DE ENTRE LOS HOMBRES, EL POETA ES EL QUE VIVE MÁS CERCA DE LOS ANIMALES Y DE LOS DIOSES. Teixeira de Pascoaes.
viernes, 3 de agosto de 2012
jueves, 2 de agosto de 2012
sábado, 28 de julio de 2012
UNA GRANDE DE MÉXICO: MARICRUZ PATIÑO.
A propósito de Justine
... dice Durrell que la pareja
es un animal bicéfalo
por eso yo
prefiero andar a solas con mi propio cuerpo
yo se que
el beso casto enloquece a las bestias
haciéndolas bramar
Y eso es hermoso
Lo mejor sería
un solo cuerpo sin cabeza
un corazón radiante y bueno
que pueda sublimar el recuerdo salado
de las futuras lágrimas, digo
cuando los cuerpos vuelvan a sus cabezas
y se digan adiós
Sí, inventar un espejo de cuatro dimensiones
en el que reposar despiertos
haciendo el amor en otro mundo.
Horneada sentimental
(fragmento)
Te tomamos Ciudad primero paso a paso
descubrimos tus calles, el miedo en tus arterias
la depresión y el odio o el llanto de un niño que duerme en la azotea
también y como aretes falsos brillan tus ropas, tus comercios
y yo te asalto Ciudad porque me siento sola y despedida
porque de ti quisiera tantas cosas que al fin y al cabo son historias
porque en el juego del mundo
yo me invento unos sueños
sueños con participaciones colectivas
fantasmas que la misma Ciudad nos proporciona
para vivir un mito sin creerlo
para danzar la penitencia al son de las máscaras
Carnaval y miseria dejan en el olor tus huérfanos:
Aleluya ciudad y en ella entramos sin burro y sin palmeras
desnudos solitarios anestesiados dispersos
sin saber muy bien qué juego nos domina
que ángel en ella nos detiene.
Maricruz Patiño (1950) Ciudad de México. Poeta. LIBROS DE POESÍA: La circunstancia pesa (1979), Voces (1984), La prosa de un viaje desesperado (1990), Larga vigilia (2002) y Del mundo y otros cielos (2004).
... dice Durrell que la pareja
es un animal bicéfalo
por eso yo
prefiero andar a solas con mi propio cuerpo
yo se que
el beso casto enloquece a las bestias
haciéndolas bramar
Y eso es hermoso
Lo mejor sería
un solo cuerpo sin cabeza
un corazón radiante y bueno
que pueda sublimar el recuerdo salado
de las futuras lágrimas, digo
cuando los cuerpos vuelvan a sus cabezas
y se digan adiós
Sí, inventar un espejo de cuatro dimensiones
en el que reposar despiertos
haciendo el amor en otro mundo.
Horneada sentimental
(fragmento)
Te tomamos Ciudad primero paso a paso
descubrimos tus calles, el miedo en tus arterias
la depresión y el odio o el llanto de un niño que duerme en la azotea
también y como aretes falsos brillan tus ropas, tus comercios
y yo te asalto Ciudad porque me siento sola y despedida
porque de ti quisiera tantas cosas que al fin y al cabo son historias
porque en el juego del mundo
yo me invento unos sueños
sueños con participaciones colectivas
fantasmas que la misma Ciudad nos proporciona
para vivir un mito sin creerlo
para danzar la penitencia al son de las máscaras
Carnaval y miseria dejan en el olor tus huérfanos:
Aleluya ciudad y en ella entramos sin burro y sin palmeras
desnudos solitarios anestesiados dispersos
sin saber muy bien qué juego nos domina
que ángel en ella nos detiene.
Maricruz Patiño (1950) Ciudad de México. Poeta. LIBROS DE POESÍA: La circunstancia pesa (1979), Voces (1984), La prosa de un viaje desesperado (1990), Larga vigilia (2002) y Del mundo y otros cielos (2004).
jueves, 26 de julio de 2012
miércoles, 18 de julio de 2012
ESPLÉNDIDA IRACUNDIA. UNA ANTOLOGÍA FASTIDIOSA.
