueba: la de remitirse  a la sencilla acción de leer, y al resultado de esta lectura; pensemos, no tanto en lectores informados sino en lectores a secas, dos especies que a veces se complementan pero a veces se oponen; olvidemos la sociología poética, aun sabiendo que no está ausente del proceso.  La selección en esta franja se puede entonces tomar como una lectura, y desde esta premisa cabe disfrutar su coherencia. Volveremos sobre ello, pero antes veamos qué ocurre en la antología con otras dos franjas cronológicas, que suscitan algunas discusiones más de fondo.
 Primero, la clandestina, la ilegal, la que se salta las normas: si bien la antología es de poetas nacidos desde 1910 hasta 1959 y de libros publicados entre 1950 y 2000 (esta premisa también se contraviene, por ejemplo en los poemas que luego comentaremos de Lezama Lima y Westphalen), la selección comienza con Juan Ramón Jiménez y Pablo Neruda. Nada que objetar a la presencia de poetas tan imprescindibles, pero se nos dice que están los poemas de Residencia en la tierra de Pablo Neruda (la casi totalidad de los textos seleccionados pertenece a las Residencias, publicadas completas en 1935, a pesar de que también se justifique la presencia de Neruda por su escritura prolongada) por ser un ejemplo de “la índole órfica de sus textos, su referencialidad siempre oblicua, su extrañamiento”, ya que “pocas veces la poesía del continente ha alcanzado una altura tan significativa en cuanto a capacidad de transmitir lo indecible”. Cierto, pero lo que inquieta es lo que sigue: “el otro ejemplo de esa virtud es, sin duda, el de César Vallejo en Trilce” (36). Dos dudas; la primera: ¿por qué entonces nadie propuso otra trampa inocente para que estuviera Vallejo? ¿Tal vez porque dos poetas fuera de orden ya eran demasiados, en realidad nos tocaba sólo uno por lado del Atlántico?; y la segunda, y quizás más importante: ¿cómo entender la poesía hispanoamericana del siglo XX sin los Poemas humanos y en general todos los poemas póstumos (1939) de Vallejo? Y sobre todo: ¿es que estos poemas no transmiten lo indecible? Me parece que estamos ante diferentes maneras de entender esto de “lo indecible”, pues no creo que el no mencionarlos derive de caer en el viejo error de considerar esta época de Vallejo como social, y por lo tanto poco poética desde el prisma de la sensibilidad que se construye en esta antología; o como invadida por el patetismo, con el mismo resultado. 
¿Quizás precisando lo que se entiende por poesía  “abisal”, “órfica”(36) comprenderemos  la ausencia de estas obras de Vallejo? No lo creo. No comparto totalmente la irritación de Jiménez Heffernan (2001: 38) frente a tales términos aplicados a la poesía: si la comparto un poco es porque creo que esencializan cierto tipo de búsqueda que podría verse más como un método, como un camino, y que define una línea poética. Creo que esta manera de búsqueda podría ejemplificarse con la del poeta que, junto a San Juan de la Cruz, presta su título a la selección: es importante decir que Las ínsulas extrañas (1933) es un libro del peruano Emilio Adolfo Westphalen, en el que, como en toda su obra, la poesía es búsqueda de un conocimiento que podría ponerse en paralelo con la del trayecto místico: “La otra margen acaso no he de alcanzar”, se pregunta afirmativamente la voz poética “Ya que no tengo manos que se cojan/ De lo que está acordado para el perecimiento” (176).  Esto no quiere decir en absoluto que esta poesía sea religiosa, ni mística en sentido estricto, ni que niegue los sentidos para percibir lo puro o lo esencial. Se trata de un modo de ascesis: no la negación, sino el desasimiento de lo que distrae para que se produzca el encuentro con lo oculto, pero como emergencia o contrapunto más que como iluminación: “Viniste a posarte como una hoja sobre mi cuerpo [...] Viniste a posarte como la noche llama a las creaturas/ O como el brazo termina su círculo y abarca el horario completo/ O como la tempestad retira los velos de su frente” (174-175). Es un movimiento parecido al del poema de Lezama Lima cuando dice “Una oscura pradera me convida,/ sus manteles estables y ceñidos,/ giran en mí, en mi balcón se aduermen” (103). Llevando este punto de partida a sus últimas consecuencias, encontramos algo así como un modo de conocimiento: con ello, no pretendemos establecer una definición esencial de la lírica, pero sí detectar una vertiente que históricamente se ha constituido en una línea muy importante de la poesía. Se trata de la convocación de una experiencia en el poema que tal vez expliquen unas palabras de Valente, quien reconoce ese modo como "una experiencia espiritual profunda” (55), un conocimiento "que ciertos autores han llamado aparicional o presentacional, al que se llega por una especie de revelación, no por una cadena de enunciados" (56); para él, en un esquema de viaje iniciático,  ocurre que “en el descenso más absoluto la palabra poética llega a la memoria de la materia. Entonces la palabra poética no versa sobre la materia sino que es materia; no versa sobre el cuerpo, es cuerpo. Esa fase, para mí, estaría regida por el primado del eros" (54).
Entonces, ¿toda la antología se hace con textos de esta índole? Llegados a este punto hemos de constatar cierta indefinición en las raíces poéticas del proyecto.  Porque, si bien este modo tiene amplia representación en el libro, no creo que sea esto lo que define al conjunto de la selección, pues en efecto, como señala Jiménez Heffernan (2002: 37), entonces la introducción de poetas más sociales, más narrativos o más “realistas” (Gil de Biedma entre los españoles, Cardenal entre los hispanoamericanos) resultaría contradictoria. Creo que al proyecto le subyace la idea, tal vez menos socorrida porque nos deja a solas con la calidad del poema, de que el conocimiento o la experiencia que propicia la poesía no le precede, sino que se crea en el poema; no se traduce ni se adorna una idea en el poema, sino que en el poema se hace; y tal vez no se trata ni siquiera de una idea, sino de un ritmo, un tono, una percepción de algo que siempre queda parcialmente informulado; un conocimiento que, por así decirlo, ocurre en el poema, pero que no le preexiste ni le sobrevive: en diferentes grados, se trabaja también con algo “indecible”. Esto parece de Perogrullo y seguramente lo es, pero, si no fuera así, si no se produjeran estos destellos ¿para qué se escribiría poesía? ¿para decir de un modo un poco más bonito pero sin cortar con la percepción habitual lo que el sentido común ya ha dicho mil veces? Pero repito que no se trata de algo necesariamente órfico o misterioso, o muy espiritual; basta que sea la materia de la vida, de la realidad  y de la experiencia lo que aparezca en el poema.