Abelardo Oquendo le llama Antología Fastidiosa a esta hecha por López Degregori, Chueca, Güich y Susti. Lo cierto es que por fin salió a la calle a qué sino a trajinar. Lo que hacen todas las antologías que a parte de inconclusas y arbitrarias nos sirven para entonar el himno de la Naranja Mecánica al mismo tiempo que nos depositan en un tiempo benevolente, emocionándonos con una época o un clima o una manera de hacer poesía, digo. A los que por un azar llegamos a formar parte de esta u otra antología nos invade la iracundia de una generación, la propia, que a regañadientes se ve retratada, junto a otras, jóvenes aún aunque prontas al climaterio. Y es que cuarenta años de poesía cualquiera quisiera volver a tenerlos. Veinte años no son nada y diez menos. Antología fastidiosa le llama Oquendo porque intuye que a parte de la cola que ya trae, vendrá con ella el vendaval y la carraspera de los poetas que como decía Vallejo no nacen ni mueren (son los más). Lo importante es que el libro como tal esté allí, publicado y bien publicado, y que además sirva para ir poniendo las cosas en su lugar.
Vladimir Herrera.
martes, 17 de julio de 2012
1932, El GRAN LIBRO DE ODISEAS ESTENOP0ULUS.
Luna descalza.
Temor de los amantes
En la orilla.
Afuera los comunistas
Sueñan del mar
La guerra que viene.
Amanece.
Odiseas Estenopoulus. 1932.
martes, 10 de julio de 2012
LA FOTOGRAFÍA Y EL ACERTIJO.
Juntos no parecen iguales. En esta foto vemos a Rulfo casi indignado por estar ahí. El otro mexicano es Sergio Pitol. Distingo al chileno Enrique Linh y al ecuatoriano Adoum. Están Scorza, Monterroso, Ribeyro, Brice. Algunos españoles me resultan inubicables: ¿Muñoz Molina?. Las damas se ven apetitosas todas y prefiero no nombrarlas para no meter la pata. Mario Vargas Llosa estaba en el aeropuerto de Orly-París esperando al comunista Gustavo Valcarcel por lo que no llegó para la foto. No es raro. Así era Mario.V.H.
viernes, 6 de julio de 2012
JAIME GARCÍA TERRÉZ TRADUCE A SÉFERIS

SOLSTICIO DE VERANO
1
El mayor de los soles en un lado
y del otro luna nueva
lejos de la memoria como aquellos pechos.
Y en medio el abismo de la noche estrellada
el cataclismo de la vida.
Los caballos en las eras
galopan y transpiran
encima de los cuerpos esparcidos.
Allá van todos
y esta mujer
a quien miraste bella, un instante
encórvase ya no resiste más arrodillóse.
Las piedras de molino muelen todo
y todo en astros se convierte.
En vísperas del día más extenso.
2
Todos tienen visiones
por más que nadie lo confiese;
van y aseguran que andan solos.
La magna rosa,
estuvo siempre aquí
a tu costado sumergida en lo profundo del sueño
tuya y desconocida.
Pero apenas ahora que tus manos la tocaron
en sus remotos pétalos
has sentido caer la pesantez compacta del danzante
en el río del tiempo—
borbollón tremebundo.
No disipes el hálito que te acordó
este respirar.
3
Con todo en este sueño
degenera el ensueño fácilmente
en pesadilla.
Como el pez que brilló bajo la ola
y en el cieno del fondo se sumió
o bien camaleón que cambia de color.
En la ciudad vuelta prostíbulo
rufianes y cuerpos públicos
pregonan encantos podridos;
la muchacha traída por las olas
luce una piel de vaca
para que la monte el torillo;
al poeta
los chiquillos le lanzan deyecciones
mientras ve cómo sangran las estatuas.
Es preciso que salgas de este sueño;
de esta piel fustigada.
4
En la demente dispersión
a diestra y a siniestra por encima y abajo
revolotean las basuras.
Sutiles humos deletéreos
paralizan los miembros de los hombres.
Las almas
apresuradas a dejar el cuerpo
tienen sed y no hallan agua por ningún sitio;
fíjanse acá fíjanse allí a la ventura
pájaros atrapados en varetas;
inútilmente se debaten
tanto que no resisten más sus alas.
La región se reviene sin cesar
jarro de tierra cocida.
5
En narcóticas sábanas envuelto
el mundo nada tiene que ofrecer
salvo este final.
En la cálida noche la marchita
sacerdotisa de Hécate
con los pechos desnudos arriba en la terraza
implora un plenilunio de artificio, mientras
dos impúberes siervas que bostezan
revuelven filtros aromáticos
en calderos de cobre.
Hartáranse mañana los amadores de perfumes.
El fuego y los afeites de ella son iguales
a los usados por las trágicas
un yeso ya resquebrajado.
6
Por los laureles
por las blancas adelfas
por la espinosa peña
y el mar de vidrio a nuestros pies.
Recuerda la túnica que miraste
abrirse y deslizarse sobre la desnudez
y caer al redor de los tobillos
muerta—
si así cayera este sueño
entre los laureles de los muertos.