         Continuará. 

martes, 8 de marzo de 2011

PARA UNA ANTOLOGÍA FUTURA. UNO.



NOTAS PARA UNA FUTURA ANTOLOGÍA DE POESÍA HISPANOAMERICANA.  

Helena Usandizaga.

1.-
A una temporada de su publicación, no creo que sea innecesario volver sobre una antología (la elaborada por Milán, Sánchez Robayna, Valente y Varela) que suscitó celebraciones, diatribas airadas y unas pocas reflexiones: nunca es innecesario reflexionar sobre la poesía. Entre los comentarios reflexivos, interesa especialmente el  de Jiménez Heffernan (2002): me referiré a él, porque plantea una serie de cuestiones, como el desajuste entre el proyecto y su realización, y de discusiones pendientes, como la validez de ciertas líneas poéticas. La antología se presenta como una obra especial, en buena parte porque el criterio de sus antologadores marca desde el prólogo unas pautas que excluyen cierta cantidad de material al cual consideran, según se deduce (37), carente de innovación o de posibilidad de influir fecundamente.  Blanca Varela, excelente poeta y  lectora, ha explicado además (puede leerse en la crónica de Rojo) que el método de inclusiones y exclusiones se basó en la lectura en voz alta y la aprobación o desaprobación democrática de los poemas, lo cual implica que se puso en práctica el gusto lector de los presentes. La única duda que suscita este sistema es cómo se articularon estas democráticas voluntades, pero no entraremos en ello; tampoco en las rencillas y los posibles intereses e inquinas que según cierta crítica subyacían a la selección de la poesía española. Es lógico y verosímil que haya interferencias “extrapoéticas” en un proceso como éste; pero, en cuanto a las dicotomías a las que se remitía desde España la crítica airada de esta selección, sospecho que no puede aplicarse el mismo criterio a lo hispanoamericano: esto no quiere decir que esa selección la hayan hecho seres arcangélicos sin amistades, deseos ni intereses, pero no elucubraremos sobre ello.
Mi intuición, que veré de confirmar, es que esta antología no representa en el ámbito hispanoamericano algo muy nuevo, pero sí un entramado de lecturas que conforman una unidad (dejamos aparte la posible dosis de injusticia poética); esta unidad que encontramos a lo largo de los poemas, sin embargo, no corresponde a un programa claro, a pesar de lo expuesto en el prólogo, ¿justamente porque pretende teorizar operaciones de diferente índole? En primer lugar, hay que constatar -siempre en el ámbito hispanoamericano- que la selección de poetas nacidos entre 1910 y 1950 no parece especialmente revolucionaria si la comparamos con otras antologías con una cierta pretensión canónica (pienso ahora en las de Cobo Borda, Ortega y Sucre). Como prueba, detectamos la siempre imperturbable ausencia de Mario Benedetti y la presencia no menos imperturbable de José Emilio Pacheco; bromas aparte, también es una tradición que las zonas de los antologadores estén especialmente cuidadas, en este caso Uruguay -y aun toda la zona rioplatense- y Perú. Se percibe, también, un cierto deseo de ecuanimidad que podríamos suponer propio de las antologías canónicas: Sabines y Paz en México; Lihn y Teillier  en Chile; Cisneros e Hinostroza  en Perú, representantes de líneas amistosamente rivales, que coexisten aquí como suelen hacerlo en la escena poética americana. Al lado de las escasas sorpresas en este sentido, debemos a esta selección obras excelentes y poco antologadas, como por ejemplo, entre los argentinos, Hospital Británico de Héctor Viel Temperley (una especial experiencia de lectura: “para leer Hospital Británico hay que perder la cabeza”, dice Tamara Kamenszain: 155) y la peculiar cadencia de Hugo Gola, o la presencia de los peruanos José Watanabe (preciso y sutil) y Américo Ferrari (irónico y paradójico),  cuya poesía parece más adecuada a la sensibilidad de la selección que otras posibles opciones contemporáneas;  la presencia de Sarduy, a quien solemos ver entre los narradores,  deja la pregunta de si realmente otros poetas “neobarrocos” o “neobarrosos” (33) no merecerían estar aquí (Tamara Kamenszain, Mirko Lauer...).  Cierto es que los seleccionadores han afirmado que las ausencias no significan descalificación (menos mal, porque están ausentes países enteros). Sin embargo, si bien  no extraña que no estén, pongamos, Heberto Padilla o Roberto Fernández Retamar, y nos podemos explicar otras muchas ausencias, algunas producen extrañeza, en particular la de Alejandra Pizarnik; quizás ha caído víctima de su leyenda, que en otras ocasiones la encumbra con pareja injusticia, aunque sería interesante saber quién la propuso y cuáles poemas se leyeron de esta poeta sin duda irregular en su indudable excelencia: menos mal, pensamos, que se puede acudir para completar el panorama a otras antologías. Pero en este ejercicio nos damos cuenta con sorpresa de que las exclusiones de poetas reconocidos afectan a cualquier selección: logrando todo un record, la de Sucre suprime a Sabines y a Westphalen, representantes de dos líneas tan opuestas y fundamentales, que, la verdad, la explicación del gusto no resulta verosímil: ¿por qué suprimir a uno y a otro? Pero prometíamos no demorarnos en estas reclamaciones: buscando ausentes, en todas partes nos servirían las palabras de Macedonio Fernández que propone Américo Ferrari (9): “faltan tantos, que si falta uno más, no cabe”. Además, si uno se pone a buscar razones extrapoéticas para unas y otras operaciones tiene muchas posibilidades de acabar confundido. Decir que “en todas partes cuecen habas” sería una conclusión no muy profunda ni explicativa, y ponerse a averiguar por qué se cuecen se llevaría nuestras energías. Sería interesante, en cambio, poder hablar de la crítica americana de poesía: mucho más apasionada, a veces hasta la injusticia; pero a la vez apasionante porque se basa en el gusto lector y no sólo en la información y el conocimiento. Supongo que es lógico que no haya, desde  los suplementos literarios españoles, una crítica poética de los textos hispanoamericanos (¿la hay para la poesía española?) que busque formular algo así como un gusto lector, así fuera éste el más subjetivo; y no creo que pueda calificarse como tal el consternante canon de lo “poéticamente correcto” que van conformando las críticas de Edgardo Dobry en Babelia y antes en ABC