7
El álamo en el pequeño huerto
su respirar mide tus horas
noche y día;
clepsidra que los cielos llenan.
Bajo la fuerza de la luna sus hojas
arrastran en el blanco muro negras pisadas.
Hay en el borde unos cuantos pinos
y detrás mármoles y luminarias
y hombres así como son los hombres.
Pero el mirlo gorjea
cuando viene a beber
y algunas veces oyes el canto de la tórtola.
En el pequeño huerto de diez pasos de largo
puedes ver cómo cae
la luz del sol en dos claveles rojos
en un olivo y una exigua madreselva.
Admite quién eres.
El poema
no lo sumerjas en los hondos plátanos
nútrelo con la tierra y la roca que tienes.
Para mayores frutos—
los hallarás cavando en el mismo lugar.
8
El papel blanco rígido espejo
sólo devuelve lo que eres.
El papel blanco habla con tu voz,
tu propia voz
no la voz que te place;
tu música es la vida
ésta que has dilapidado.
Es posible ganarla de nuevo si lo quieres
si te cebas en esa indefinida cosa
que a regresar te impulsa
al punto de partida.
Viajaste, muchas cosas has visto muchos soles
tocaste muertos y vivos
el dolor percibiste del muchacho
y los quejidos de la mujer
el amargor del niño inmaturo—
y lo que percibiste se abate sin sostén
si en este vacío no pones tu confianza.
Tal vez encuentres allá lo que creíste perdido;
el brote de la juventud, la justa
sumersión de la vejez.
Tu vida es lo que diste
este vacío es lo que diste
papel blanco.
9
Hablabas de cosas que no veían los demás
y éstos reíanse.
Boga con todo en el umbroso río
contra la corriente;
cursa los caminos incógnitos
a ciegas, obstinado
y busca palabras enraizadas
como el olivo de múltiples nudos—
y déjalos que rían.
Aspira a que también el otro mundo
en la hodierna sofocante soledad habite
en este presente dilapidado—
déjalos.
El rocío del alba y el viento del mar
existen sin que nadie lo demande.
10
A la hora en que los sueños se vuelven verdad
al despuntar el día
vi los labios abrirse
pétalo a pétalo
En el cielo brillaba una delgada hoz.
Temí que los segara.
11
El mar que nombran la serenidad
barcos y velas blancas
brisa desde los pinos y el Monte de Egina
respiración jadeante;
resbalaba tu piel sobre la piel de ella fácil y cálida
cual incipiente pensamiento que se olvida al punto.
Pero en los médanos
un pulpo arponeado lanzó tinta
y en el fondo—
si pudieras pensar hasta donde terminan
las hermosas islas.
Mirábate con toda la luz y la tiniebla que poseo.
12
Agítase ahora la sangre
al bullir el calor
en las venas del cielo virulento.
Pretende trascolarse a través de la muerte
para encontrar la bienaventuranza.
La luz es pulsación
más y más lenta cada vez
piensas que va a detenerse.
13
Un poco más y se detiene el sol.
Los espíritus del alba
soplaron en las desecadas caracolas;
el pájaro cantó tres veces
tres veces sólo;
la lagartija en la piedra blanca
queda inmóvil
mirando la yerba requemada
allí donde se deslizó la culebra.
Un ala negra traza una profunda brecha
arriba en la cúpula del azul—
átala, que se abre.
Dolor de la resurrección.
14
Ahora,
con el plomo fundido de las adivinanzas*
el centelleo del mar estival,
la desnudez entera de la vida;
y el pasar y el parar y
el acostarse y el incorporarse
Como el pino en pleno mediodía
por la resina sojuzgado a engendrar la llama se apresura
y no soporta ya el dolor—
grítales a los niños que junten la ceniza
y la siembren.
Lo pasado pasó justificadamente.
Y aun lo que no pasó
debe quemarse
en este mediodía con el sol enclavado
en el corazón de la rosa de cien pétalos.
El mayor de los soles en un lado
y del otro luna nueva
lejos de la memoria como aquellos pechos.
Y en medio el abismo de la noche estrellada
el cataclismo de la vida.
Los caballos en las eras
galopan y transpiran
encima de los cuerpos esparcidos.
Allá van todos
y esta mujer
a quien miraste bella, un instante
encórvase ya no resiste más arrodillóse.
Las piedras de molino muelen todo
y todo en astros se convierte.
En vísperas del día más extenso.
2
Todos tienen visiones
por más que nadie lo confiese;
van y aseguran que andan solos.