Continuará.
.

martes, 1 de marzo de 2011

POETA JOSÉ CARLOS CATAÑO EN ISLAS CANARIAS.

martes 1 de marzo de 2011
Estará uno sensible, o será que a uno ya no le importa expresar la ternura, cuando el otro se la merece; o el tiempo que fue se la merece.
Mudo después de la semana en París, mudo a los pies de marzo -marzo: todas las nubes; marzo: todo el mar consigo-, recibo este mensaje:
"Y me acuerdo de ti en una tarde lejana en la Plaza Real. Te acercaste a mí que estaba sentado en una banca, te sentaste y te quedaste dormido sobre mi hombro izquierdo. Nunca antes nos habíamos visto. Más tarde te vi con M. y con E. y P. Pero esa ya es otra historia. Ahora te escribo desde los 3.500 metros sobre el nivel del mar (...) Hace gracia haber sobrevivido a tantas borracheras para encontrarnos en esta playa de internet. Un abrazo."
El mensaje es de V. H. Ya por entonces me adentraba en el síndrome de Korsakoff, el que desarrolla y lleva hasta las últimas el personaje de Madame. En pocas palabras: la inmemoria buscada por no revivir los horrores de los que uno no se acuerda, la ficción para tratar de paliar la laguna en la memoria.
Pero ahora las palabras de Vladimir me son tiernas y me revisten, a mí también, de ternura por aquel  desamparo, y hacen que de pronto recuerde -a lo mejor yo también regresaba entonces de la masía de la frontera, otra escena similar en el Astoria, hora primera de la tarde, la pequeña maleta de tela negra a los pies de la mesa en la que hablaban Enrique y Cristina, quizá Carlos, a lo mejor Jose y David..., mi osadía frente a unos desconocidos, mi mudez.

Sí, fueron muchas las horas de miradas enhiestas, de labios callados, de vasos y más vasos con V. en el Astoria y en el Bikini desaparecido. En realidad, hablábamos tan poco, o con los sobre entendido y mal entendidos del alcohol, que hubo distancia y hasta un amanecer violento entre nosotros.
Y sin embargo...  Míralo ahora, al príncipe de Cuzco, que me hace hablar. Poco, porque los Enrique, Paula y Myra pertenecen a otra vida. Y yo no estoy seguro ni siquiera de seguir en una vida.

Tomado de Diario Virtual de José Carlos Cataño.

lunes, 28 de febrero de 2011

MAURICIO ELECTORAT EN EL MERCURIO DE CHILE.


DEL VERANO INCULTO.


Mientras en Chile disfrutamos del verano, entre Italia y Brasil estalla un incidente diplomático a raíz del rechazo de la extradición de Cesare Battisti, extremista de izquierda italiano devenido en autor de novelas policiales.