La magna rosa,
estuvo siempre aquí
a tu costado sumergida en lo profundo del sueño
tuya y desconocida.
Pero apenas ahora que tus manos la tocaron
en sus remotos pétalos
has sentido caer la pesantez compacta del danzante
en el río del tiempo—
borbollón tremebundo.
No disipes el hálito que te acordó
este respirar.
3
Con todo en este sueño
degenera el ensueño fácilmente
en pesadilla.
Como el pez que brilló bajo la ola
y en el cieno del fondo se sumió
o bien camaleón que cambia de color.
En la ciudad vuelta prostíbulo
rufianes y cuerpos públicos
pregonan encantos podridos;
la muchacha traída por las olas
luce una piel de vaca
para que la monte el torillo;
al poeta
los chiquillos le lanzan deyecciones
mientras ve cómo sangran las estatuas.
Es preciso que salgas de este sueño;
de esta piel fustigada.
4
En la demente dispersión
a diestra y a siniestra por encima y abajo
revolotean las basuras.
Sutiles humos deletéreos
paralizan los miembros de los hombres.
Las almas
apresuradas a dejar el cuerpo
tienen sed y no hallan agua por ningún sitio;
fíjanse acá fíjanse allí a la ventura
pájaros atrapados en varetas;
inútilmente se debaten
tanto que no resisten más sus alas.
La región se reviene sin cesar
jarro de tierra cocida.
5
En narcóticas sábanas envuelto
el mundo nada tiene que ofrecer
salvo este final.
En la cálida noche la marchita
sacerdotisa de Hécate
con los pechos desnudos arriba en la terraza
implora un plenilunio de artificio, mientras
dos impúberes siervas que bostezan
revuelven filtros aromáticos
en calderos de cobre.
Hartáranse mañana los amadores de perfumes.
El fuego y los afeites de ella son iguales
a los usados por las trágicas
un yeso ya resquebrajado.
6
Por los laureles
por las blancas adelfas
por la espinosa peña
y el mar de vidrio a nuestros pies.
Recuerda la túnica que miraste
abrirse y deslizarse sobre la desnudez
y caer al redor de los tobillos
muerta—
si así cayera este sueño
entre los laureles de los muertos.
7
El álamo en el pequeño huerto
su respirar mide tus horas
noche y día;
clepsidra que los cielos llenan.
Bajo la fuerza de la luna sus hojas
arrastran en el blanco muro negras pisadas.
Hay en el borde unos cuantos pinos
y detrás mármoles y luminarias
y hombres así como son los hombres.
Pero el mirlo gorjea
cuando viene a beber
y algunas veces oyes el canto de la tórtola.
En el pequeño huerto de diez pasos de largo
puedes ver cómo cae
la luz del sol en dos claveles rojos
en un olivo y una exigua madreselva.
Admite quién eres.
El poema
no lo sumerjas en los hondos plátanos
nútrelo con la tierra y la roca que tienes.
Para mayores frutos—
los hallarás cavando en el mismo lugar.
8
El papel blanco rígido espejo
sólo devuelve lo que eres.
El papel blanco habla con tu voz,
tu propia voz
no la voz que te place;
tu música es la vida
ésta que has dilapidado.
Es posible ganarla de nuevo si lo quieres
si te cebas en esa indefinida cosa
que a regresar te impulsa
al punto de partida.
Viajaste, muchas cosas has visto muchos soles
tocaste muertos y vivos
el dolor percibiste del muchacho
y los quejidos de la mujer
el amargor del niño inmaturo—
y lo que percibiste se abate sin sostén
si en este vacío no pones tu confianza.
Tal vez encuentres allá lo que creíste perdido;
el brote de la juventud, la justa
sumersión de la vejez.
Tu vida es lo que diste
este vacío es lo que diste
papel blanco.
9
Hablabas de cosas que no veían los demás
y éstos reíanse.
Boga con todo en el umbroso río
contra la corriente;
cursa los caminos incógnitos
a ciegas, obstinado
y busca palabras enraizadas
como el olivo de múltiples nudos—
y déjalos que rían.
Aspira a que también el otro mundo
en la hodierna sofocante soledad habite
en este presente dilapidado—
déjalos.
El rocío del alba y el viento del mar
existen sin que nadie lo demande.
10
A la hora en que los sueños se vuelven verdad
al despuntar el día
vi los labios abrirse
pétalo a pétalo
En el cielo brillaba una delgada hoz.
Temí que los segara.
11
El mar que nombran la serenidad
barcos y velas blancas
brisa desde los pinos y el Monte de Egina
respiración jadeante;
resbalaba tu piel sobre la piel de ella fácil y cálida
cual incipiente pensamiento que se olvida al punto.
Pero en los médanos
un pulpo arponeado lanzó tinta
y en el fondo—
si pudieras pensar hasta donde terminan
las hermosas islas.
Mirábate con toda la luz y la tiniebla que poseo.
12
Agítase ahora la sangre
al bullir el calor
en las venas del cielo virulento.
Pretende trascolarse a través de la muerte
para encontrar la bienaventuranza.
La luz es pulsación
más y más lenta cada vez
piensas que va a detenerse.
13
Un poco más y se detiene el sol.
Los espíritus del alba
soplaron en las desecadas caracolas;
el pájaro cantó tres veces
tres veces sólo;
la lagartija en la piedra blanca
queda inmóvil
mirando la yerba requemada
allí donde se deslizó la culebra.
Un ala negra traza una profunda brecha
arriba en la cúpula del azul—
átala, que se abre.
Dolor de la resurrección.
14
Ahora,
con el plomo fundido de las adivinanzas*
el centelleo del mar estival,
la desnudez entera de la vida;
y el pasar y el parar y
el acostarse y el incorporarse
Como el pino en pleno mediodía
por la resina sojuzgado a engendrar la llama se apresura
y no soporta ya el dolor—
grítales a los niños que junten la ceniza
y la siembren.
Lo pasado pasó justificadamente.
Y aun lo que no pasó
debe quemarse
en este mediodía con el sol enclavado
en el corazón de la rosa de cien pétalos.
miércoles, 4 de julio de 2012
ODISEAS ESTENOPOULOS EN 1932.
Puerta de espacio
Luna llena
Juventud desconsolada
Odiseas Estenopoulos. 1932.
lunes, 2 de julio de 2012
miércoles, 27 de junio de 2012
JUNIO DEL 2012. ENRIQUE VILA-MATAS y VLADIMIR HERRERA EN EL HOTEL RITZ DE BARCELONA.
El año del fin del mundo Vila-Matas y yo entrevistamos no recuerdo para qué revista a Alain Robbe-Grillet, el padrecito del nouveau roman de aquel entonces quien me diera la inmediata impresión de ser un André Bretón redivivo y con escotilla. Lo cierto es que ni Vila- Matas ni yo tomábamos en serio a tan insigne novelista. De eso nos dimos cuenta al terminarse la entrevista de manera abrupta justo cuando yo le preguntaba a Robbe- Grillet por las mujeres de este mundo.
V.H.
V.H.
martes, 19 de junio de 2012
PETROS MÁRKARIS O LA NOVELA POLICIACA SOBRE TODO.
Con un leve pero extraño parecido con Fellini Petros Márkaris nos llega en esta edición de Tusquets en una historia tan actual como la vida misma: Cita a Brecht: ¿Qué es el atraco a un banco comparado con la creación de un banco? Pronto entendemos por qué en tres meses la novela ha llegado ya a la quinta edición: no solo porque la intriga es magistral, no solo porque como lectores sonreímos a menudo sumergidos en el irónico y a veces terrible día a día de los personajes, en sus preocupaciones y a veces alegrías muy concretas. También porque la acción transcurre en un contexto cuya intensidad cualquier lector puede captar, pero que es especialmente familiar para el lector español: en medio de las protestas se suceden los recortes en sueldos, pensiones y prestaciones; los parados y los arruinados llenan la novela y a veces toman medidas drásticas; el país entero, en especial Atenas, vive en la excepcionalidad, la desesperanza y la indignación. El comisario Jaritos, bastante despistado políticamente, consigue con sus intercambios con el viejo amigo comunista, con el periodista disconforme, y con otros lúcidos testigos -y, genialmente, con las definiciones de su viejo diccionario que le acompaña en el insomnio- que el lector sienta una sacudida crítica ante todo este caos. Y, al mismo tiempo, absorberlo en la vida que sigue y que los personajes a veces hasta disfrutan; en las conversaciones, las comidas y las fiestas, en la final del Mundial de fútbol también,
( y entre paréntesis la lucha por la vida).
( y entre paréntesis la lucha por la vida).
Los crímenes son en este contexto las puntas de iceberg de la profunda descomposición del mundo, y el placer de descubrir al asesino -es una novela policíaca, no lo olvidemos- es también para el lector una catarsis en pleno cinismo y en pleno desastre.
La traducción de Ersi Marina Samará Spiliotopulu hace que el texto fluya y se lea como si se hubiera escrito en castellano, a pesar de la presencia del contexto griego, visible y fascinante para el lector.
H. U. y V. H.
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