Me aprovecho del título de un libro de poesía de mi amigo Vladimir Herrera, peruano de Barcelona y del Cuzco, para comenzar con un comentario sobre esa textura tan particular que tiene el verano de Chile, que es, como dice Parra, mucho más un paisaje que un país. Sobre todo en verano, cuando la gravedad del mundo parece trasladarse al hemisferio norte y nos llega como atenuada por una cortina de calor, canciones escuchadas en chiringuitos playeros, noticias sobre accidentes de carretera y sobre ese monumento nacional del mal gusto que es el eterno Festival de Viña. En Chile, en Santiago (no me atrevo a hablar de provincias) la cultura es algo que habitualmente se nota poco, no afirmo que no exista, me limito a decir que tiene poca gravitación en la vida de todos los días; pues bien, me da la sensación de que el verano nos hace aún más incultos, más lejanos, más remotamente perdidos en un paisaje lleno de sol, arena y mar. Mientras nosotros nos bronceamos (yo, este verano, en mi patio, escuchando Radio Corazón), entre Italia y Brasil estalla un incidente diplomático a raíz del rechazo de la extradición de Cesare Battisti. Ya tuve oportunidad de escribir en estas páginas sobre el caso de este italiano, miembro de uno de los grupúsculos de la extrema izquierda que, junto con la extrema derecha, como suele suceder, pusieron a Italia al borde del abismo durante los siniestros años setenta. Acusado de cometer cuatro asesinatos, que él siempre negó, Battisti se refugió en París a mediados de los ochenta. Allí se hizo conserje en un edificio, se casó, procreó y (estoy tentado de decir "obviamente") se transformó en escritor de novelas policiales. Para hacerla corta: Chirac le ofreció en bandeja a su amigo Berlusconi las cabezas de todos los refugiados de la extrema izquierda italiana que Mitterrand había aceptado bajo la condición expresa de que abandonaran las armas. Sarkozy, uno de cuyos primeros actos internacionales fue recibir en París al terrorista Gadafi -el dueño de Libia, de una buena cantidad de petróleo y de unas enfermeras rumanas de las que se había apoderado para canjearlas por lo que más necesita: respetabilidad internacional- intensificó la cacería de esos "terroristas" italianos que hoy son sociólogos, escritores, conserjes... Battisti huyó a Brasil, fue capturado, Italia presentó de inmediato una petición de extradición y Brasil la acaba de denegar. Berlusconi, un tipo al que le irrita por sobre todas las cosas que no le den la razón, declaró que Roma estudiaba congelar las relaciones con Brasilia, tal como su ministro de relaciones exteriores había dicho en su momento que si Francia no les entregaba a Battisti, el pueblo italiano marcharía sobre París (así está la pobre Italia). Durante todo este proceso, se creó en Francia un Comité de Apoyo a Cesare Battisti, integrado por la crema de la intelectualidad francesa, desde Philippe Sollers hasta Fred Vargas. El programa incluía manifestaciones en los tribunales de justicia, frente al Eliseo, artículos en la prensa, etcétera. Ahora que Cesare Battisti debe estar disfrutando no sé si de las playas brasileñas, pero sin duda de la libertad recuperada después de años de clandestinidad e incertidumbre, cabe una reflexión final. Es muy probable que, de no ser por el apoyo incondicional y sostenido que le brindaron los escritores de Francia y de otras latitudes, Battisti no hubiese podido vivir en la clandestinidad durante más de dos años en Francia, huir al Brasil, perderse en la multitud de Río; hacen falta recursos morales, pero también financieros, para una fuga de tres años. De no haber sido escritor, lo más probable es que la policía francesa lo hubiese atrapado a la salida de cualquier estación de metro y que hubiese sido entregado a la justicia italiana (donde está condenado a cadena perpetua) en el más discreto de los anonimatos, tal como ha ocurrido con otros antiguos miembros de la extrema izquierda que han sido "devueltos" a Italia por los sucesivos gobiernos de la derecha francesa. En otras palabras, la literatura nos puede condenar (recuerden a Padilla, en La Habana), pero también, en determinadas circunstancias, nos puede salvar el pellejo.

Mauricio Electorat.

domingo, 27 de febrero de 2011

LA POESÍA SUBVERSIVA DE BASILIO SÁNCHEZ.

Por Irene Sánchez Carrón.




EL martes pasado, como ya anunciaba Álvaro Valverde en su blog, no fue un día cualquiera para los lectores de poesía. Por la tarde se presentaba en la biblioteca pública de Cáceres la poesía reunida de Basilio Sánchez, todo un acontecimiento editorial que pone a nuestro alcance, en un solo volumen de algo menos de quinientas páginas, la producción del poeta cacereño entre los años 1984 y 2009. Los lectores que hemos tratado de localizar, a veces con dificultad, las ediciones de sus libros a lo largo de estos 25 años celebramos como una gran noticia la recopilación de una obra de una calidad incuestionable.
Tan solo lamento que el autor, por razones de estricto carácter personal, haya decidido no rescatar su primer libro, 'A este lado del alba', que fue merecedor de un accésit del premio Adonáis en 1983. En su decisión han pesado motivos estéticos. Explicaba el poeta en la presentación que en esa primera obra todavía no había encontrado su voz personal y que por ello no se reconocía en aquellos textos. Ciertamente se trata de un poemario de juventud distinto al resto, pero lo considero de mucho interés puesto que ya contiene algunas de las claves de su producción posterior.
De las múltiples voces que habitan al ser humano y de los múltiples registros que un autor puede utilizar para dirigirse a sus lectores, Basilio Sánchez ha elegido uno de los más elegantes y a la vez más cercanos. Como explicaba Álvaro Valverde en la presentación del acto, estamos ante la voz de la confidencia, deudora de la mejor tradición española y europea, desde Manrique a Cernuda. Se trata de una voz que produce en el lector el efecto de estar compartiendo el hilo de los pensamientos del que escribe, sin imposturas, sin fuegos de artificio y sin estridencias.
Es la poesía de Basilio Sánchez un goce para la vista y para el pensamiento. El título de esta recopilación, 'Los bosques de la mirada', refleja con gran acierto la doble vertiente de la obra del poeta, la del entramado del pensamiento y la de la contemplación del mundo que nos rodea. Porque no busca su mirada mundos exóticos o alejados, ya que espacio y tiempo son variables que poco afectan a quien tiene la capacidad de observar atentamente y de reflexionar con inteligencia. Esta falta de referencia temporal y espacial ha facilitado la recepción de los textos y ha convocado a lectores de distintas generaciones y de gustos diversos en torno a unos versos construidos para ser habitados.
Quien decida adentrarse en 'Los bosques de la mirada' pronto aceptará el código metafórico que le plantea el autor. En la introducción del libro el profesor Miguel Ángel Lama explica la utilización de una red de elementos simbólicos de la cual podríamos situar la casa como representación de la propia escritura. Se trata de una visión del quehacer poético como un lugar donde ponerse a salvo del dolor que irremediablemente trae la vida. En este sentido, la obra de Basilio Sánchez rezuma humanismo, entendido como la presentación de un ser humano formado que intenta vivir en armonía con el espacio que habita, ya sea rural o urbano, y que no persigue la exhibición de sus experiencias en el poema, como sí sucede en otras corrientes estéticas de la misma época. De esta manera, tenemos la sensación de que el hombre, la naturaleza y los objetos conviven de forma equilibrada y comparten protagonismo en cada texto.
Por todo lo dicho, considero que, para los que habitamos el primer mundo en estos inicios del siglo XXI, pocas lecturas pueden resultar tan subversivas como la poesía de Basilio Sánchez. ¿O acaso no es subversivo alguien que nos invita a pararnos a contemplar el oro de las flores, las raíces del agua o la sorpresa de la luz sobre las cosas? La voz del poeta nos lleva por las estribaciones de una tarde cualquiera y consigue que nos estremezca el roce de los párpados o el balbuceo lento de la lluvia. Sin duda, en los tiempos que vivimos, alguien que propone la lentitud o la machadiana ligereza de equipaje frente a la vorágine y el exceso de todo consigue que nos cuestionemos la realidad en la que estamos inmersos.
Precisamente por el hecho de plantear esta otra manera de estar en el mundo, que implica un fuerte compromiso ético, la poesía de Basilio Sánchez se inscribe en la línea intelectual más posmoderna de desconfianza en el supuesto progreso de la modernidad y de nostalgia del tiempo en que el hombre vivía en comunión con la naturaleza. De ahí que en sus versos asome muchas veces el rostro de alguien solitario, con el que es fácil identificarse, que recorre asombrado los espacios naturales o que, de pronto, aparece extraviado en una calle de una ciudad cualquiera y asume la incertidumbre como método de conocimiento.
Si entendemos que algo es subversivo cuando cuestiona nuestro modo de vida o nuestras convicciones, la poesía de Basilio Sánchez puede calificarse como tal. Sumérjanse en cualquiera de los montones de exceso de nuestro primer mundo en crisis y escuchen el ruido ensordecedor que nos rodea; después prueben a observar detenidamente el agua, una rama, un pétalo, o acérquense a 'Los bosques de la mirada', que casi es lo mismo. Comprenderán el carácter rebelde de estos pequeños gestos.
tomado de hoy.es